La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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De San Jerónimos berlineses y otros menesteres

Antes de empezar con la entrada, me gustaría felicitar a mis compañeros de profesión por su día. ¡Voy a por los cotillones!

Vamos al meollo. Algunos compañeros de Twitter y LinkedIN se habrán dado cuenta de que desde hace aproximadamente tres semanas he cambiado de profesión, por así decirlo. Ahora soy parte del equipo de los así llamados player experience agents (PX) para la oficina berlinesa de una empresa estadounidense de videojuegos de dispositivos móviles y navegadores llamada Kabam. Si hubiera que buscar una traducción adecuada para el puesto —algo que me interesa enormemente, ya que no soy muy amigo de usar anglicismos para referirme a profesiones—, esta podría ser «miembro del servicio de atención al usuario». A eso habría que añadirle un «localizador» y un «probador de videojuegos ocasional». Y, para ya rematarlo todo y ser aún más fiel a la realidad, podríamos añadir un subtítulo que rezara «todo ello al mismo tiempo, literalmente».

Mi profesión es un ménage à troi, señores.  Eso quiere decir que mientras estoy atendiendo a Lord _Goblindefuego_ del mundo Bedivere 4 porque se ha dejado las tropas defendiendo cuando él quería ocultarlas, tres de mis jefes me mandan traducir sus promociones para «cuanto antes» —hoy fue especialmente intenso a este respecto; claro, sabían que era mi día y quisieron celebrarlo conmigo— y un cuarto se acerca a mi mesa con un Samsung Galaxy SIV (o cualquier otro dispositivo) para que pruebe cierto juego siguiendo el centenar de indicaciones de un archivo en Excel. Como mis queridos lectores habrán podido averiguar, el equipo de PX no tiene mucho tiempo para aburrirse. Y a todo esto, ya llevo un mes en Berlín. ¿Cómo? ¿No lo sabían? Claro, es que el silencio de estos meses se ha debido a un cúmulo de factores:

a)      Falta de inspiración y hastío generalizado. Ya se sabe: «si no tienes nada bueno que decir, no digas nada». Estado de ánimo derivado, principalmente, de la versión laboral del «promete, promete hasta que la mete». Lo que nos lleva a al apartado siguiente.

b)      Prioridades: mejor centrarse en enviar currículos para tener algo concreto —y, si el señor Jerónimo está de mi parte, cobrar la factura—que en actualizar el blog o pasar tanto tiempo en las redes, aunque sea por motivos de trabajo. Sé que cada uno opinará lo que quiera; yo opinaba esto ante la falta de resultados del blog y las redes (muy paradójico, lo sé).

c)       Procesos de selección que requerían la máxima concentración por mi parte a fin de salir por fin del apartado a).

d)      Buscar piso en Berlín una vez conseguido los objetivos del apartado anterior.

—Buf, Sergio, qué coñazo de entrada. ¿No vas a hablar de traducción? ¡Es un blog de traducción!
Sergio hace un mohín y entorna los ojos. Acto seguido, recupera la compostura y hace una profunda y teatral reverencia.
—Por supuesto.

 Cuando el equipo del que formo parte traduce, ha de atender a que el estilo de los textos sea evocador y cumpla con el skopos del texto: a ese respecto gozamos de bastante libertad. Por otro lado, la precisión terminológica y semántica es harto importante, ya que hablamos de promociones en las que, a menudo, hay implicado un gasto de dinero por parte del usuario. Por muy perogrullada que esto pueda parecer en un principio, a veces resulta más fácil decirlo que hacerlo, pues hay ocasiones en que los glosarios no son de mucha ayuda y hay que perder un tiempo precioso preguntando la terminología pertinente a los señores que llevan cada uno de los juegos. Y ya cuando te responden «invéntatelo», pues oye, lo cierto es que entra gustirrinín de agárrate y no te menées. Otro aspecto muy importante de traducir este tipo de textos es la diferencia horaria con respecto al país que hace las veces de fuente principal de textos meta, en este caso, los EE. UU. Teniendo en cuenta que las ofertas tienen un período de vigencia muy definido, es importante no equivocarse con las fechas. Bendito seas, conversor horario.

Por supuesto, esto de inventarse nombres de promociones no es tan sencillo como parece. Por ejemplo, el otro día fue especialmente frustrante, ya que ofertábamos las mejores promociones de regalos del mes. Hasta ahí bien, ¿no? Cuál fue mi sorpresa cuando reparé en que ni una sola de la decena de promociones se había traducido anteriormente al español. Lamentablemente, debido a la restricción de espacio no podíamos añadir notas que explicaran el contenido de las ofertas, con lo que no tuvimos más remedio que dejarlas en inglés. Lo cierto es que me lo tomé como un pequeño fracaso, porque me gusta que el destinatario entienda a qué nos referimos. Eso, sumado al factor tiempo, a la creciente cola de usuarios que debía atender y a las cinco horas de charlas por parte de los superiores de la oficina de San Francisco destruyó por completo mi capacidad creativa para encontrar soluciones. Ahora que lo pienso, lo que podríamos haber hecho habría sido emplear paráfrasis que aludieran a los contenidos de dichas ofertas, pero el número de objetos que se incluye en las promociones es tal, que tampoco creo que hubiera sido viable. Otra opción que se me ocurrió durante el finde («a buenas horas, mangas verdes») fue incluir un enlace a un mensaje del foro en el que se diera más detalles sobre los contenidos de los paquetes promocionales, aunque sería necesario coordinar el asunto con la gestora de contenidos de la versión española del portal. No cabe duda de que la próxima vez lo consultaré: a fin de cuentas, ¡nos interesa que la gente sepa qué premios puede llevarse sin tener que buscar por su cuenta!

En fin, hasta aquí esta pequeña entrada. Podría hablar del cambio personal que representa para mí este giro de 180 grados, o lo que me entristece haber tenido que hacer las maletas para salir adelante, como muchos otros. No obstante, prefiero no detenerme mucho en eso (a fin de cuentas, no creo que interese demasiado) y quedarme con lo bueno: estoy descubriendo un país y cultura nuevos y, oye, tengo trabajo en la industria de los videojuegos ni más ni menos. El plan es superar el período de prueba de seis meses (faltan cinco) y poder seguir comiendo caliente durante unos añitos más, aunque signifique trabajar de nueve a diez horas diarias en la oficina o llevarme trabajo a casa: una vez has sido autónomo, este tipo de situaciones pierde mucho (o todo) dramatismo. Y eso de comer caliente resulta aún más prioritario cuando uno se instala en Alemania.

«Vale, ¿cómo puedo traducir esto de "A stick! It´s a stick!"?»

«Vale, ¿cómo puedo traducir esto de “A stick! It´s a stick!”?»

One Big Lovely Blog Awads: respuestas y nominaciones

Vaya, vaya ¡qué sorpresa! Elena Fernández Luna (@ElenaTrágora) me ha nominado a los premios One Big Lovely Blog. Muchas gracias, no soy digno. ¿Que en qué consisten estos premios? Citemos a Elena:

Para quien no los conozca, estas nominaciones funcionan así: si te nominan en algún blog (digo yo que te avisarán) tienes que contestar a las preguntas que plantea la persona que te nominó (mis respuestas más abajo). Luego tienes que nominar tú a 11 personas y plantear 11 preguntas más que esas personas pueden contestar en su blog (mis nominaciones y preguntas más abajo). ¡Muy divertido!

Dicho lo cual, ¡empecemos!

1. ¿Por qué ese nombre al blog?

