La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

La anfibología inofensiva (o no)

Cuando estudiamos en la licenciatura, uno de los defectos de estilo sobre el que más nos advierten es la anfibología o ambigüedad. Esta puede manifestarse por muchas razones, la mayoría de ellas de índole sintáctica o derivadas de la práctica translatológica:

Catherine´s eyes fixed upon Claudia´s, her dog. Then she started to moan in horror.
Catherine clavó la mirada en la de Claudia, su perra. Entonces, comenzó a gemir, presa del terror.

¿Quién gime? ¿Catherine o Claudia? Una solución podría ser añadir alguna fórmula como «la primera», «esta última» y similares. De lo que no hay duda es que el grado de ambigüedad resulta palpable, incluso para un lector lego, alejado de las vicisitudes lingüísticas del día a día traductoril. Sin embargo, esto no siempre es así.

«En caso de duda, no se instale una cerradura en el cráneo y luego, si eso, consulte a su farmacéutico.»

Hace un par de días estaba viendo los informativos de Antena 3, en el que destacaron los bancos de niebla en el centro peninsular. Me llamó la atención la expresión siguiente: «La DGT nos da unos consejos para conducir más seguros». Ahí fue cuando el traductosentido de un servidor comenzó a zumbar. A simple vista, por el contexto se entiende que se trata de consejos para conducir con mayor seguridad en situaciones de poca visibilidad como esta. Sin embargo, ¿podría hablarse de una «anfibología “inofensiva”», en la que el grado de desvío entre dos posibles opciones consiste en meros matices que casi llegan a confluir en un mismo resultado semántico? Porque conducir más seguro una vez seguimos las pautas de la DGT puede conllevar conducir con mayor seguridad. No obstante, existe un margen de desvío: en un alarde de ignorancia o negligencia, podemos sentirnos seguros de las decisiones que tomamos al volante, por demenciales que sean:

—Señor, iba a ciento veinte por la autopista. Multa al canto.
—¡Pero si es la velocidad permitida!
—¿Es que no se ha dado cuenta de que la visibilidad es menor del setenta por ciento?
—¡Pero si por esta vía nunca pasa nadie!

Ahora bien, de no contar con el contexto,  uno podría pensar que la DGT, siempre interesada en que el tráfico fluya sin incidentes ni demoras, ha emprendido una campaña de asesoramiento psicológico a los conductores que no saben si deben detenerse o no en un ceda el paso.  Uno se imagina el diálogo siguiente:

—Es que es coger el volante, comenzar a circular y ¡zas!, me empiezan a asaltar dudas: ¿en qué carril me meto para coger las rotondas si voy a salir por la segunda salida? En una recta breve, ¿merece la pena meter tercera, o sigo en segunda? Y así cada dos por tres, ¡qué agonía! ¡Qué sinvivir!
El asesor de la DGT coge al paciente consultor de la mano y, con una mirada rebosante de comprensión y bondad, le responde lo que sigue:
—Tranquilo… tranquilo… Para empezar, repase el manual y vuelva dentro de tres meses.

Como vemos, la televisión nos ofrece a los traductores cotas de entretenimiento que van más allá del contenido; el continente da mucho de sí, y no me refiero a Europa. Lo que está claro es que los traductores y otros profesionales de la lengua deberíamos evitar enunciados ambiguos como el que ha servido de inspiración para esta entrada, por leve que sea el grado de desviación. La solución pasa por pensar bien antes de escribir, revisar e informarse si nos asaltan dudas de cualquier tipo.

«Sí, vale, vale; pero, ¿al final quién gemía? ¿Catherine o Claudia?»

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Por sus expresiones los conoceréis: individualizar personajes

Antes de ayer («antié» por mis latitudes) me topé con la presentación del congreso Las voces del suspense y su traducción en el género negro, celebrado en Madrid a finales de octubre y del que podéis leer una reseña en el blog de Alberto Fernández Hernández, cuya lectura recomiendo encarecidamente.

Como decía, en la presentación ya se tocan una serie de asuntos provistos de mucha enjundia, pero hubo uno que me llamó la atención por encima de los demás:

Asimismo, el diálogo ficcional es el modo discursivo para evocar la oralidad, conferir autenticidad y verosimilitud a la trama narrada y dar voz a los personajes ficticios. Una de sus funciones principales es la de caracterizar al personaje, es decir, forjar su manera de ser y actuar a través del habla, conferir credibilidad a los razonamientos y reflexiones que expresa y elaborar la personalidad que le distingue de otros participantes en la acción narrada.

