La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

El traductor, ese animal falible

El hombre inteligente aprende de sus propios errores, el sabio aprende de los errores de los demás.

-Arturo Adasme Vásquez

Dicen que el ser humano se equivoca. Ya hemos visto alguna que otra entrada sobre correctores que no hacen del todo bien su trabajo, o de otros profesionales por los que pasa nuestra traducción y poco menos que violan con impúdico desdén ese fruto que tanto nos ha costado cultivar (menuda imagen, ahora me imagino a un tipo con ojos que no caben en sí de libido hacerle un agujero a un melón). Uno no puede evitar pensar, entre tanto blog: «Tanta perfección y eficiencia me hace sentir “chiquitinúsculo”». No obstante, nosotros también erramos.

En fin, procederé a poner en práctica la cita de más arriba; como me considero mínimamente inteligente y quiero que vosotros seáis incluso más sabios (porque lo sois; cada día aprendo mucho con vosotros, de verdad), esta entrada va a tratar sobre errores y soluciones mejorables que he adoptado en el pasado, de las que he aprendido y en las que no volveré a caer en el futuro. O eso espero, porque ya se sabe que basta que haya una piedra en el camino y que nosotros llevemos sandalias, chancletas o, en Canarias, «cholas» (por mal que suene), para que procedamos a pegarle un puntapié. Con los consabidos e hilarantes resultados una vez nos damos cuenta de que había «más piedra» enterrada.

Bueno, a lo que íbamos. El contexto del primer ejemplo es que una tipa mu mu mala se da a la fuga y tiene agarrada por el pelo una cabeza cercenada que no para de gotear.

TO (véase V.O. de Soul Hunter: 340):

Her fingers curled in the hair of her slain prey, the head of […] clutched hard in her grip.
Drip. Drip. Drip.

El TM que le envié a la editorial a modo de propuesta de traducción:

Sus dedos aferraban el cabello de su víctima; tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Goteaba. Goteaba. Goteaba.

El TO que vio la imprenta, versión de Juan Pascual Martínez Fernández (Cazador de Almas: 316):

Sus dedos todavía aferraban el cabello de su víctima. Tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Plic. Plic. Plic.

 Bueno, es obvio que Juan Pascual ha conseguido un efecto mucho más parecido al original que el mío. Qué se le va a hacer, la única onomatopeya que se me ocurría era plotch, pero es que es muy inglés y preferí darle un giro. La risa (que no tiene ni pajolera gracia), es que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Creo que ahora lo habría traducido por puic, por afrancesado que quede. Aunque de haberme puesto cabezota con mi solución, a lo mejor habría puesto «Gota. Tras gota. Tras gota», ¡yo qué sé! Ains, dejadme en paz. Estoy divagando.

He aquí a la responsable de muchas carreras perdidas en el Super Mario Kart.

Otro error (este sí, fatídico) es que, parece ser que algún suceso cósmico de gran envergadura provocó una cantidad de radiación ultrarrepollina tal, que omití dos renglones. Imperdonable. En mi defensa diré que es la novela que me hizo ponerme gafas por primera vez tras revisarla cuatro veces en la pantalla del ordenador, lo que resultó ser todo un acontecimiento en el hogar de este humilde servidor vuestro, dado que era el único de mi familia que no las llevaba… Al final tuvo razón Jennifer Vela en el curso de localización que impartió en mi facultad, allá por 2008 (qué tiempos acrisísticos, aquellos):

El destino de todo traductor es llevar gafas.

Una frase ominosa que, dos años después, se hizo realidad para mí.

Como decía, parece evidente que la muy ladina (la traducción) se salió con la suya en su afán de hacer de mí un traidor.

—Que no, que es imperdonable, Sergio. Y punto.
—¡Pero es verdad! Tenía los ojos cuajadísimos.

En fin. He aquí el fragmento de marras:

TO (véase Soul Hunter: 168):

`(…). You leech strenght from other sources, because your own legion´s might is almost gone.`
Silence answered this proclamation. Talos broke it again.
`This meeting is a facet of that. You wonder how my power will benefit your failing armies.`
Abaddon might have laughed.