Sencillamente, porque supone un juego de palabras en el que intervienen dos elementos que me encantan: la narrativa fantástica y la traducción. Además, la Piedra Filosofal a la que hace referencia tenía la facultad de transformar los metales en oro ¿y qué es la traducción sino transformar un texto en otro? Siempre se toma un texto ajeno como base. Es posible que en vez de oro te salga papel platino, pero oye, que de transmutar va la cosa. Además, tanto la alquimia como la traducción son cuestiones de equilibrio: se manejan varios factores que han de combinarse en su justa proporción (siempre y cuando queramos obtener buenos resultados, si queremos volar el laboratorio y las plantas anexas del castillo, entonces hagamos traduchurros). Tengo planeada una entrada acerca de esto, por cierto. Otras opciones fueron El grimorio del translatomante (nivel de frikismo: Sheldon Cooper), El taller del lexicoturgo (que no «del léxico turco», ahí habría que preguntarle al gran Rafael Carpintero), Choque de trujamanes, Tormenta de textos, Tropecientas mil hojas de traducciones subfrikinas (dicharachero donde los haya), Yo, traductor (creo que este estaba cogido ya) y muchos más. La Piedra Translatofal es conciso, evoca con precisión aquello a lo que quiero referirme y encima me deja la ropa muy suave y esponjosa.

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

Dibujar. Si bien no queda tan bien como responder «traducir, pues respiro traducción por todos los poros», sí que tiene que ver con una cualidad que me resulta básica en este oficio: la creatividad. Ya sea para formar nuevos términos (algo que me encanta, por si no os habéis dado cuenta) o para darle la vuelta a esa frase que te ha quedado redonda, pero que tienes que acortar cual charcutero lingüístico debido a determinados factores como la restricción de caracteres en un archivo de Excel o en un subtítulo. Como dato curioso, podéis ver el último proyecto en el que me explayé como artista aquí. Ya tiene un par de años, pero bueno. Lo cierto es que ya no dispongo de demasiado tiempo para seguir practicando. La última ilustración que hice fue mi tarjeta de presentación, que además debería actualizar a fin de introducir algo sobre videojuegos y localización (quizá un mando o una consola… ¡o a lo mejor el zombi podría estar jugando a la play!). Sobre el proyecto que comentaba antes, se trata de un juego indie para el que diseñé los dos bandos que se enfrentan en él: humanos y mutantes. En un principio iba a ser una modificación del modo historia del Quake II, pero era demasiado trabajo. Eso sí, todos los nuevos enemigos y personajes que había diseñado están ahí, pululando alegres por la red.

3.  Di tres cosas de tu día a día en el trabajo que te encantan.

En restrospectiva, me encantaba levantarme a las 6.30 de la mañana y empezar a traducir. Era un momento bastante íntimo entre el texto y yo: todo a mi alrededor estaba en silencio y lo único que escuchaba era la voz del autor y de los personajes. Era como editar una película y decidir el ángulo de la cámara, de forma que describiera con la mayor precisión posible la visión del autor original. Y sonará masoquista, pero también me apasiona el trabajo duro, y traducir novelas de narrativa fantástica y ciencia ficción lo es; creo, sinceramente, que me vale para demostrarme a mí mismo que soy capaz de organizarme. Y, por supuesto, cuando sabes en tu interior que has dado en el clavo con una frase o un término, ya sea real o inventado.

4.  Ahora di una que no soportas.

Que no me da mucho tiempo para entrenar, leer, dibujar o jugar a videojuegos.

5. ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

De hecho, me cuesta, en presente de indicativo. Algo positivo que me llevo de ser traductor autónomo es que me ha servido para tener más ambición e iniciativa, cualidades que siempre había querido cultivar.

Bueno, sobre el porqué, supongo que es un cúmulo de factores: en la carrera nunca nos enseñaron a conseguir clientes ni fidelizarlos; acabas la licenciatura y la sensación que te asalta es que ¡sorpresa! eres el mensajero persa de 300 y el rey Leónidas está a punto de pegarte un patadón para tirarte al pozo. ¡Si yo quiero ser espartano! En realidad, supongo que ya soy un poco espartano, pues hay que lancear, empalar, desjarretar, cercenar y mutilar largo y tendido para abrirse camino en esto. Hay días en que el ejército persa parece que no acaba nunca; hay otros en que tienes la sensación de haber cosechado una victoria decisiva. Lo peor son los cambios de humor: no puedes evitar pensar que pasas por alto algo básico de lo que te darás cuenta dentro de unos cuantos meses, cuando ahora podrías sacar provecho de la situación. Luego te llegan noticias de otros frentes en los que la guerra va de maravilla y te dices a ti mismo «¡si ellos pueden, yo también!». Dejando de lado la referencia (imagino que cansina a estas alturas) a 300, el principal factor es que he perdido mucho tiempo en enviarles el currículo y la carta de presentación (a veces incluso la ilustración de mi tarjeta de visita, si veía que pegaba con el cliente) a editoriales, ¡no contestan ni a la de tres! Pero claro, ¿qué iba a saber yo? A fin de cuentas, tengo dos novelas publicadas, lo cual ya es algo de experiencia. Por eso he querido hacer los cursos de localización de videojuegos con Trágora, porque creo que en la localización hay más salidas (además, los videjuegos siempre me han gustado y he descubierto que localizar me entusiasma). Por no mencionar que ahora muchos juegos miman mucho la narrativa, así que siempre puedo satisfacer mis anhelos de traducción literaria. Casi todas las (pocas) empresas de localización a las que se lo he enviado me han contestado, aunque sea para decirme que me tienen en su base de datos. Echo mucho en falta una actitud así en las editoriales. Obviamente, lo ideal sería compaginar ambas actividades. Eso me haría inmensamente feliz.

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

Que no pierda el tiempo y diversifique. Que se tome buscar clientes como un trabajo de ocho horas. Que tenga sentido común. Que siga formándose siempre que le sea posible. Que cuando se haga autónomo se dé de alta en el ROI. Que empiece a mandar currículos incluso antes de acabar y que, si no responden, vuelva a enviarlos pasados cinco o seis meses. Que se vaya haciendo visible en internet, aunque sea a través de LinkedIn. Que valore todos los días el amor que le profesan los que están a su alrededor, porque en más de una ocasión será lo que termine por sacarle de las bajonas. Que tenga iniciativa y no se conforme con poco. Que demuestre siempre lo que vale, en donde, como y cuando sea. Incluso que se busque otro trabajo que le permita sobrevivir mientras sigue encontrando clientes potenciales de traducción. En Canarias tenemos un 70% de paro juvenil, así que sé que es más fácil decirlo que hacerlo.

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

A los pocos profesionales de la traducción literaria que tengo el gusto de conocer no puedo darles ningún consejo, en todo caso, son ellos los que deberían dármelos a mí. Todos demuestran ser profesionales ejemplares; muy cercanos, dispuestos a ayudar y, sobre todo, humildes. Esta última me parece una de las cualidades más grandes de un traductor y considero que debería hacerse más hincapié en ella en la carrera: del mismo modo que a los estudiantes de medicina les dicen desde el primer día que van a ser la élite (o «elite», como gustes) de la sociedad, a los traductores deberían inculcarnos que, visto lo visto a lo largo de la historia, la traducción va por modas, así que no hay verdades absolutas; «todo cambia, nada permanece» y tal y cual. Por supuesto, estos cambios se dan a lo largo de mucho tiempo, pero en términos prácticos nos puede hacer ver que hay cabida para muchos puntos de vista. Por lo tanto, aprendamos a ser humildes en las inevitables puestas en común y no nos creamos mejor que nadie. Y como me gusta predicar con el ejemplo, no considero estar en posición de dar consejos profesionales. En lo personal no entro, porque cada cual es un mundo y en la variedad está el gusto.

