La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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One Big Lovely Blog Awads: respuestas y nominaciones

Vaya, vaya ¡qué sorpresa! Elena Fernández Luna (@ElenaTrágora) me ha nominado a los premios One Big Lovely Blog. Muchas gracias, no soy digno. ¿Que en qué consisten estos premios? Citemos a Elena:

Para quien no los conozca, estas nominaciones funcionan así: si te nominan en algún blog (digo yo que te avisarán) tienes que contestar a las preguntas que plantea la persona que te nominó (mis respuestas más abajo). Luego tienes que nominar tú a 11 personas y plantear 11 preguntas más que esas personas pueden contestar en su blog (mis nominaciones y preguntas más abajo). ¡Muy divertido!

Dicho lo cual, ¡empecemos!

1. ¿Por qué ese nombre al blog?

Sencillamente, porque supone un juego de palabras en el que intervienen dos elementos que me encantan: la narrativa fantástica y la traducción. Además, la Piedra Filosofal a la que hace referencia tenía la facultad de transformar los metales en oro ¿y qué es la traducción sino transformar un texto en otro? Siempre se toma un texto ajeno como base. Es posible que en vez de oro te salga papel platino, pero oye, que de transmutar va la cosa. Además, tanto la alquimia como la traducción son cuestiones de equilibrio: se manejan varios factores que han de combinarse en su justa proporción (siempre y cuando queramos obtener buenos resultados, si queremos volar el laboratorio y las plantas anexas del castillo, entonces hagamos traduchurros). Tengo planeada una entrada acerca de esto, por cierto. Otras opciones fueron El grimorio del translatomante (nivel de frikismo: Sheldon Cooper), El taller del lexicoturgo (que no «del léxico turco», ahí habría que preguntarle al gran Rafael Carpintero), Choque de trujamanes, Tormenta de textos, Tropecientas mil hojas de traducciones subfrikinas (dicharachero donde los haya), Yo, traductor (creo que este estaba cogido ya) y muchos más. La Piedra Translatofal es conciso, evoca con precisión aquello a lo que quiero referirme y encima me deja la ropa muy suave y esponjosa.

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

Dibujar. Si bien no queda tan bien como responder «traducir, pues respiro traducción por todos los poros», sí que tiene que ver con una cualidad que me resulta básica en este oficio: la creatividad. Ya sea para formar nuevos términos (algo que me encanta, por si no os habéis dado cuenta) o para darle la vuelta a esa frase que te ha quedado redonda, pero que tienes que acortar cual charcutero lingüístico debido a determinados factores como la restricción de caracteres en un archivo de Excel o en un subtítulo. Como dato curioso, podéis ver el último proyecto en el que me explayé como artista aquí. Ya tiene un par de años, pero bueno. Lo cierto es que ya no dispongo de demasiado tiempo para seguir practicando. La última ilustración que hice fue mi tarjeta de presentación, que además debería actualizar a fin de introducir algo sobre videojuegos y localización (quizá un mando o una consola… ¡o a lo mejor el zombi podría estar jugando a la play!). Sobre el proyecto que comentaba antes, se trata de un juego indie para el que diseñé los dos bandos que se enfrentan en él: humanos y mutantes. En un principio iba a ser una modificación del modo historia del Quake II, pero era demasiado trabajo. Eso sí, todos los nuevos enemigos y personajes que había diseñado están ahí, pululando alegres por la red.

3.  Di tres cosas de tu día a día en el trabajo que te encantan.

En restrospectiva, me encantaba levantarme a las 6.30 de la mañana y empezar a traducir. Era un momento bastante íntimo entre el texto y yo: todo a mi alrededor estaba en silencio y lo único que escuchaba era la voz del autor y de los personajes. Era como editar una película y decidir el ángulo de la cámara, de forma que describiera con la mayor precisión posible la visión del autor original. Y sonará masoquista, pero también me apasiona el trabajo duro, y traducir novelas de narrativa fantástica y ciencia ficción lo es; creo, sinceramente, que me vale para demostrarme a mí mismo que soy capaz de organizarme. Y, por supuesto, cuando sabes en tu interior que has dado en el clavo con una frase o un término, ya sea real o inventado.

4.  Ahora di una que no soportas.

Que no me da mucho tiempo para entrenar, leer, dibujar o jugar a videojuegos.

5. ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

De hecho, me cuesta, en presente de indicativo. Algo positivo que me llevo de ser traductor autónomo es que me ha servido para tener más ambición e iniciativa, cualidades que siempre había querido cultivar.