Así pues, voy a proceder a intentar extrapolar lo anterior a mi experiencia en la traducción de textos de ciencia ficción.

Traducir diálogos suele plantear todo un repertorio de dificultades: desde las relativas al dialecto y sociolecto (¿cómo representar de forma adecuada este tipo de rasgos diferenciadores sin evitar caer en tópicos?), hasta pragmáticas (cuando aparecen juegos de palabras o chistes) pasando por aquellas que atañen a la individualidad de cada personaje, pues lo normal (o idóneo) es que el lector sepa diferenciar entre ellos tan sólo por cómo se expresan. Ahora bien, tampoco se le pueden pedir peras al olmo (sobre todo, porque no están de temporada): gran parte de la responsabilidad recaerá en el autor del texto original. Si este no es capaz de individualizar a sus personajes como es debido, obtendremos personajes poco memorables y proclives a que los confundamos con otros. Por lo tanto, esa carencia deberá compensarse con una prosa sugerente u otros mecanismos, es incluso posible que nosotros, como traductores, podamos llenar ese 5% de margen del que disponemos para contribuir a la causa (más adelante aportaré unos pocos ejemplos). No obstante, este espacio no pretende ser un recopilatorio de consejos sobre la creación narrativa.

Por suerte, la saga de los Amos de la Noche da muchas facilidades a este respecto. He aquí un breve muestrario de personajes arquetípicos. Adaptaré terminología del sitio TV Tropes porque me resulta muy graciosa:

El lancero o caballero sangriento (colérico): tipo Lobezno o Vegeta; aguerrido, cínico, beligerante. En la saga que nos ocupa, lo representa el personaje de Xarl. Es muy dado a menospreciar a los demás y el autor menciona su pasado barriobajero. Por lo tanto, hay que saber transmitir esa agresividad y desdén:

TO

TM

 Xarl’s nasty smile never faded. “Stern talk from the rich man’s son. Easy to use pretty words when you’re up at the top of the tower, overseeing a crime syndicate where everyone else does all the dirty work. I used to shoot City’s Edge juves when they came slumming in our sector. I loved everyminute of it, too.”  Eso no le borró a Xarl su desagradable sonrisa de la cara.
—Duras palabras viniendo del hijo de un ricachón. Es muy fácil emplear eufemismos cuando supervisas un sindicato del crimen desde lo alto de una torre y son los demás quienes te hacen el trabajo sucio. Solía disparar a los niñatos de Límite de Ciudad cuando se hacían los barriobajeros en nuestro sector. No me cansaba de cargármelos, en serio.

Vegetabezno: el vinagre definitivo.

El loco del hacha (sanguíneo): psicológicamente inestable, casi autista, a veces hace de secundario cómico. Lo encarna Uzas. A veces sus frases son complicadas de traducir porque en ocasiones entra en trance y, claro, formula frases muy cortas y extremadamente simples. Hay que respetarlo en la medida de lo posible.

TO

TM

“Hnnnh,” said Uzas in the aftermath. He dropped his weapons in disgust, letting them clatter to the floor. “No blood. No skull. No gene-seed to taste. Just a husk of slime melting into the air.” —Mmmm —emitió Uzas tras la resolución del combate. Asqueado, tiró las armas y éstas repiquetearon contra el suelo. —No hay sangre. No hay cráneo. No hay semilla genética que saborear. Sólo un cascarón de cieno que se derrite en el aire.

El guerrero cultureta (melancólico): es muy competente en combate, pero también tiene dotes de erudito, tiende al pesimismo y es educado. Son rasgos que caracterizan a Mercutian. Hay que esforzarse en reflejar el lenguaje culto que emplea el personaje y, cuando hay vacíos léxicos o sintácticos, decantarse por la opción más formal.