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

Saben que es duro, tanto al ejercerlo como al buscarlo. Desde aquí aprovecho para darles las gracias por apoyarme.

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces? :O

Buscar trabajo, a todas horas. Diría «leer», pero, por mucho que me duela admitirlo, sería faltar a la verdad: tengo La chica mecánica aparcado desde hace meses principalmente por falta de tiempo, pero quiero acabarlo porque la traducción es de Manuel de los Reyes y estoy tomando notas; otra manera de aprender. También diría «dibujar», pero sería otro tanto de lo mismo. Lo que sí que intento hacer por todos los medios es entrenar: es necesario para no acabar con espina bífida al estar tantas horas sentado. Eso sí, me gustaría entrenar CrossFit con mis hermanos más a menudo. Por último, los fines de semana paso tiempo con mi novia, quien tiene la paciencia de una santa y me ayuda a desconectar.

10. ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

Buena pregunta. Me gusta pensar que miraré atrás y recordaré estos tiempos con la sonrisa que reporta un mínimo sentimiento de seguridad. Y también que habré disfrutado de la vida de una vez, pues me he privado de muchísimas cosas por pagarme la carrera, el máster y demás obligaciones, entre las que se cuenta perseguir mi sueño de ganarme la vida con la traducción. Espero haber viajado a los sitios que me gustaría visitar, haberme realizado profesionalmente, aportar algo de valor al gremio y, sencillamente, ser feliz.

11. Para quien esté pensando en crear su propio blog, ¿qué le dirías?

Si es traductor y el blog es profesional, que hable de traducción y que al menos intente darle su toque personal. Parece algo de perogrullo, pero no lo es.

Bueno, pues hasta aquí mis respuestas. Ahora es cuando toca nominar. He intentado buscar gente a la que admiro, que me cae estupendamente, que aún no ha sido nominada o que cumpla todos esos requisitos a la vez. Hay otros profesionales, como Juan Pascual Martínez, a los que me gustaría enviarle estas preguntas, pero que supongo que quedan descartados al no tener blog.

http://reyesytruenos.blogspot.com.es/ de Manuel de los Reyes.

http://rafaelcarpinterotraductor.wordpress.com/ de Rafael Carpintero.

http://frikilinguismo.blogspot.com.es/ de Inés Alcolea Llopis.

http://squallido.wordpress.com/ de David Tejera Expósito (¡pío, pío!).

http://donlocalizoteytradupanza.blogspot.com.es/ de Jeffrey Collado.

http://paratraduccion.com/rmendez/ de Ramón Méndez.

http://www.lavadoradetextos.com/author/lavadora-de-textos/ de Ramón Alemán.

http://elfindeladiversion.blogspot.com.es/ de Javier Pérez Alarcón.

http://bernawang.wordpress.com/ de Berna Wang.

http://raulgarciacampos.blogspot.com.es/ de Raúl García Campos.

http://construyendotraducciones.wordpress.com/ de Ana Ayala.

Y mis preguntas:

1. ¿Por qué ese nombre para el blog?

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

3.  Di tres cosas que te encantan de tu día a día en el trabajo.

4.  Ahora di una que no soportas.

5.  ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces?

10. ¿Visible o invisible?

11. ¿Qué cambiarías del mundo de la traducción?

De nuevo le doy las gracias a Elena por pensar en mí. ¡Si es que te mereces todo lo mejor!

Mi presentación en las V JOL de la ULPGC

La semana pasada tuve el placer de participar en las V Jornadas de Orientación Laboral de la ULPGC. Lo cierto es que me sorprendió sobremanera que contaran conmigo, porque considero que hay ponentes mucho mejor preparados que yo. A decir verdad, abordé la tarea con sentimientos enfrentados, pues, por un lado, es todo un halago y un honor que cuenten con uno para este tipo de certámenes y, por otro, me siento demasiado «poquita cosa» como para plantarme delante de un grupo de alumnos y ponerme a darles consejos como si fuera un Manuel de los Reyes o una Curri Barceló. ¡Si yo acabo de llegar, como quien dice! Además, soy consciente de que el Eneti 2013 aún está muy presente en la memoria de los asistentes, así que esta entrada no es tanto un «¡Oye, oye, que yo también molo!» sino un «Eh, mirad lo que he hecho» muy humilde.

Al final me remití al famoso adagio que reza algo parecido a que las mejores ideas son las más sencillas, por lo que me limité a ser humilde y a contentarme con relatarle al público mi experiencia. Como iba a participar en la mesa redonda dedicada a los posgrados y había sido el equipo de profesores del Máster en Traducción Profesional y Mediación Intercultural de la ULPGC el que me había invitado, consideré más que oportuno incluir mi experiencia en dicho posgrado. Por último, dedicaría una pequeña parte de la ponencia a compartir con los asistentes mi escaso saber sobre esto de ser un vástago de Hermes 2.0 (2.0 el vástago, no la divinidad; por ser pomposo me ha salido un nombre que bien podría ser el de una herramienta CAT).

Como a un servidor le hacía ilusión exponer en el mismo sitio que acogió hace tantos años a Xosé Castro (fue una charla suya la que me terminó por convencer de que lo mío era traducir, inspiración por la que siempre le estaré agradecido), decidí poner toda la carne en el asador y preparar mi presentación no con Power Point, sino con Prezi, pues había visto los resultados y quería imbuirle un poco de estilo a mi intervención. Así pues, comencé a trastear con el programa y, tras una curva de aprendizaje un poco empinada (la culpa la tengo yo, que conste; una vez practicas un par de conceptos básicos es coser y cantar), creé la presentación, que podéis ver más abajo:

Cuando acabé, descubrí que mis amigos y mi chica me habían sacado fotos e improvisado un vídeo con un Samsung Galaxy Mini, por lo que ahí van una serie de advertencias:

  1. No se pongan los cascos. De vez en cuando, el público y la cámara (hablo de la agente, no del objeto) se ríen y producen una onda acústica revientatímpanos. Lo mismo sucede con los breves aplausos del final.
  2. Como he dicho antes, el vídeo es una improvisación: se suponía que los únicos documentos gráficos serían las fotos. No se asusten por el pulso tipo Monstruoso (nunca me gustó que tradujeran Cloverfield así, pero sobre gustos…) de la cámara (sí, la agente) ni por la calidad. Además, el vídeo termina de forma abrupta. Habrá que esperarse al DVD (duvedé) con los extras y las escenas eliminadas.
  3. He subtitulado el vídeo. Por supuesto, me he permitido el lujo de adornar mi discurso para que se entienda mejor y como aliciente para que no se pongan los cascos. Si no aparecen los subtítulos, actívenlos en el botoncito con las dos «c», en la esquina inferior derecha del reproductor.
  4. Sólo tenía alrededor de diez minutos para exponer, por lo tanto, tuve que tocar los conceptos muy por encima.

Sin más dilación, la peli de miedo:

Esto me ha servido para darme cuenta de debilidades que tengo que mejorar en cuanto a mis dotes como orador.

  1. Hago muchas pausas. Con razón había gente en la carrera que me decía que le transmitía tranquilidad, ¡no me extraña! Parece que voy en primera (marcha, no clase).
  2. Por extraño que parezca, paso del «ustedes» al «vosotros» a mitad de presentación. Con razón hay quien me pregunta si soy peninsular o alemán o inglés o francés o «ciudadano europeo» (true story).
  3. Uso muletillas y carezco de fluidez.

Sin embargo, no todo va a ser malo. Creo que estos han sido mis puntos fuertes:

  1. A mitad de vídeo me solté y dejé caer un par de chascarrillos. El público lo agradeció.
  2. No usé el infame on line para referirme a los cursos en línea.
  3. Con el tiempo del que dispuse y la falta de práctica, creo que toqué varios temas útiles para los asistentes.
  4. No es lo mismo presentar en un salón de actos que en una clase. Sin embargo, creo que copé bastante bien con ello; nunca me he puesto nervioso cuando he tenido que exponer.