Bueno, sobre el porqué, supongo que es un cúmulo de factores: en la carrera nunca nos enseñaron a conseguir clientes ni fidelizarlos; acabas la licenciatura y la sensación que te asalta es que ¡sorpresa! eres el mensajero persa de 300 y el rey Leónidas está a punto de pegarte un patadón para tirarte al pozo. ¡Si yo quiero ser espartano! En realidad, supongo que ya soy un poco espartano, pues hay que lancear, empalar, desjarretar, cercenar y mutilar largo y tendido para abrirse camino en esto. Hay días en que el ejército persa parece que no acaba nunca; hay otros en que tienes la sensación de haber cosechado una victoria decisiva. Lo peor son los cambios de humor: no puedes evitar pensar que pasas por alto algo básico de lo que te darás cuenta dentro de unos cuantos meses, cuando ahora podrías sacar provecho de la situación. Luego te llegan noticias de otros frentes en los que la guerra va de maravilla y te dices a ti mismo «¡si ellos pueden, yo también!». Dejando de lado la referencia (imagino que cansina a estas alturas) a 300, el principal factor es que he perdido mucho tiempo en enviarles el currículo y la carta de presentación (a veces incluso la ilustración de mi tarjeta de visita, si veía que pegaba con el cliente) a editoriales, ¡no contestan ni a la de tres! Pero claro, ¿qué iba a saber yo? A fin de cuentas, tengo dos novelas publicadas, lo cual ya es algo de experiencia. Por eso he querido hacer los cursos de localización de videojuegos con Trágora, porque creo que en la localización hay más salidas (además, los videjuegos siempre me han gustado y he descubierto que localizar me entusiasma). Por no mencionar que ahora muchos juegos miman mucho la narrativa, así que siempre puedo satisfacer mis anhelos de traducción literaria. Casi todas las (pocas) empresas de localización a las que se lo he enviado me han contestado, aunque sea para decirme que me tienen en su base de datos. Echo mucho en falta una actitud así en las editoriales. Obviamente, lo ideal sería compaginar ambas actividades. Eso me haría inmensamente feliz.

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

Que no pierda el tiempo y diversifique. Que se tome buscar clientes como un trabajo de ocho horas. Que tenga sentido común. Que siga formándose siempre que le sea posible. Que cuando se haga autónomo se dé de alta en el ROI. Que empiece a mandar currículos incluso antes de acabar y que, si no responden, vuelva a enviarlos pasados cinco o seis meses. Que se vaya haciendo visible en internet, aunque sea a través de LinkedIn. Que valore todos los días el amor que le profesan los que están a su alrededor, porque en más de una ocasión será lo que termine por sacarle de las bajonas. Que tenga iniciativa y no se conforme con poco. Que demuestre siempre lo que vale, en donde, como y cuando sea. Incluso que se busque otro trabajo que le permita sobrevivir mientras sigue encontrando clientes potenciales de traducción. En Canarias tenemos un 70% de paro juvenil, así que sé que es más fácil decirlo que hacerlo.

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

A los pocos profesionales de la traducción literaria que tengo el gusto de conocer no puedo darles ningún consejo, en todo caso, son ellos los que deberían dármelos a mí. Todos demuestran ser profesionales ejemplares; muy cercanos, dispuestos a ayudar y, sobre todo, humildes. Esta última me parece una de las cualidades más grandes de un traductor y considero que debería hacerse más hincapié en ella en la carrera: del mismo modo que a los estudiantes de medicina les dicen desde el primer día que van a ser la élite (o «elite», como gustes) de la sociedad, a los traductores deberían inculcarnos que, visto lo visto a lo largo de la historia, la traducción va por modas, así que no hay verdades absolutas; «todo cambia, nada permanece» y tal y cual. Por supuesto, estos cambios se dan a lo largo de mucho tiempo, pero en términos prácticos nos puede hacer ver que hay cabida para muchos puntos de vista. Por lo tanto, aprendamos a ser humildes en las inevitables puestas en común y no nos creamos mejor que nadie. Y como me gusta predicar con el ejemplo, no considero estar en posición de dar consejos profesionales. En lo personal no entro, porque cada cual es un mundo y en la variedad está el gusto.

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

Saben que es duro, tanto al ejercerlo como al buscarlo. Desde aquí aprovecho para darles las gracias por apoyarme.