TO

TM

 “I was there as well, Xarl. We were the weapon humanity needed us to be. I cherish those memories, when entire worlds would surrender the moment they learned it was the Eighth Legion in orbit. Whether the Emperor demanded it of the primarch, we may never know. But we were that weapon, brother. I take pride in that.”  —Yo también estuve ahí, Xarl. Fuimos el arma que la humanidad necesitaba que fuéramos. Me resulta grato recordar cuando mundos enteros se rendían nada más enterarse de que era la Octava Legión la que tenían en órbita. Fuese o no el Emperador quien se lo exigió a nuestro primarca, nunca lo sabremos. Pero sí que fuimos esa arma, hermano. Me enorgullezco de eso. 

El chistoso (flemático): siempre está soltando chascarrillos y comentarios locuaces; puede tener otras cualidades, pero esas son las que le hacen destacar. Sirve para descargar un poco la acción mientras tira dificultades de traducción a su paso. Su exponente en la saga es Cyrion.

TO

TM

I, also, am coming,” Hound announced. Silence greeted this proclamation. “I am,” he insisted, and turned his blind eyes to Octavia. “Mistress?”
“Fine,” Cyrion chuckled. “Bring the little rat.”
—Yo, también, pienso ir —anunció Fiera. Lo que le dio la bienvenida a dicha declaración fue el silencio de los presentes—. Pienso ir —insistió, para luego mirar con sus ojos invidentes a Octavia—. ¿Ama?
—Venga, vale —concedió Cyrion riendo entre dientes—. Que se venga la pequeña rata.
Masacre es un claro exponente de este tipo de personaje.

Masacre es un claro exponente de este tipo de personaje.

El estoico: frío, eficiente, culto y especialista en lo suyo. En las novelas lo encarna Variel el Desollador, un personaje que recuerda en muchos aspectos a Hannibal Lecter, sobre todo porque es un médico sociópata. Como muchas veces hace diagnósticos a los protagonistas, hay que combinar la documentación médica con lo anteriormente dicho.

TO

TM

 “I know you, [XXX]. Nothing will be lost when you expire.” Here, he paused, but not to smile. Variel was unable to recall the last time he smiled. Not in the last decade, certainly. “Do you wish the Emperor’s Peace?”  —Te conozco, [XXX]. No se perderá nada cuando expires. —Aquí, hizo una pausa, pero no para sonreír; Variel era incapaz de recordar la última vez que había sonreído. Ciertamente, no había sido en la última década—. ¿Deseas la Paz del Emperador?

El sabelotodo: lo sabe todo de todo, aporta datos y tiene escasas dotes sociales. Características que definen muy bien al tecnosacerdote Deltrian. Debido a que se ha modificado a sí mismo para ser cada vez menos humano, quise reflejar frialdad respetando el empleo de oraciones pasivas e impersonales siempre que fuera posible o, incluso, mediante calcos, pues debido a la naturaleza del personaje, el lenguaje deberá ser lo menos natural posible. Las partes en las que interviene son las más difíciles de traducir, no ya por cómo se expresa (disfruté mucho traduciendo sus diálogos), sino por las aquellas en las que el autor resalta su inhumanidad (lo que muchas veces se emplea como recurso cómico): a veces describe imágenes complicadas de trasladar. Otra característica curiosa es que se mezcla la tecnocháchara con el lenguaje religioso. Lo dicho, el personaje da mucho de sí.

TO

TM

 “I offer you this expression of vocalised gratitude,” the tech-adept said. “As an addendum to the exchange of vital linguistics, I apply a further question. Is your arm functioning to an aceptable degree?”  —Os ofrezco la presente expresión de gratitud vocalizada —dijo el tecnoadepto—. A modo de apéndice para el intercambio lingüístico esencial, procederé a aplicar una nueva pregunta: ¿funciona vuestro brazo a niveles aceptables? 

Y a pesar de que estos son personajes más o menos arquetípicos, debido a su naturaleza (la mayoría son miembros del Adeptus Astartes, guerreros modificados genéticamente que han dejado atrás muchos aspectos de su humanidad) el muestrario léxico disponible para el traductor sufre unas cuantas limitaciones. Por ejemplo, todos son ajenos a los estímulos sexuales y tienen un registro medio-elevado, por lo que las voces soeces como «gilipollas» y «cojonudo» están vetadas. Y luego está la convención de suavizar en la medida de lo posible el lenguaje malsonante siempre y cuando sea prescindible. He aquí un ejemplo:

TO

TM

 Cyrion didn’t meet any of their gazes. “The Exalted has ordered him destroyed, no matter what we decide here. If we’re going against that order, we need to have a damn fine reason.” Cyrion no miró a nadie a los ojos.
―El Elevado ha ordenado que le destruyamos, sin importar lo que decidamos aquí. Si vamos a contravenir la orden, tiene que ser por una razón que ni en broma pueda refutarse.

