La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

«… No lo consiguieron».

Un minuto de silencio…

…por los términos que creé y que no llegaron a la versión final ni de Cazador de almas —principalmente, porque la tradujo Juan Pascual Martínez; yo hice una suerte de «fantradu»— ni de Cosechador de sangre.

En efecto, esta entrada bien podría titularse «De la mano del editor o corrector en las decisiones del traductor (II)», pero creo que ya basta por una temporada de artículos a medias. No obstante, no voy a marear más la perdiz, que la pobre ya tiene lo suyo sorteando los balazos de cazadores desaprensivos que no se conforman con las latas de legumbres del súper. Hoy voy a señalar dos problemas de traducción que me exigieron algunas dosis de creatividad, pero que a la hora de la verdad, no llegaron a figurar en papel.

Una de las principales características de la ciencia ficción es que todos sus universos (léase franquicias), adoptan su propia terminología; se regodean en ella, retozan en ella, se enorgullecen de ella. Y claro, los aficionados comparten dicho entusiasmo: al fin y al cabo, se trata de mecanismos que hacen de sus objetos de deseo algo especial, genuino. Sin embargo, hay ocasiones en que traducir dichos términos provoca más de un dolor de cabeza.

El primero es todo un clásico de Warhammer 40k: el término vox.

Ya comenté en una entrada anterior que en este universo no se habla inglés, sino lo que viene a ser el hijo pedante del latín y de la lengua de Shakespeare (un dato curioso y muy friki es que en una novela de la Herejía de Horus se cita a este autor, pero debido al devenir del tiempo, su nombre ha derivado en Shakespear, mezcla de «agitar» y «lanza») y que el lector lo que lee es, a todos los efectos, una traducción. Por tanto, nos encontramos voces como «exterminatus», «enginarium» (traducido como «maquinarium», por «sala de máquinas»), «Imperium», «Administratum» u otros más rimbombantes como el gremio del «Adeptus Astra Telepathica». En fin, el término «vox» engloba a todo «mensaje de voz» que llegue por radio. Un ejemplito que se me acaba de ocurrir:

“This is one warp-pissed example”, said Captain Exaemplicus over the vox.

 Claro, uno podría decir «ah, pero eso se deja así tal cual y ya está». Pues no, porque a veces te encuentras engéndridos como el que viene ahora:

“I´ll grant you a quick death”, growled the Captain with his low vox-voice.

¿«Voxvoz»? ¿«Voxtono»? No me negaréis que se las trae para que sea mínimamente musical por lo redundante que es la palabra en sí misma. Por no mencionar que la «x» es un poco pérfida en lo que al fluir armonioso de las palabras se refiere.

Así pues, la primera vez que me topé con este término me acordé de la 3ª. edición del codex de la Guardia Imperial: cuentan con una tropa que bautizaron con el nombre de «vocoperador», del término vox-operator; un operario de comunicaciones cuyo propósito es transmitir por radio información táctica en el campo de batalla. Por lo tanto, pensé «Pues ya está; formo las palabras compuestas con “voco-”, y asunto arreglado». Y así, lexías como «vox-roar», «vox-voice», «vox-link» o «vox-distortion» se transformaron en «vocorugido», «vocovoz», «vocoenlace» y «vocodistorsión», respectivamente. De esta forma, conseguí emular (gracias al traductor que ideó lo de «vocoperador» en primer lugar, eso sí) la versatilidad inglesa en la formación de palabras y, además, ayudaría a asentar un mecanismo de formación de palabras característico de la franquicia.

«Sí. Sí. ¿Está Abaddon “el Saqueador”? Que se ponga».

Cuánto pesar sentí al verme obligado a cambiarlo debido a varias razones. La primera era que claro, la primera novela no me la dieron y cuando traduje la segunda, habría quedado raro sacarme esa terminología de la manga. La coherencia y la cohesión ante todo, mis drugos. La segunda, fue que en ninguna novela publicada hasta la fecha se ha promovido dicho mecanismo, sino que se traduce por «comunicador», «enlace de voz», etc., por lo que la intertextualidad y, otra vez, la cohesión, resultaron ser barreras infranqueables. Aún hoy me despierto por las noches en medio de sudores fríos y clamando «¡vocoenlace!» a las sombras que abrazan mi habitación.

El segundo problema que comentaré hoy no está falto de chicha. Viene dado por la siguiente muestra (vése V.O. de Blood Reaver:294):

Musing in the calm before the storm, the daemon immersed itself within its own mind, seeking any memory-scent that might lead it to Vandred.

TM:

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro mnemodorífico que pudiera llevarle hasta Vandred.

 El TM que se publicó (Cosechador de sangre):

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro de la mente que pudiera llevarle hasta Vandred.

Claro, uno entiende que «mnemodorífico» sea un poco críptico para el lector común y que, a veces, los traductores nos pasamos de frikis de la etimología, pero hay una razón para esta decisión. En el contexto de la novela, uno de los personajes lleva siglos poseído por un demonio, entidad con la que comparte cuerpo y mente. Sin embargo, dicha presencia es ahora la parte dominante y se limita a extraer conocimientos tácticos del «alma huésped» cada vez que es necesario. Este pasaje alude a esa usurpación cognitiva.

Encontramos un referente muy conocido en el ámbito de la literatura fantástica en la saga de la escritora británica J.K. Rowling, Harry Potter, ya que en el primer volumen de la saga, Harry Potter y la Piedra Filosofal (ed. Salamandra, 1999) se tradujo el término original Death Eater como «mortífago».

Al ser el español una lengua romance, al lector de esa cultura no le cuesta demasiado trabajo descifrar las palabras de origen griego o latino, cualidad que hace este tipo de decisiones idóneas, sobre todo si tenemos en cuenta el trasfondo lingüístico pseudoclásico del universo de Warhammer 40.000 que ya comenté antes. Sin olvidar con ello que la formación de palabras compuestas de origen griego y latino constituye una gran parte de la base de la creación de palabras del español, debido, sobre todo, a lo fácil que resulta la fusión cognitiva de elementos léxicos. En otras palabras, si el objetivo de nuestro subskopos consiste en respetar la formación de palabras compuestas mediante dos términos tan cognitivamente alejados (a priori) como «memoria» y «olor», las herramientas disponibles en español para la formación de palabras resultan insuficientes debido a lo forzado que sigue siendo «memoloroso», ejemplo que, además, podría dar lugar a ambigüedades relativamente graciosas al poderse interpretar como una crítica a las facultades intelectuales y olorosas del aludido en cuestión (encima de perro, apaleado). No obstante, el texto hace referencia a ese fenómeno que todos hemos experimentado en el que un olor nos conduce hasta un recuerdo. En este caso, el demonio intenta seguir el olor «mental» del anterior dueño de esa psique, por lo que para desambiguar el término y dar pistas de que se trata de un fenómeno mental, me pareció adecuado usar raíces griegas y latinas, pues le dan cierto carácter «científico» al poder asociarse con facilidad con el término «mnemotécnico». Además, siempre me ha parecido más natural formar palabras compuestas que separarlas con un guión o por sintagmas, aunque depende del contexto y de lo extendido que dicha práctica esté en la franquicia que traducimos (en Warhammer tienen hasta pósters de palabras compuestas inventadas, diría yo).

Sin embargo, como dije antes, entiendo el cambio a la perfección: a veces es mejor no andarse con artificios y tratar de comunicar de la forma más sencilla posible un concepto, y más si es uno tan complicado como este.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún hijo que os han arrebatado en el postoperatorio?

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