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces? :O

Buscar trabajo, a todas horas. Diría «leer», pero, por mucho que me duela admitirlo, sería faltar a la verdad: tengo La chica mecánica aparcado desde hace meses principalmente por falta de tiempo, pero quiero acabarlo porque la traducción es de Manuel de los Reyes y estoy tomando notas; otra manera de aprender. También diría «dibujar», pero sería otro tanto de lo mismo. Lo que sí que intento hacer por todos los medios es entrenar: es necesario para no acabar con espina bífida al estar tantas horas sentado. Eso sí, me gustaría entrenar CrossFit con mis hermanos más a menudo. Por último, los fines de semana paso tiempo con mi novia, quien tiene la paciencia de una santa y me ayuda a desconectar.

10. ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

Buena pregunta. Me gusta pensar que miraré atrás y recordaré estos tiempos con la sonrisa que reporta un mínimo sentimiento de seguridad. Y también que habré disfrutado de la vida de una vez, pues me he privado de muchísimas cosas por pagarme la carrera, el máster y demás obligaciones, entre las que se cuenta perseguir mi sueño de ganarme la vida con la traducción. Espero haber viajado a los sitios que me gustaría visitar, haberme realizado profesionalmente, aportar algo de valor al gremio y, sencillamente, ser feliz.

11. Para quien esté pensando en crear su propio blog, ¿qué le dirías?

Si es traductor y el blog es profesional, que hable de traducción y que al menos intente darle su toque personal. Parece algo de perogrullo, pero no lo es.

Bueno, pues hasta aquí mis respuestas. Ahora es cuando toca nominar. He intentado buscar gente a la que admiro, que me cae estupendamente, que aún no ha sido nominada o que cumpla todos esos requisitos a la vez. Hay otros profesionales, como Juan Pascual Martínez, a los que me gustaría enviarle estas preguntas, pero que supongo que quedan descartados al no tener blog.

http://reyesytruenos.blogspot.com.es/ de Manuel de los Reyes.

http://rafaelcarpinterotraductor.wordpress.com/ de Rafael Carpintero.

http://frikilinguismo.blogspot.com.es/ de Inés Alcolea Llopis.

http://squallido.wordpress.com/ de David Tejera Expósito (¡pío, pío!).

http://donlocalizoteytradupanza.blogspot.com.es/ de Jeffrey Collado.

http://paratraduccion.com/rmendez/ de Ramón Méndez.

http://www.lavadoradetextos.com/author/lavadora-de-textos/ de Ramón Alemán.

http://elfindeladiversion.blogspot.com.es/ de Javier Pérez Alarcón.

http://bernawang.wordpress.com/ de Berna Wang.

http://raulgarciacampos.blogspot.com.es/ de Raúl García Campos.

http://construyendotraducciones.wordpress.com/ de Ana Ayala.

Y mis preguntas:

1. ¿Por qué ese nombre para el blog?

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

3.  Di tres cosas que te encantan de tu día a día en el trabajo.

4.  Ahora di una que no soportas.

5.  ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces?

10. ¿Visible o invisible?

11. ¿Qué cambiarías del mundo de la traducción?

De nuevo le doy las gracias a Elena por pensar en mí. ¡Si es que te mereces todo lo mejor!

Una inauguración/Comienzo de la bitácora/El «síndrome del alumno estrella»

¿Qué te ha pasado, Sergio? Tú antes molabas.

Hace años que no escribo en un espacio de Messenger blog. Recuerdo que cuando lo hacía, las entradas eran mínimamente ingeniosas e inspiradas (por no hablar de la humildad que rezumaban). Ahora, sin embargo, concatenar más de dos oraciones seguidas sin que un autor extranjero me aporte un texto previo sobre el que trabajar me resulta un tanto novedoso, si bien renovador. Recuerdo momentos de elocuencia, de soltura en el manejo verborreico de palabras y construcciones sintácticas. Ahora, no puedo evitar preguntarme cada dos segundos «espera, ¿esto se dice así? ¿no estaré incurriendo en un solecismo sin darme cuenta?». Y es que vivía muy feliz y despreocupado cuando no era más que un estudiante de bachillerato al que todavía le faltaba mucho para dedicarse a trabajar con las palabras.

El conocimiento da seguridad sólo a ratos, parece ser.