No sé a vosotros, pero a mí lo que me vino a la mente fue «una razón cojonuda» o «que no pueda refutarse ni de coña». También pensé en «una razón de órdago», pero, a la vista de esto ¿habrá órdagos que valgan dentro de treinta y ocho mil años? Por no mencionar que la etimología apunta a una región demasiado concreta del territorio nacional como para que me parezca una solución adecuada.

Por último, en otra entrada ya hablé de los rapaces. Una vez más, la naturaleza del personaje juega un papel muy importante en cómo se expresa; al igual que ocurre con Uzas, los guerreros de este culto emplean frases muy simples, pero se diferencian en que la sintaxis y los términos son incluso más primitivos.

TO

TM

 “Many weeks in dock, yes-yes.”
Lucoryphus exhaled through his vocabulator in reply. Vorasha’s speech always grated against his nerves: the other Raptor barely formed words in full any more, conveying his meanings through a degenerate tongue of clicks and hisses. Statements were often punctuated by an almost infantile assurance. Yes-yes, he’d breathe, time and again. Yes-yes. If Vorasha wasn’t so skilled, Lucoryphus would’ve cut him down long ago.
“Need to soar,” Vorasha stressed. “Yes-yes.”
 —Muchas semanas atracados, sí-sí.
Lucoryphus resolló por el vocabulador a modo de respuesta. El habla de Vorasha siempre le sacaba de quicio: el otro rapaz apenas formaba palabras ya; en su lugar, transmitía sus mensajes mediante un insulso idioma de chasquidos y siseos. Solía puntualizarlos con una convicción casi infantil. «Sí-sí», siseaba él, una y otra vez. «Sí-sí». De no haber sido Vorasha tan diestro, hace tiempo que Lucoryphus le habría rajado en canal.
—Necesito remontar vuelo —insistió Vorasha—. Sí-sí.

De todos modos, como ya he mencionado antes, la mayor parte del peso en lo que a establecer diferencias entre los personajes a través de los diálogos recae en los hombros del autor. Otra forma de ayudar a distinguir los personajes es agruparlos según el grado de cortesía que se profesan cuando tratan unos con otros. Por ejemplo, los humanos se tutean menos en determinadas ocasiones (por ejemplo, cuando se dirigen a alguien de mayor rango o edad), sin embargo, cuando se dirigen a sus señores astartes, emplean el vos de deferencia, salvo cuando el contexto lo requiere. El «usted» lo emplean los astartes con sus esclavos menos cercanos, de forma muy parecida a cómo Darth Vader se dirige a sus tripulantes a bordo de la Estrella de la Muerte; por otro lado, a los esclavos con los que tienen más trato los tutean. Esto también le da pistas al lector. Ahora bien, decidir cuándo se pasa del usted al tuteo es peliagudo en algunos casos, pero de eso hablaré en otra entrada.

Y hasta aquí por hoy. Espero que pasen una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

Retrospectálisis 2012 Champion Edition

Es una reflexión penosa para un hombre considerar lo que ha hecho, comparado con lo que debió hacer.

Samuel Butler

Bueno, bueno, tampoco hay que ser tan duro, «Samu». A veces, hacer balance nos vale para poner nuestras ideas en orden y saber por dónde podemos tirar. Puede, incluso, que nos sirva para proponernos seguir en la misma línea o en otra mucho más adecuada a nuestros fines.

Qué new age estoy hoy.

Ejem. Bueno, como ya habréis podido adivinar (sólo falta poner un cartel luminoso para dar más pistas), en esta entrada voy a tomar un enfoque más personal. Ya se sabe, mucho trabajo y poca diversión hacen de Sergio un tipo tristón.