Tanto el primer como el último renglón sí los incluí; los he reproducido para contextualizar un poco. Podemos apreciarlo mejor en el TM que le envié a la editorial:

—(…). Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
Abaddon podría haberse reído.

El TM que vio la luz (Cazador de almas:159):

»Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
La respuesta a aquella declaración fue el silencio, un silencio que Talos interrumpió de nuevo.
—Esta reunión no es más que una muestra de todo eso. Te preguntas el modo en el que mi poder podrá ayudar a tus debilitados ejércitos.
Abaddon podría haberse reído.

Como podemos ver, tampoco es que sea información vital; no se dan datos reveladores porque el personaje se limita a parafrasear lo que acaba de decir más arriba. Sin embargo, la ética profesional es la ética profesional. Aunque haya experimentado este varapalo, lo cierto es que he aprendido:

  1. A admitir que debía ponerme gafas.
  2. A cotejar con frecuencia el TM y el TO.
  3. A revisar los documentos en PDF con Times New Roman por fuente (sencillamente, es distinto).
  4. A asegurarme de que no he omitido nada por accidente.

Es mucho lo que uno puede aprender de los errores. Y nadie nace aprendido, el método del ensayo-error alcanza todos los campos del saber. De hecho, os formularé la siguiente pregunta: ¿acaso alguna vez no habéis visto una traducción vuestra de hace tiempo y habéis pensado «anda que no he aprendido desde entonces ni nada»? Y os respondo a otra que seguramente os habréis preguntado al abrir el blog y ver de qué trataba el asunto: «¿es que no le preocupan las repercusiones de esta entrada?». Bueno, sería ilógico asegurar que ningún traductor se equivoca; del mismo modo que también lo sería declarar que no aprendemos de nuestros errores.

Como profesionales que somos, siempre nos esforzamos por ponernos al día en el uso de nuestra lengua y herramientas de trabajo porque queremos hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, creo que los traductores somos un gremio humilde que no tiene nada que temer al decir «pues mire, sí; me he equivocado, pero no va a volver a ocurrir». Que por cada veintena de propuestas acertadas haya algún error me parece lo más natural del mundo, por muy libro de autoayuda que suene. Y ahora que lo pienso, acabo de dejar patente que es difícil para mí volver a caer en esos errores.

Somos humanos. Somos falibles. Es más, estoy casi seguro de que, de haberse publicado mi versión, el editor o el corrector se habría puesto en contacto conmigo para hacérmelo saber. Es más, me pasó en Cosechador de sangre: en un pasaje hablan de un niño que va a clase (intrigante cuando uno ve el título de la novela, ¿verdad?) y claro, uno sabe que el término que se usa en este universo para «colegio» es scholam. El caso es que en el texto se usa la palabra tuition, que yo traduje por «tuición», sin percatarme de que tuition es una voz real del sistema angloparlante:

tuition
tu·i·tion

   [too-ish-uhn, tyoo-]

noun
1. the charge or fee for instruction, as at a private school or a college or university: The college will raise its tuition again next year.
2. teaching or instruction, as of pupils: a school offering private tuition in languages.
3. Archaic . guardianship or custody.

 (http://dictionary.reference.com/browse/tuition?s=t)

 Como en esta franquicia son tan dados a crear palabras a raíz de bases latinas, pensé que este sería otro caso y no le di mayor importancia, porque me esperaba que la palabra para «clase» fuera de esta naturaleza, no una palabra normalita. Además, por el contexto se sabía que se referían a ir a clase, o sea que si se hubiera quedado, no habría repercutido en el flujo narrativo. Afortunadamente, en la editorial sonaron las sirenas de alarma al verlo y lo cambiaron; claro ejemplo de una simbiosis perfecta y eficiente entre profesionales.

Y no es que esquive mi deber como traductor de revisar al milímetro los textos (el último encargo, en prensa, lo revisé tres veces, por ejemplo), es que si la metodología que se sigue es que exista la figura del revisor, pues por algo será. De hecho, ¿cómo nos explicamos los fallos de traducción que se ven por ahí, si esos textos han pasado por las manos del traductor, del revisor, del editor y quién sabe qué persona más? Lo dicho. Falibles. Imperfectos. Humanos.