Lo cierto es que tanto el público como el profesorado me felicitó por la minicharla y parece que hubo gente que «se quedó con mi nombre». Por lo que me contaron, los alumnos salieron inspirados y, en realidad, yo mismo salí con las pilas cargadas. Fue muy terapéutico.

De todos modos, prefiero pecar de ser demasiado crítico conmigo mismo. Seguro que la siguiente sale mejor.

En cuanto me pasen las fotos las colgaré. Mi amigo me ha dicho que tiene que retocarlas.

Espero que me ponga muchos abdominales.

Traducir a la manera gueparda u osada

Un ser humano debería ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, despiezar un cerdo, ensamblar una barca, diseñar un edificio, escribir un soneto, hacer un balance, levantar una pared, expresarse en otro idioma, remendar un hueso roto, confortar a un moribundo, obedecer órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar en solitario, resolver ecuaciones, analizar un nuevo problema, esparcir estiercol, manejar un ordenador, cocinar una comida sabrosa, sufrir con entereza y luchar eficientemente.
La especialización es para los insectos.

– Robert A. Heinlein (Tiempo para Amar, 1973)

Mucho se ha hablado ya de si un traductor ha de especializarse o no. Parece ser que el consenso es que un traductor ha de encontrar su nicho de mercado y ceñirse a él. Claro, uno llega al mundillo 2.0 y se topa con que a lo mejor su plan de estudios estaba totalmente equivocado (que oye, lo está, pero creo que no de la forma que nos atañe hoy). Hoy me he despertado con esa idea rondándome la cabeza, así que me lo he tomado como una señal y he decidido reflexionar un poco al respecto. Agarrárense los machos (siempre me ha hecho gracia esta expresión, acabo de buscar la etimología y es bien curiosa .

Este mes he terminado el Curso de Traducción y Localización de Videojuegos de Trágora Formación. En otra entrada redactaré una reseña más detallada, pero baste decir que creo que el curso merece mucho la pena (y no, no cobro comisión). Aparte de eso, sé subtitular (depuré la técnica en el Máster de la ULPGC y en las prácticas con Subbabel) y ahora mismo estoy reciclándome por mi cuenta en el uso de Trados Studio 2011. Tengo dos novelas traducidas y he enviado el currículo y la carta de presentación (personalizados, por supuesto) a varias editoriales, quizá lleguen al centenar. Hasta la fecha, solamente dos me han respondido, he pasado la prueba para ambas y estoy a la espera de que me lleguen encargos por parte de una de ellas. He decidido que no me interesa colaborar con la otra porque la tarifa era fija por libro, aparte de irrisoria; tanto, que al principio no fui capaz de salir de mi incredulidad y, si bien rechacé la propuesta, luego me fui cabreando cada vez más ante tamaño insulto a mi capacidad como profesional. ¿No he pasado la prueba acaso? ¿No has comprobado mi nivel? Ya me extrañaba a mí que la chica que me llamó me diera la buena nueva con tanta renuencia y escrúpulo en la voz: está claro que sabía que lo que me iba a plantear era ruin a más no poder. Pero volvamos a Trágora Formación: el profesor que imparte el curso, Isaac Gómez, es bastante versátil: subtitula y audiodescribe, traduce páginas web, videojuegos, da clase… Todo un profesional, vaya. No obstante, no he comenzado la entrada para hablar de esto (bueno, en realidad sí), sino para compartir con vosotros mis reflexiones acerca de guepardos y osos cual Félix Rodríguez de la Fuente:

El guepardo. Ese noble animal de porte gallardo y gesto adusto que depreda sobre antílopes, gacelas y animales pequeños. No obstante, si bien la presa varía, no así ocurre con el modus operandi: se trata de un cazador sobrespecializado. Ha ido evolucionando de manera que ha descartado otros rasgos de su clado a favor de una complexión más ligera, la imposibilidad de retraer las garras (que funcionan como los tacos de una bota) y una rapidez legendaria. Sin embargo, basta con ver unos cuantos documentales de La 2 para sacar la conclusión de que ser guepardo es una faena. Vale que eres rápido, pero si se te escapa la presa (calamidad que suele ocurrir muy a menudo), tus reservas energéticas habrán menguado de manera significativa y no tendrás posibilidad de reponerlas hasta que tengas más suerte en una caza futura. Además, eres un mamífero, lo que implica que eres endotérmico y cuentas con un metabolismo voraz que requiere cantidades ingentes de energía. Además, la evolución está repleta de casos de presas que se adaptan para evitar a los depredadores en función de la especialidad de estos últimos. Uf, la cosa está peliaguda.

«Baaaad to the bone, tanararará, baaaaaado to the bone» (8).

«Baaaad to the bone, tanararará, baaaaaad to the bone» (8).

Por otro lado, tenemos al oso, que también es endotérmico, pero tiene en su haber una gran ventaja sobre el guepardo: es omnívoro, lo que se traduce en que no siempre ha de utilizar el mismo método de caza. ¿Que no hay salmones con los que jugar al squash? Da igual, ese arbusto de ahí da unas bayas que son toda una delicia, ya lo decía Mamá Osa. Es más, es bien sabido que los osos hibernan; se adaptan al clima.

«Ups, ahí va otra gacela que se le ha escapado a don Guepardieu. Qué penita, leñe.»

«Ups, ahí va otra gacela que se le ha escapado a don Guepardieu. Qué penita, leñe.»

Otros ejemplos, ya fuera del mundo natural, nos vienen de la mano de la crisis financiera. La palabra «ladrillo» adopta a día de hoy ciertas connotaciones en el imaginario español muy alejadas, por no decir del todo opuestas, de aquellas de hace un lustro. Por no hablar del muy fascinante (y truculento) caso de Detroit, que parece sacado de un decorado de cierta serie de zombis.

Ahora mismo se me ocurre que todo depende de la especialidad. Es probable que un localizador de videojuegos o un subtitulador tenga mayores recursos que un traductor literario para encontrar clientes, y más con la actual situación del sector editorial. Por ello, creo que, si bien especializarse es muy respetable e incluso deseable (el primero que quiere especializarse soy yo, sinceramente), mi humildísima opinión es que hay ramas que lo tienen mejor que otras y que, por tanto, la solución podría venir de la mano de las «nuevas» tecnologías. El libro electrónico ofrece muchas posibilidades que podrían hermanar varias especialidades, pero de eso ya hablaré en otra entrada, que hay que racionarse.

James Franco: tan pronto tira calabazas explosivas desde su aerodeslizador como provoca el cisma de su especie por hacer el mono.

James Franco: tan pronto tira calabazas explosivas desde su aerodeslizador como provoca el cisma de su especie sin querer. Puede que diversificar no sea tan bueno, después de todo.

La palabra es el espejo del alma: las neuronas espejo y su posible papel en la traducción literaria

Imagina que vas andando por la calle y, de repente, ves que un chico se dispone a montarse en el monopatín, pero, sin previo aviso, este se le va hacia atrás y el joven se da de bruces contra el asfalto. El tiempo parece fluir a cámara lenta hasta que súbitamente toma carrerilla y todo ocurre tan deprisa que te quedas parado, perplejo ante la violencia de la colisión. Para ti, impotente espectador, el tiempo vuelve a pararse unas décimas de segundo antes de que la boca del chaval impacte contra el duro suelo. Algo parecido a esto:

«Hostia terrible...»