Encima, a ese ataque a nuestra zona de comodidad hay que sumarle el hecho de que tener un blog de traducción se ha convertido en una herramienta esencial —muchos dicen que obligatoria—, para conseguir encargos; lo mismo sucede con las redes sociales. Por un lado, esto implica que los traductores advenedizos (adjetivo que no tiene por qué restar profesionalidad ni rigor) contemos con algunas bazas para destacar entre nuestros compañeros, pues si gestionamos bien nuestras entradas y demostramos que sabemos de lo nuestro, aún es posible que un empleador o gestor de proyectos se apiade de nuestras cuentas corrientes. Por otro, y al igual que pasa con las redes sociales, ser el autor de un blog tiene el inconveniente de que si no se sabe gestionar o se comete algún error (ya sea ortográfico, estilístico o incluso idiosincrásico) quedará igualmente reflejado en nuestra rúbrica internetera: la atención que cosechemos será un arma de doble filo que deberemos blandir con presteza, con cuidado de no estornudar y clavárnosla en un pie. A beber zumo de naranja todo el mundo.

«Como habrá visto, he retuiteado su entrada sobre el debate entre Bohr y Einstein. He de decir que lo he encontrado sublime».

Se me ocurre que algo muy parecido a esto ocurre en el universo ficticio de Warhammer 40.000 con los navegantes y astrópatas. Se trata de personas cuyas almas están psíquicamente conectadas a la disformidad (léase «el mundo espiritual»). Esto tiene muchos usos, desde enviar mensajes a otros planetas o sistemas, hasta guiar naves espaciales de un punto a otro por agujeros de gusano, a través de lo que, a todos los efectos, es el Infierno. Es precisamente esa sintonía con ese reino espectral lo que les otorga a estas personas sus capacidades y lo que hace que destaquen en él como un faro entre todas las demás almas. Esto tiene el inconveniente de que con ello también atraen a los demonios que moran en esa dimensión paralela, a los que les encanta poseer y devorar ánimas desprevenidas según les dé (a los demonios, claro está) y estén estas o no de temporada. Afortunadamente, de lo máximo que debemos preocuparnos nosotros es que nuestra imagen quede un poco por los suelos hasta que nos redimamos, ¿verdad? ¿verdad?

«Sí, mira, que me preguntan que dónde has colocado el papel higiénico. ¿Cómo? ¿En la bodega, dices? Es que con tanto infierno psíquico y tanta leche no te oigo».

Volvamos al tema y alejémonos de las frikadas. 

La proliferación de blogs de traducción a lo largo de estos dos últimos años ha provocado que en el entorno haya cierta sensación de hartazgo al respecto. Desde este humilde espacio nos abstendremos de entrar en polémicas y señalaremos que lo verdaderamente importante desde nuestro punto de vista es aportar entradas útiles o mínimamente novedosas, por encima incluso de la frecuencia con que se publiquen (aunque no cabe duda de que es un factor que hay que cuidar en la medida de lo posible). En caso de que no se aporte originalidad, al menos habría que tratar de dar a la entrada un giro de tuerca lo bastante decente como para no caer en el pleonasmo blogosférico. Por esa razón, voy a mojarme (en el buen sentido) e intentar que una buena parte de este espacio tenga como principal objeto resolver problemas de traducción curiosos en los que aportaré soluciones que argumentaré con teorías de la traducción. Se trata de algo que no he visto demasiado en otros blogs, a pesar de que a los traductores sentimos un gran regocijo cuando comentamos nuestras soluciones con los demás, sean colegas de profesión o no. Por supuesto, intentaré por todos los medios de no padecer de lo que a mí me gusta denominar «síndrome del alumno estrella», espécimen muy extendido en el hábitat de las aulas de traducción y aficionado a pisar, con carnívora vehemencia, las propuestas de sus semejantes inferiores (siempre, siempre inferiores) a favor de la propia. Sobre este ser deleznable cabe destacar que su falta de humildad compite con el tamaño de sus dientes cuando ve amenazados sus argumentos, retoños a los que ha mimado con esmero en su cubil. Sin embargo, hasta este predador voraz (de atención por parte del profesor, se entiende) da a luz crías raquíticas de vez en cuando, a las que suele llamar «Porquemesuenabien» y «Porquemesuenamal». Esa prole es justo la que intentaremos no promover en este espacio, por ello, cada razonamiento, solución, propuesta u opción vendrá acompañada de humildad, ganas de compartir otros puntos de vista y aprender.

Con esto doy por inaugurado este blog, a la espera de vuestros comentarios.

Un saludo a todos,

Sergio Núñez Cabrera.

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