Está claro que este ha sido un año clave para mí. Lo empecé cursando el Máster de Traducción de la ULPGC a la vez que lo compaginé con mi primer encargo profesional, nada más y nada menos que una novela. Os garantizo, queridos lectores, que ha sido toda una montaña rusa. A ello se suma la redacción del TFM; las prácticas de empresa en Subbabel, donde fueron muy cordiales; sacar tiempo de debajo de las piedras para traducir la novela y dedicarme a las tareas académicas; tratar de desconectar del ordenador para entrenar, o, incluso, probar técnicas de meditación para despejarme (sin éxito, he de admitir). Al menos hice Yoga con mi compañera de piso unas cuantas veces. Es increíble lo que la vida sedentaria puede hacerle al cuerpo humano.

Imagen de archivo de vuestro humilde servidor.

Imagen de archivo de vuestro humilde servidor a principios de año.

En cuanto acabaron las clases a finales de abril, empezó la fase de recuperación. Ya había acabado la novela, los trabajos de rigor y asistido a las prácticas, por lo que este período se vio caracterizado por una puesta a punto a nivel personal. Comencé a retomar poco a poco el deporte, a quedar más con los amigos y a bajar un poco el ritmo. Aunque tampoco me pude relajar mucho, porque el TFM requería mi atención como si de un tamagotchi se tratase. Tras unos cuantos meses de preparación y visitas reiteradas a Ana Mª García Álvarez, mi tutora, llegó el día de la exposición. Debido a una serie de catastróficas desdichas, mi turno se retrasó tres horas, pero conservé la calma: por alguna desconocida y extraña razón que desconozco y me extraña, siempre me ha gustado hablar en público; supongo que desde que aprendí por fin a pronunciar la con doce años ya no me quise callar más y, desde entonces, esa presencia aviesa que mora en mi interior quiere que todo el mundo pague con intereses.

El jurado de la exposición me animó lo que no está escrito. Baste decir que el esfuerzo mereció mucho la pena. Cuando regresé a casa, vi que me había llegado un correo en el que me pasaban otro encargo que me iba a tener ocupado todo el verano. Por favor, Dios, Buddha, Brahmā, Khorne, Cthulhu o Presencia Todopoderosa que estás (o no) en los Cielos, quiero más días como ese. Gracias.

Así que comenzó otro período de dos meses en los que tuve que disciplinarme. Este verano no iba a tener vacaciones. Me propuse traducir un mínimo de diez páginas al día y no descuidarme con el ejercicio, por lo que me obligué a despertarme a las 6.30 todos los días (los findes transigía un poco y me despertaba a las 8.00) y a parar una hora por las tardes para entrenar tres veces por semana. En agosto me llegó un anuncio de Trágora en el que publicitaban un curso de fiscalidad para traductores autónomos, lo que me vino que ni pintado, porque precisamente hacía poco que me había dado de alta. Así que tocó volver a compaginar formación y trabajo. De hecho, de ese curso nació este blog, mi página de Facebook y mis cuentas de Twitter y LinkedIn.

«Señor, exijo una satisfacción» —Homer Simpson.

«Señor, exijo una satisfacción» —Homer Simpson.

Lo cierto es que hacerse todos esos perfiles resultó agotador. Sin embargo, gracias a ellos he empezado a conocer colegas de profesión que no dejan de estimularme las neuronas. Sin embargo, no les presté mucha atención a las redes sociales hasta que entregué la novela. Llegados a ese punto el parón fue monumental, tanto, que entré en una pequeña crisis, porque se hace duro no tener nada que echarse a la boca cuando uno está acostumbrado a no parar. A raíz de ello comencé a tomarme más en serio esto de ser traductor 2.0, pero algo que ansío de verdad es poder compartir en vivo y en directo charlas con colegas de profesión. Así pues, aparte de conseguir más clientes, la siguiente meta es ir a un sarao de traducción, porque cada vez que veo crónicas de los asistentes a estos certámenes en sus blogs se me ponen los dientes largos cual morsa. Además, ya que me he hecho las tarjetas, habrá que repartirlas, ¿no? He aquí el reverso (tenebroso) de mi tarjeta:

Todos hemos sido ese niño.

Todos hemos sido ese niño.