«Hostia terrible…»

Es ahí cuando una parte de ti se solidariza con él. Es como si tú mismo sintieras el golpe en los dientes, la frente y la nariz; ahora mismo recuerdas esa descarga eléctrica que te recorrió la boca la vez que te resbalaste en el baño y te la pegaste contra la bañera. Sin darte cuenta, el semblante se te ha arrugado hasta conformar una máscara de dolor. Sin embargo, no eres tú el que tiene los morros sangrando y acaba de perder un par de dientes. Entonces, ¿qué ha pasado? Pues que eres más parecido a un macaco de lo que pensabas. Para resumir, las neuronas espejo, también llamadas «neuronas de la empatía», son células que se activan cuando realizas una acción, pero también cuando la ves, lo que provoca una respuesta dentro de ti muy similar a la que tiene lugar cuando realizas o padeces dicha acción. Es precisamente lo que tuvo lugar en el ejemplo.

«Tú, tú, tú y mil veces tú.»

«Tú, tú, tú y mil veces tú.»

Vamos con otro supuesto, esta vez más amable. Estás recostado en tu sillón (o cama) favorito mientras te lees una novela que te tiene en vilo. Te has metido tanto en la historia, que te identificas con los personajes y te implicas en las cadenas de sucesos que toman lugar en la trama. Pongamos que te estás leyendo una novela sobre vampiros promiscuos aficionados al cuero. Es probable que te sorprendas a ti mismo pensando algo parecido a lo que sigue:

«¡Huy lo que le acaba de soltar Sanders a Rebecca! No sabe que cuando era pequeña y antes de transformarse en vampiresa, su padre maltratador le dijo lo mismo en unas condiciones muy parecidas. Se va a armar la gorda.»

En cambio, no sucede nada. Te sorprende que la chica no le haya arrancado la cabeza de cuajo al insensato de Sanders.

«Parece que Rebecca se lo ha tomado muy bien. Ah, espera, que sigue.»:

 Sanders sale de la habitación. Rebecca se queda mirando la puerta y entonces sonríe; se trata de un gesto frío y de dientes acerados, una expresión cuya languidez no llega a perturbarle los ojos. La sonrisa de un depredador.
—Y así, empieza la Cosecha. —Dice, con el suspiro trémulo propio de un espectro.

Llegados a este punto tienes las emociones tan a flor de piel que, quizá, tú mismo has bajado el libro y esbozado esa media sonrisa predatoria. O puede que, incluso, hayas repetido la frase en voz baja para ver cómo leches uno suspira temblorosamente. Mientras sonríes, claro.

¿Es posible, entonces, que las neuronas espejo intervengan también en la lectura? El artículo de Naukas (sitio recomendadísimo, por cierto) al que he enlazado da a entender que estas células son un blanco jugoso para las especulaciones, pero me parece obvio que hay un proceso neurológico que provoca este comportamiento del que hablo cuando leemos un libro y «nos metemos» en él. De hecho, ¿sería probable, quizá, que los autores se hayan percatado a nivel inconsciente de esto y que la búsqueda de efectos similares en los lectores, el afán por agasajarlos y hacerlos partícipes de los mundos ficticios producto de su imaginación les haya llevado a adoptar estrategias para lograr reproducir estas reacciones?

Se me ocurre que este tipo de comportamiento es más común en unas partes de la superestructura del texto que en otras. Así, cuando el autor describe el apartamento de Rebecca, creo que nuestros procesos cognitivos estarían más calibrados hacia la «construcción» del escenario en el que transcurre la acción. En cambio, es en los diálogos y en los incisos donde las neuronas espejo podrían contar (más especulación) con un papel más relevante. Digamos que las descripciones allanan el terreno a los demás elementos para crear un clima propicio para que el lector se sumerja en el relato.

Ahora bien, ¿tiene el traductor poder para manipular los procesos neurológicos del lector? Y si es así, ¿funcionaría en otro nivel que el que esgrime el autor? Mi humildísima opinión es que, guiado por el escritor del texto original, el traductor cuenta con recursos para reproducir la misma sensación en su texto meta, pero también, y valiéndose de los vacíos existentes entre las lenguas (y por ende, las culturas), puede dirigir sus estrategias para potenciar estos efectos sin dejar de serle fiel al autor. Aquí podría hablar de la teoría de la compensación, que trata de paliar los problemas derivados de la búsqueda de propuestas precisas y naturales y la pérdida de contenido o matices que sufren nuestras soluciones de traducción. Es decir, si en una parte del texto nos topamos con una dificultad muy grande y no nos queda más remedio (esto es siempre discutible) que aportar una solución que no llega a cubrir todo el significado del original, podremos «compensar» dicha pérdida en otra parte del texto, pues no hay correspondencia perfecta entre dos lenguas. Para más información, puedes echarle un vistazo a la página de Google Docs sobre la obra Introducción a la traductología: curso básico de traducción (Vázquez-Ayora, 1977).

Es posible, además, que la interpretación que hace el traductor de la obra original condicione las estrategias que sigue a lo largo del transcurso del cuerpo textual y se cimente en su propia experiencia como lector, así como en la identificación de los pasajes que activaron en mayor medida esas grandes desconocidas que son las neuronas espejo. Quizá, mientras el traductor se lee el original piense, ya sea de forma consciente o inconsciente, algo parecido a esto: «a esta intervención del personaje tengo que darle fuerza cuando la traduzca» o «a ver cómo traduzco esto para que cuando el lector llegue aquí tenga el impulso de imitar o reproducir la acción, tal y como me ha pasado a mí».

La semántica cognitiva o, sencillamente, la elección de una sintaxis más sugerente pueden ser herramientas que nos ayuden a reproducir con mayor presteza el efecto que buscaba el autor en su obra, de lograr que los lectores vibren con la misma intensidad cuando se impliquen en el texto que les ofrecemos.

Lector a quien le pudo la impresión de un giro argumental inaudito y se quedó de piedra.

Lector a quien le pudo la impresión de un giro argumental inaudito y se quedó de piedra.

Acabo de ver en este artículo de El caparazón (sitio que acabo de descubrir, por cierto), que a lo mejor no iba tan desencaminado. En él se alude a la idea de que las neuronas espejo podrían estar conectadas a la «pedagogía de la imaginación» y adjunta un enlace a otra entrada que habla de eso mismo, aparte de a una charla TED muy interesante.

Bibliografía:
VÁZQUEZ-AYORA, GERARDO. 1977. Introducción a la traductología: curso básico de traducción. Georgia University Press.
[Sitio web] www.naukas.com
[Sitio web] http://www.dreig.eu/caparazon/

La anfibología inofensiva (o no)

Cuando estudiamos en la licenciatura, uno de los defectos de estilo sobre el que más nos advierten es la anfibología o ambigüedad. Esta puede manifestarse por muchas razones, la mayoría de ellas de índole sintáctica o derivadas de la práctica translatológica:

Catherine´s eyes fixed upon Claudia´s, her dog. Then she started to moan in horror.
Catherine clavó la mirada en la de Claudia, su perra. Entonces, comenzó a gemir, presa del terror.

¿Quién gime? ¿Catherine o Claudia? Una solución podría ser añadir alguna fórmula como «la primera», «esta última» y similares. De lo que no hay duda es que el grado de ambigüedad resulta palpable, incluso para un lector lego, alejado de las vicisitudes lingüísticas del día a día traductoril. Sin embargo, esto no siempre es así.

«En caso de duda, no se instale una cerradura en el cráneo y luego, si eso, consulte a su farmacéutico.»