P.D.: ahora añadiría un enlace al vídeo de White Zombie More Human Than Human, pero me abstendré por ciertas leyes sobre propiedades intelectuales.

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5 pensamientos en “El traductor, ese animal falible

  1. Como ya te he comentado antes, me ha encantado la parte de: “creo que los traductores somos un gremio humilde que no tiene nada que temer al decir «pues mire, sí; me he equivocado, pero no va a volver a ocurrir». Que por cada veintena de propuestas acertadas haya algún error me parece lo más natural del mundo, por muy libro de autoayuda que suene.”, porque tienes toda la razón.

    Me da mucho coraje cuando alguna que otra persona me dice: “¡Pero cómo no sabes eso, si eres traductora! Anda que…” Pues mira, sí, soy traductora, pero no soy Dios ni tengo poderes para estar siempre al 100% o para saberme todas las palabras del diccionario (y las que no están).

    Enhorabuena de nuevo por el blog, y espero seguir leyéndote.

    ¡Un abrazo!

    Laeticia

    • Muchas gracias por tu comentario, Laeticia; siempre son bien recibidos :).

      Tu reacción es totalmente comprensible, pero creo que esa costumbre que tiene nuestra sociedad de despotricar de los profesionales ajenos se trata de algo sistemático (podría decirse que hasta «sistémico»). Entre el desconocimiento, los prejuicios y la falta de empatía, es algo natural. Por lo tanto, siempre que podamos corregir nuestros errores, aprender de ellos y, sobre todo, tener la voluntad de trabajar duro para evitarlos, creo que nuestros clientes (los de calidad), nos comprenderán. Es cierto que tal y como está la cosa, no es cuestión de echarnos piedras sobre nuestro propio tejado, pero qué quieres que te diga, somos un gremio como cualquier otro y, por lo tanto, lo natural es que de vez en cuando nos equivoquemos. Quizá esta entrada ayude a que las personas ajenas a este mundillo piensen «anda, pues entiendo sus motivos para equivocarse, la próxima vez me lo pensaré dos veces antes de poner a parir cosas que desconozco».

      Un saludo y, de nuevo, te agradezco el comentario.

      Sergio

  2. Me encanta, como mínimo me he reído un buen rato y como máximo he aprendido mucho y además me reafirmo en lo que ya se dijo: errar es humano, y los traductores por muy semidioses que queramos ser, somos humanos. El problema está tal vez en que somos tan puntillosos y ortonazis que siempre parece que nuestros errores no pueden existir (o si existen son la mayor hecatombe). Aún así, los fallos se cometen como en cualquier profesión. Si hay médicos que se dejan las tijeras de operar dentro de pacientes, no pasa nada por saltarnos dos reglones y ponernos gafas.
    Por cierto, me ha gustado la frase de tu profesora, un asco, a todo esto, porque yo llevo gafas desde los 4 años y tenía fe en quitármelas algún día (con seto de que el astigmatismo se corrige).
    En fin, que un placer muy grande leerte, me gusta tu estilo.

    • Jeje, gracias, Inés :).

      Claro, a lo mejor es algo que se retroalimenta: «mira tú, todo el día de plasta con las tildes y los anglicismos, y se ha saltado dos renglones» (léase con voz de Cansino Histórico). Entiendo que pequemos de pedantes y de resabidillos a veces, porque en muchos casos, es justo lo que somos xD. Pero, ¿y el gustirrinín que da? Ahora, las críticas, si son constructivas, mejor que mejor, porque la virulencia de las acusaciones será directamente proporcional a la arrogancia que los demás interpreten (acertadamente o no) de nuestros comentarios. La diplomacia, esa gran virtud.

      Jennifer Vela, a todo esto, es toda una eminencia en la localización; fue un placer ir a sus clases, te lo aseguro.

      En lo que respecta a lo del estilo, como ya te he hecho saber, es recíproco :D.

      • 🙂 y me alegro.
        Pues 1) ahora mismo voy a buscar información sobre esta señorita a ver si sigue dando cursos y 2) las críticas constructivas no es solo que sean bien recibidas sino que son necesarias si se quiere mejorar en algo. Yo siempre lo digo, si nadie me lo critica, ¿cómo voy a hacerlo mejor?

        ¡Un abrazo!

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