Otro hito en mi «yo» profesional fue que este año he tratado vía ciberespacio con Xosé Castro y otros profesionales de renombre (el mero hecho de que Manuel de los Reyes le diera a «me gusta» en mi página de FB ya me mató). De verdad, no quiero quedar como un pelota: ya sé que en los tiempos que corren no es que sea una hazaña, pero para alguien que se ha visto obligado a vivir de tareas alejadas de la traducción (el socorrismo acuático y la cocina, por ejemplo) y que ha estado del todo desconectado de la traductosfera, es todo un triunfo. Da la sensación de que por fin estoy encaminando mi vida en la dirección que quiero. Sé que estoy más que capacitado para ello. Tan sólo me hacen falta oportunidades.

En resumen, a pesar de los altibajos anímicos (derivados tanto del exceso de actividad como de la falta de ella), ha sido uno de mis mejores años. Pienso poner toda la carne en el asador para que el que viene siga en la misma línea o incluso mejor.

Dieta para cerebros hambrientos

¡DAME DE COMERRRRR!

-Audrey, planta carnívora sobredimensionada

Me encanta «La pequeña tienda de los horrores»; era una de mis películas favoritas de pequeño. A veces me siento identificado con el protagonista de «Sigue soñando», que vio tanta televisión de niño que cada vez que le ocurría algo lo relacionaba con una escena o frase célebre de un programa de televisión o film. Pues aquí pasa lo mismo. Mi cerebro, cuando tiene hambre, adopta la voz de Miguel Ángel Jenner, el actor que dobla a Samuel L. Jackson, y me grita la frasecita de más arriba. Y contesto «Sí, mi Khan» (otra referencia) y procedo a satisfacer los deseos del insaciable dios que mora dentro de esa maraca que tengo por cavidad craneal. Pero hay ocasiones en las que ese dios que provee está más hambriento que nunca y nos exige un sacrificio para que lo aplaquemos:

Te acaban de dar un encargo muy voluminoso a la par que enjundioso que tienes que entregar, a lo sumo, dentro de un par de meses (con sus revisiones previas y pertinentes, claro está) y decides remangarte y «ponerte al tajo, digooo al trabajo», como John Hammond. Necesitas estar al cien por cien. Necesitas nutrirte como es debido. He aquí unos pocos consejos:

El desayuno: la comida más importante del día, la llaman, y no sin razón; son las primeras reservas energéticas que suministramos al cuerpo y, teniendo en cuenta que la nuestra es una actividad que exige mucho rendimiento por parte del cerebro, debería ser lo más nutritivo posible. Ahora bien, ¿cómo enfocarlo?

En mi caso, desayunaba dos veces; el primer turno nada más levantarme, a eso de las 6.30, y el segundo, a media mañana, sobre las 10.00 o las 11.00. Sin embargo, como me di cuenta que conforme pasaba la semana había días en los que no rendía tanto por el agotamiento, invertía las cantidades de cada turno: los días que estaba «fresco», el primer turno lo hacía más ligero que el segundo. Y los días en que me levantaba como si me hubieran pegado una paliza, invertía el aporte nutricional. Un ejemplo:

Es lunes. Me levanto de un salto de la cama, dándole vueltas a cómo puedo transformar esa palabra compuesta en una sola lo bastante creativa y descriptiva, al tiempo que me dirijo a la cocina. Abro la nevera y cojo dos piezas de fruta de entre una selección de plátanos, manzanas y naranjas y a estas les sumo un yogur natural que voy a aderezar con miel y muesli (que ni fundéu ni el DRAE recogen en sus bases de datos). Desglosemos:

El plátano es rico en hidratos de carbono, esos troncos de madera que echamos a la caldera que es el metabolismo y sin los cuales no podríamos funcionar, pese a que muchos productos esgriman el argumento falaz de «bajo en hidratos de carbono = no engorda». Lo que engorda es no quemar esa energía que le damos al organismo. Lo mejor de todo es que el plátano, aparte de estimular la mente debido a su contenido en fósforo y vitamina C, debido a su riqueza en potasio ayuda contra la retención de líquidos al contrarrestar los niveles de sodio (necesario en cantidades normales, por otro lado), lo que a todos los efectos lo convierte en un complemento ideal para las dietas de adelgazamiento. Por si fuera poco, mejora la circulación, algo que como animales un tanto sedentarios que somos, se agradece bastante.