Hace un par de días estaba viendo los informativos de Antena 3, en el que destacaron los bancos de niebla en el centro peninsular. Me llamó la atención la expresión siguiente: «La DGT nos da unos consejos para conducir más seguros». Ahí fue cuando el traductosentido de un servidor comenzó a zumbar. A simple vista, por el contexto se entiende que se trata de consejos para conducir con mayor seguridad en situaciones de poca visibilidad como esta. Sin embargo, ¿podría hablarse de una «anfibología “inofensiva”», en la que el grado de desvío entre dos posibles opciones consiste en meros matices que casi llegan a confluir en un mismo resultado semántico? Porque conducir más seguro una vez seguimos las pautas de la DGT puede conllevar conducir con mayor seguridad. No obstante, existe un margen de desvío: en un alarde de ignorancia o negligencia, podemos sentirnos seguros de las decisiones que tomamos al volante, por demenciales que sean:

—Señor, iba a ciento veinte por la autopista. Multa al canto.
—¡Pero si es la velocidad permitida!
—¿Es que no se ha dado cuenta de que la visibilidad es menor del setenta por ciento?
—¡Pero si por esta vía nunca pasa nadie!

Ahora bien, de no contar con el contexto,  uno podría pensar que la DGT, siempre interesada en que el tráfico fluya sin incidentes ni demoras, ha emprendido una campaña de asesoramiento psicológico a los conductores que no saben si deben detenerse o no en un ceda el paso.  Uno se imagina el diálogo siguiente:

—Es que es coger el volante, comenzar a circular y ¡zas!, me empiezan a asaltar dudas: ¿en qué carril me meto para coger las rotondas si voy a salir por la segunda salida? En una recta breve, ¿merece la pena meter tercera, o sigo en segunda? Y así cada dos por tres, ¡qué agonía! ¡Qué sinvivir!
El asesor de la DGT coge al paciente consultor de la mano y, con una mirada rebosante de comprensión y bondad, le responde lo que sigue:
—Tranquilo… tranquilo… Para empezar, repase el manual y vuelva dentro de tres meses.

Como vemos, la televisión nos ofrece a los traductores cotas de entretenimiento que van más allá del contenido; el continente da mucho de sí, y no me refiero a Europa. Lo que está claro es que los traductores y otros profesionales de la lengua deberíamos evitar enunciados ambiguos como el que ha servido de inspiración para esta entrada, por leve que sea el grado de desviación. La solución pasa por pensar bien antes de escribir, revisar e informarse si nos asaltan dudas de cualquier tipo.

«Sí, vale, vale; pero, ¿al final quién gemía? ¿Catherine o Claudia?»

Por sus expresiones los conoceréis: individualizar personajes

Antes de ayer («antié» por mis latitudes) me topé con la presentación del congreso Las voces del suspense y su traducción en el género negro, celebrado en Madrid a finales de octubre y del que podéis leer una reseña en el blog de Alberto Fernández Hernández, cuya lectura recomiendo encarecidamente.

Como decía, en la presentación ya se tocan una serie de asuntos provistos de mucha enjundia, pero hubo uno que me llamó la atención por encima de los demás:

Asimismo, el diálogo ficcional es el modo discursivo para evocar la oralidad, conferir autenticidad y verosimilitud a la trama narrada y dar voz a los personajes ficticios. Una de sus funciones principales es la de caracterizar al personaje, es decir, forjar su manera de ser y actuar a través del habla, conferir credibilidad a los razonamientos y reflexiones que expresa y elaborar la personalidad que le distingue de otros participantes en la acción narrada.

Así pues, voy a proceder a intentar extrapolar lo anterior a mi experiencia en la traducción de textos de ciencia ficción.

Traducir diálogos suele plantear todo un repertorio de dificultades: desde las relativas al dialecto y sociolecto (¿cómo representar de forma adecuada este tipo de rasgos diferenciadores sin evitar caer en tópicos?), hasta pragmáticas (cuando aparecen juegos de palabras o chistes) pasando por aquellas que atañen a la individualidad de cada personaje, pues lo normal (o idóneo) es que el lector sepa diferenciar entre ellos tan sólo por cómo se expresan. Ahora bien, tampoco se le pueden pedir peras al olmo (sobre todo, porque no están de temporada): gran parte de la responsabilidad recaerá en el autor del texto original. Si este no es capaz de individualizar a sus personajes como es debido, obtendremos personajes poco memorables y proclives a que los confundamos con otros. Por lo tanto, esa carencia deberá compensarse con una prosa sugerente u otros mecanismos, es incluso posible que nosotros, como traductores, podamos llenar ese 5% de margen del que disponemos para contribuir a la causa (más adelante aportaré unos pocos ejemplos). No obstante, este espacio no pretende ser un recopilatorio de consejos sobre la creación narrativa.

Por suerte, la saga de los Amos de la Noche da muchas facilidades a este respecto. He aquí un breve muestrario de personajes arquetípicos. Adaptaré terminología del sitio TV Tropes porque me resulta muy graciosa:

El lancero o caballero sangriento (colérico): tipo Lobezno o Vegeta; aguerrido, cínico, beligerante. En la saga que nos ocupa, lo representa el personaje de Xarl. Es muy dado a menospreciar a los demás y el autor menciona su pasado barriobajero. Por lo tanto, hay que saber transmitir esa agresividad y desdén:

TO

TM

 Xarl’s nasty smile never faded. “Stern talk from the rich man’s son. Easy to use pretty words when you’re up at the top of the tower, overseeing a crime syndicate where everyone else does all the dirty work. I used to shoot City’s Edge juves when they came slumming in our sector. I loved everyminute of it, too.”  Eso no le borró a Xarl su desagradable sonrisa de la cara.
—Duras palabras viniendo del hijo de un ricachón. Es muy fácil emplear eufemismos cuando supervisas un sindicato del crimen desde lo alto de una torre y son los demás quienes te hacen el trabajo sucio. Solía disparar a los niñatos de Límite de Ciudad cuando se hacían los barriobajeros en nuestro sector. No me cansaba de cargármelos, en serio.

Vegetabezno: el vinagre definitivo.

El loco del hacha (sanguíneo): psicológicamente inestable, casi autista, a veces hace de secundario cómico. Lo encarna Uzas. A veces sus frases son complicadas de traducir porque en ocasiones entra en trance y, claro, formula frases muy cortas y extremadamente simples. Hay que respetarlo en la medida de lo posible.

TO

TM

“Hnnnh,” said Uzas in the aftermath. He dropped his weapons in disgust, letting them clatter to the floor. “No blood. No skull. No gene-seed to taste. Just a husk of slime melting into the air.” —Mmmm —emitió Uzas tras la resolución del combate. Asqueado, tiró las armas y éstas repiquetearon contra el suelo. —No hay sangre. No hay cráneo. No hay semilla genética que saborear. Sólo un cascarón de cieno que se derrite en el aire.

El guerrero cultureta (melancólico): es muy competente en combate, pero también tiene dotes de erudito, tiende al pesimismo y es educado. Son rasgos que caracterizan a Mercutian. Hay que esforzarse en reflejar el lenguaje culto que emplea el personaje y, cuando hay vacíos léxicos o sintácticos, decantarse por la opción más formal.

TO

TM

 “I was there as well, Xarl. We were the weapon humanity needed us to be. I cherish those memories, when entire worlds would surrender the moment they learned it was the Eighth Legion in orbit. Whether the Emperor demanded it of the primarch, we may never know. But we were that weapon, brother. I take pride in that.”  —Yo también estuve ahí, Xarl. Fuimos el arma que la humanidad necesitaba que fuéramos. Me resulta grato recordar cuando mundos enteros se rendían nada más enterarse de que era la Octava Legión la que tenían en órbita. Fuese o no el Emperador quien se lo exigió a nuestro primarca, nunca lo sabremos. Pero sí que fuimos esa arma, hermano. Me enorgullezco de eso. 