Por su parte, la naranja también tiene niveles más que aceptables de fósforo (bueno), potasio (bueh, es necesario) y sodio (necesario también, aunque lo hemos contrarrestado con el plátano). Su mayor baza nutricional es su alto contenido en vitamina C y A. Además, sólo tiene un 5% de azúcar.

La manzana tiene muchas propiedades, entre las que destacan su capacidad diurética, su alto contenido en fibra, vitamina A y pectina (combate la diabetes). Además, ayuda a quemar grasa.

El yogur natural contiene más proteína y calcio que un vaso de leche y encima tiene menos índices de sodio, aunque suele depender de la marca que compremos, claro está. Contiene índices bajos de grasas saturadas, colesterol y lactosa, lo que a los intolerantes a este hidrato de carbono les beneficia al poder aportar a sus organismos los beneficios de la leche sin tener que robarle a Cleopatra nada de la piscina. También es un alimento probiótico, que, para que nos hagamos una idea, hace de él una nave de desembarco en la que unos pequeños «soldadocilos» se despliegan en el intestino y se atrincheran en la flora intestinal para resistir el asedio del E. coli y otras bacterias no tan afables.

La miel es el tipo de azúcar más saludable que puede tomarse, ya que posee muchas vitaminas y supone un chute energético que va directo al cerebro. El muesli también es rico en vitaminas, del grupo B (ideal contra migrañas y beneficiosas para los ojos), sobre todo, pero además aporta cantidades ingentes de proteínas, hierro y fibra.
Lo dicho, un primer desayuno ligero, pero extremadamente nutritivo.

El segundo, a eso de las 11.00, es un poco más contundente: consiste en un vaso (más bien tazón) de leche con cacao, cereales y un sándwich integral de mantequilla de cacahuete (maní) y mermelada, que por asqueroso que suene, está bien rico y aporta una cantidad de nutrientes ideal para reponer todo lo que hemos gastado por la mañana.

¿Cómo? ¿Me dices que tú no traduces, sino que interpretas? Bueno, pues si combinas cualquiera de estos dos desayunos con un puñado de frutos secos (avellanas, nueces y almendras, todas ellas naturales, sin sal) justo antes de la interpretación, le darás unas reservas de energía a tu cerebro que te durarán bastante. De hecho, puedes llevarte una bolsita e ir comiendo de ahí durante los descansos (recomiendo que también lleves agua, claro, porque secan la boca bastante). Verás que el bajón energético no es tan acusado. Esto se explica debido a su altísimo contenido en vitaminas del grupo B, que ayudan a paliar la fatiga, el estrés y el síndrome premenstrual («y ya si los comes con chocolate ni te cuento», pensaréis) y por muchas otras cualidades sobre las que puedes leer aquí. Cabe destacar que ácido Omega 3 ayuda en las funciones cognitivas del cerebro, tanto en la memoria como en el rendimiento y, como colofón, reduce los triglicéridos (grasas malas).

Todo un aliado de nuestra profesión.

Ahora bien, a mitad de semana suelo sufrir un bajón. Esto lo suelo contrarrestar invirtiendo el orden de los desayunos; necesito más energía de entrada que luego puedo reponer con el desayuno más ligero. Suele funcionar.

El almuerzo: he notado que lo que me despierta de verdad es una «macroensalada» con tomate, escarola, lechuga, zanahoria, maíz dulce («millo», por estos lares), atún, piña y aceite de oliva. El aguacate también contiene mucho Omega 3, así que conviene tenerlo presente, aunque por aquí está tan caro que lo suelo reservar para esos días bobos en los que no doy pie con bola.

Ahora bien, una ensalada en invierno como que no apetece tanto. Si queremos aportar carbohidratos y recuperar energía, nada como un buen potaje, ya sea de lentejas, judías, verduras, berros… Con una comida así nunca te vas a equivocar, porque las legumbres aportan cantidades enormes de proteínas, carbohidratos (recordemos que son necesarios), vitaminas, minerales, fibra y, encima, apenas contienen azúcares.

Tampoco podemos olvidarnos de la carne, gran fuente de proteínas.

Las sardinas regulan el colesterol y contienen ácidos grasos insaturados, cuyos beneficios ya hemos repasado.

Con la pasta hay que tener algo de cuidado. Es cierto que aporta muchos hidratos que van directos al cerebro, pero también es verdad que el bajón que da luego si no la gastamos en seguida puede ser contraproducente. Lo mejor es comerla con moderación o combinada en una ensalada.