El chistoso (flemático): siempre está soltando chascarrillos y comentarios locuaces; puede tener otras cualidades, pero esas son las que le hacen destacar. Sirve para descargar un poco la acción mientras tira dificultades de traducción a su paso. Su exponente en la saga es Cyrion.

TO

TM

I, also, am coming,” Hound announced. Silence greeted this proclamation. “I am,” he insisted, and turned his blind eyes to Octavia. “Mistress?”
“Fine,” Cyrion chuckled. “Bring the little rat.”
—Yo, también, pienso ir —anunció Fiera. Lo que le dio la bienvenida a dicha declaración fue el silencio de los presentes—. Pienso ir —insistió, para luego mirar con sus ojos invidentes a Octavia—. ¿Ama?
—Venga, vale —concedió Cyrion riendo entre dientes—. Que se venga la pequeña rata.
Masacre es un claro exponente de este tipo de personaje.

Masacre es un claro exponente de este tipo de personaje.

El estoico: frío, eficiente, culto y especialista en lo suyo. En las novelas lo encarna Variel el Desollador, un personaje que recuerda en muchos aspectos a Hannibal Lecter, sobre todo porque es un médico sociópata. Como muchas veces hace diagnósticos a los protagonistas, hay que combinar la documentación médica con lo anteriormente dicho.

TO

TM

 “I know you, [XXX]. Nothing will be lost when you expire.” Here, he paused, but not to smile. Variel was unable to recall the last time he smiled. Not in the last decade, certainly. “Do you wish the Emperor’s Peace?”  —Te conozco, [XXX]. No se perderá nada cuando expires. —Aquí, hizo una pausa, pero no para sonreír; Variel era incapaz de recordar la última vez que había sonreído. Ciertamente, no había sido en la última década—. ¿Deseas la Paz del Emperador?

El sabelotodo: lo sabe todo de todo, aporta datos y tiene escasas dotes sociales. Características que definen muy bien al tecnosacerdote Deltrian. Debido a que se ha modificado a sí mismo para ser cada vez menos humano, quise reflejar frialdad respetando el empleo de oraciones pasivas e impersonales siempre que fuera posible o, incluso, mediante calcos, pues debido a la naturaleza del personaje, el lenguaje deberá ser lo menos natural posible. Las partes en las que interviene son las más difíciles de traducir, no ya por cómo se expresa (disfruté mucho traduciendo sus diálogos), sino por las aquellas en las que el autor resalta su inhumanidad (lo que muchas veces se emplea como recurso cómico): a veces describe imágenes complicadas de trasladar. Otra característica curiosa es que se mezcla la tecnocháchara con el lenguaje religioso. Lo dicho, el personaje da mucho de sí.

TO

TM

 “I offer you this expression of vocalised gratitude,” the tech-adept said. “As an addendum to the exchange of vital linguistics, I apply a further question. Is your arm functioning to an aceptable degree?”  —Os ofrezco la presente expresión de gratitud vocalizada —dijo el tecnoadepto—. A modo de apéndice para el intercambio lingüístico esencial, procederé a aplicar una nueva pregunta: ¿funciona vuestro brazo a niveles aceptables? 

Y a pesar de que estos son personajes más o menos arquetípicos, debido a su naturaleza (la mayoría son miembros del Adeptus Astartes, guerreros modificados genéticamente que han dejado atrás muchos aspectos de su humanidad) el muestrario léxico disponible para el traductor sufre unas cuantas limitaciones. Por ejemplo, todos son ajenos a los estímulos sexuales y tienen un registro medio-elevado, por lo que las voces soeces como «gilipollas» y «cojonudo» están vetadas. Y luego está la convención de suavizar en la medida de lo posible el lenguaje malsonante siempre y cuando sea prescindible. He aquí un ejemplo:

TO

TM

 Cyrion didn’t meet any of their gazes. “The Exalted has ordered him destroyed, no matter what we decide here. If we’re going against that order, we need to have a damn fine reason.” Cyrion no miró a nadie a los ojos.
―El Elevado ha ordenado que le destruyamos, sin importar lo que decidamos aquí. Si vamos a contravenir la orden, tiene que ser por una razón que ni en broma pueda refutarse.

No sé a vosotros, pero a mí lo que me vino a la mente fue «una razón cojonuda» o «que no pueda refutarse ni de coña». También pensé en «una razón de órdago», pero, a la vista de esto ¿habrá órdagos que valgan dentro de treinta y ocho mil años? Por no mencionar que la etimología apunta a una región demasiado concreta del territorio nacional como para que me parezca una solución adecuada.

Por último, en otra entrada ya hablé de los rapaces. Una vez más, la naturaleza del personaje juega un papel muy importante en cómo se expresa; al igual que ocurre con Uzas, los guerreros de este culto emplean frases muy simples, pero se diferencian en que la sintaxis y los términos son incluso más primitivos.

TO

TM

 “Many weeks in dock, yes-yes.”
Lucoryphus exhaled through his vocabulator in reply. Vorasha’s speech always grated against his nerves: the other Raptor barely formed words in full any more, conveying his meanings through a degenerate tongue of clicks and hisses. Statements were often punctuated by an almost infantile assurance. Yes-yes, he’d breathe, time and again. Yes-yes. If Vorasha wasn’t so skilled, Lucoryphus would’ve cut him down long ago.
“Need to soar,” Vorasha stressed. “Yes-yes.”
 —Muchas semanas atracados, sí-sí.
Lucoryphus resolló por el vocabulador a modo de respuesta. El habla de Vorasha siempre le sacaba de quicio: el otro rapaz apenas formaba palabras ya; en su lugar, transmitía sus mensajes mediante un insulso idioma de chasquidos y siseos. Solía puntualizarlos con una convicción casi infantil. «Sí-sí», siseaba él, una y otra vez. «Sí-sí». De no haber sido Vorasha tan diestro, hace tiempo que Lucoryphus le habría rajado en canal.
—Necesito remontar vuelo —insistió Vorasha—. Sí-sí.

De todos modos, como ya he mencionado antes, la mayor parte del peso en lo que a establecer diferencias entre los personajes a través de los diálogos recae en los hombros del autor. Otra forma de ayudar a distinguir los personajes es agruparlos según el grado de cortesía que se profesan cuando tratan unos con otros. Por ejemplo, los humanos se tutean menos en determinadas ocasiones (por ejemplo, cuando se dirigen a alguien de mayor rango o edad), sin embargo, cuando se dirigen a sus señores astartes, emplean el vos de deferencia, salvo cuando el contexto lo requiere. El «usted» lo emplean los astartes con sus esclavos menos cercanos, de forma muy parecida a cómo Darth Vader se dirige a sus tripulantes a bordo de la Estrella de la Muerte; por otro lado, a los esclavos con los que tienen más trato los tutean. Esto también le da pistas al lector. Ahora bien, decidir cuándo se pasa del usted al tuteo es peliagudo en algunos casos, pero de eso hablaré en otra entrada.

Y hasta aquí por hoy. Espero que pasen una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

El traductor, ese animal falible

El hombre inteligente aprende de sus propios errores, el sabio aprende de los errores de los demás.

-Arturo Adasme Vásquez

Dicen que el ser humano se equivoca. Ya hemos visto alguna que otra entrada sobre correctores que no hacen del todo bien su trabajo, o de otros profesionales por los que pasa nuestra traducción y poco menos que violan con impúdico desdén ese fruto que tanto nos ha costado cultivar (menuda imagen, ahora me imagino a un tipo con ojos que no caben en sí de libido hacerle un agujero a un melón). Uno no puede evitar pensar, entre tanto blog: «Tanta perfección y eficiencia me hace sentir “chiquitinúsculo”». No obstante, nosotros también erramos.

En fin, procederé a poner en práctica la cita de más arriba; como me considero mínimamente inteligente y quiero que vosotros seáis incluso más sabios (porque lo sois; cada día aprendo mucho con vosotros, de verdad), esta entrada va a tratar sobre errores y soluciones mejorables que he adoptado en el pasado, de las que he aprendido y en las que no volveré a caer en el futuro. O eso espero, porque ya se sabe que basta que haya una piedra en el camino y que nosotros llevemos sandalias, chancletas o, en Canarias, «cholas» (por mal que suene), para que procedamos a pegarle un puntapié. Con los consabidos e hilarantes resultados una vez nos damos cuenta de que había «más piedra» enterrada.

Bueno, a lo que íbamos. El contexto del primer ejemplo es que una tipa mu mu mala se da a la fuga y tiene agarrada por el pelo una cabeza cercenada que no para de gotear.

TO (véase V.O. de Soul Hunter: 340):

Her fingers curled in the hair of her slain prey, the head of […] clutched hard in her grip.
Drip. Drip. Drip.

El TM que le envié a la editorial a modo de propuesta de traducción:

Sus dedos aferraban el cabello de su víctima; tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Goteaba. Goteaba. Goteaba.

El TO que vio la imprenta, versión de Juan Pascual Martínez Fernández (Cazador de Almas: 316):

Sus dedos todavía aferraban el cabello de su víctima. Tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Plic. Plic. Plic.

 Bueno, es obvio que Juan Pascual ha conseguido un efecto mucho más parecido al original que el mío. Qué se le va a hacer, la única onomatopeya que se me ocurría era plotch, pero es que es muy inglés y preferí darle un giro. La risa (que no tiene ni pajolera gracia), es que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Creo que ahora lo habría traducido por puic, por afrancesado que quede. Aunque de haberme puesto cabezota con mi solución, a lo mejor habría puesto «Gota. Tras gota. Tras gota», ¡yo qué sé! Ains, dejadme en paz. Estoy divagando.

He aquí a la responsable de muchas carreras perdidas en el Super Mario Kart.

Otro error (este sí, fatídico) es que, parece ser que algún suceso cósmico de gran envergadura provocó una cantidad de radiación ultrarrepollina tal, que omití dos renglones. Imperdonable. En mi defensa diré que es la novela que me hizo ponerme gafas por primera vez tras revisarla cuatro veces en la pantalla del ordenador, lo que resultó ser todo un acontecimiento en el hogar de este humilde servidor vuestro, dado que era el único de mi familia que no las llevaba… Al final tuvo razón Jennifer Vela en el curso de localización que impartió en mi facultad, allá por 2008 (qué tiempos acrisísticos, aquellos):

El destino de todo traductor es llevar gafas.

Una frase ominosa que, dos años después, se hizo realidad para mí.

Como decía, parece evidente que la muy ladina (la traducción) se salió con la suya en su afán de hacer de mí un traidor.

—Que no, que es imperdonable, Sergio. Y punto.
—¡Pero es verdad! Tenía los ojos cuajadísimos.

En fin. He aquí el fragmento de marras:

TO (véase Soul Hunter: 168):

`(…). You leech strenght from other sources, because your own legion´s might is almost gone.`
Silence answered this proclamation. Talos broke it again.
`This meeting is a facet of that. You wonder how my power will benefit your failing armies.`
Abaddon might have laughed.

Tanto el primer como el último renglón sí los incluí; los he reproducido para contextualizar un poco. Podemos apreciarlo mejor en el TM que le envié a la editorial:

—(…). Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
Abaddon podría haberse reído.

El TM que vio la luz (Cazador de almas:159):

»Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
La respuesta a aquella declaración fue el silencio, un silencio que Talos interrumpió de nuevo.
—Esta reunión no es más que una muestra de todo eso. Te preguntas el modo en el que mi poder podrá ayudar a tus debilitados ejércitos.
Abaddon podría haberse reído.

Como podemos ver, tampoco es que sea información vital; no se dan datos reveladores porque el personaje se limita a parafrasear lo que acaba de decir más arriba. Sin embargo, la ética profesional es la ética profesional. Aunque haya experimentado este varapalo, lo cierto es que he aprendido:

  1. A admitir que debía ponerme gafas.
  2. A cotejar con frecuencia el TM y el TO.
  3. A revisar los documentos en PDF con Times New Roman por fuente (sencillamente, es distinto).
  4. A asegurarme de que no he omitido nada por accidente.

Es mucho lo que uno puede aprender de los errores. Y nadie nace aprendido, el método del ensayo-error alcanza todos los campos del saber. De hecho, os formularé la siguiente pregunta: ¿acaso alguna vez no habéis visto una traducción vuestra de hace tiempo y habéis pensado «anda que no he aprendido desde entonces ni nada»? Y os respondo a otra que seguramente os habréis preguntado al abrir el blog y ver de qué trataba el asunto: «¿es que no le preocupan las repercusiones de esta entrada?». Bueno, sería ilógico asegurar que ningún traductor se equivoca; del mismo modo que también lo sería declarar que no aprendemos de nuestros errores.

Como profesionales que somos, siempre nos esforzamos por ponernos al día en el uso de nuestra lengua y herramientas de trabajo porque queremos hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, creo que los traductores somos un gremio humilde que no tiene nada que temer al decir «pues mire, sí; me he equivocado, pero no va a volver a ocurrir». Que por cada veintena de propuestas acertadas haya algún error me parece lo más natural del mundo, por muy libro de autoayuda que suene. Y ahora que lo pienso, acabo de dejar patente que es difícil para mí volver a caer en esos errores.

Somos humanos. Somos falibles. Es más, estoy casi seguro de que, de haberse publicado mi versión, el editor o el corrector se habría puesto en contacto conmigo para hacérmelo saber. Es más, me pasó en Cosechador de sangre: en un pasaje hablan de un niño que va a clase (intrigante cuando uno ve el título de la novela, ¿verdad?) y claro, uno sabe que el término que se usa en este universo para «colegio» es scholam. El caso es que en el texto se usa la palabra tuition, que yo traduje por «tuición», sin percatarme de que tuition es una voz real del sistema angloparlante:

tuition
tu·i·tion

   [too-ish-uhn, tyoo-]

noun
1. the charge or fee for instruction, as at a private school or a college or university: The college will raise its tuition again next year.
2. teaching or instruction, as of pupils: a school offering private tuition in languages.
3. Archaic . guardianship or custody.

 (http://dictionary.reference.com/browse/tuition?s=t)

 Como en esta franquicia son tan dados a crear palabras a raíz de bases latinas, pensé que este sería otro caso y no le di mayor importancia, porque me esperaba que la palabra para «clase» fuera de esta naturaleza, no una palabra normalita. Además, por el contexto se sabía que se referían a ir a clase, o sea que si se hubiera quedado, no habría repercutido en el flujo narrativo. Afortunadamente, en la editorial sonaron las sirenas de alarma al verlo y lo cambiaron; claro ejemplo de una simbiosis perfecta y eficiente entre profesionales.

Y no es que esquive mi deber como traductor de revisar al milímetro los textos (el último encargo, en prensa, lo revisé tres veces, por ejemplo), es que si la metodología que se sigue es que exista la figura del revisor, pues por algo será. De hecho, ¿cómo nos explicamos los fallos de traducción que se ven por ahí, si esos textos han pasado por las manos del traductor, del revisor, del editor y quién sabe qué persona más? Lo dicho. Falibles. Imperfectos. Humanos.

P.D.: ahora añadiría un enlace al vídeo de White Zombie More Human Than Human, pero me abstendré por ciertas leyes sobre propiedades intelectuales.

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