La merienda: podemos probar con una pieza de fruta, un yogur o una compota (si les añadimos miel y frutos secos, mejor todavía). El té viene muy bien para ponernos las pilas y seguir trabajando.

La cena: aquí depende de nuestros hábitos. Si trabajamos mejor de noche o la fecha de entrega se cierne inexorablemente sobre nosotros y tenemos que entregar el encargo cuanto antes, entonces a lo mejor sí nos conviene cenar un poco más fuerte de lo habitual. Yo suelo cenar lo que desayuno; hay gente que cena «comida de plato». Sin embargo, lo cierto es que la cena debería ser la comida más ligera; quizá podrían combinarse dos tentempiés.

Para no extenderme demasiado, voy a dejarlo aquí. Lo cierto es que hay miles de combinaciones posibles y que me he dejado mucho en el tintero, pero tampoco quiero aburrir ni escribir la Biblia. Espero que hayáis aprendido algo y que os sirva de ayuda.

¡Buen provecho!

El traductor, ese animal falible

El hombre inteligente aprende de sus propios errores, el sabio aprende de los errores de los demás.

-Arturo Adasme Vásquez

Dicen que el ser humano se equivoca. Ya hemos visto alguna que otra entrada sobre correctores que no hacen del todo bien su trabajo, o de otros profesionales por los que pasa nuestra traducción y poco menos que violan con impúdico desdén ese fruto que tanto nos ha costado cultivar (menuda imagen, ahora me imagino a un tipo con ojos que no caben en sí de libido hacerle un agujero a un melón). Uno no puede evitar pensar, entre tanto blog: «Tanta perfección y eficiencia me hace sentir “chiquitinúsculo”». No obstante, nosotros también erramos.

En fin, procederé a poner en práctica la cita de más arriba; como me considero mínimamente inteligente y quiero que vosotros seáis incluso más sabios (porque lo sois; cada día aprendo mucho con vosotros, de verdad), esta entrada va a tratar sobre errores y soluciones mejorables que he adoptado en el pasado, de las que he aprendido y en las que no volveré a caer en el futuro. O eso espero, porque ya se sabe que basta que haya una piedra en el camino y que nosotros llevemos sandalias, chancletas o, en Canarias, «cholas» (por mal que suene), para que procedamos a pegarle un puntapié. Con los consabidos e hilarantes resultados una vez nos damos cuenta de que había «más piedra» enterrada.

Bueno, a lo que íbamos. El contexto del primer ejemplo es que una tipa mu mu mala se da a la fuga y tiene agarrada por el pelo una cabeza cercenada que no para de gotear.

TO (véase V.O. de Soul Hunter: 340):

Her fingers curled in the hair of her slain prey, the head of […] clutched hard in her grip.
Drip. Drip. Drip.

El TM que le envié a la editorial a modo de propuesta de traducción:

Sus dedos aferraban el cabello de su víctima; tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Goteaba. Goteaba. Goteaba.

El TO que vio la imprenta, versión de Juan Pascual Martínez Fernández (Cazador de Almas: 316):

Sus dedos todavía aferraban el cabello de su víctima. Tenía la cabeza del […] bien sujeta.
Plic. Plic. Plic.

 Bueno, es obvio que Juan Pascual ha conseguido un efecto mucho más parecido al original que el mío. Qué se le va a hacer, la única onomatopeya que se me ocurría era plotch, pero es que es muy inglés y preferí darle un giro. La risa (que no tiene ni pajolera gracia), es que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Creo que ahora lo habría traducido por puic, por afrancesado que quede. Aunque de haberme puesto cabezota con mi solución, a lo mejor habría puesto «Gota. Tras gota. Tras gota», ¡yo qué sé! Ains, dejadme en paz. Estoy divagando.

He aquí a la responsable de muchas carreras perdidas en el Super Mario Kart.

Otro error (este sí, fatídico) es que, parece ser que algún suceso cósmico de gran envergadura provocó una cantidad de radiación ultrarrepollina tal, que omití dos renglones. Imperdonable. En mi defensa diré que es la novela que me hizo ponerme gafas por primera vez tras revisarla cuatro veces en la pantalla del ordenador, lo que resultó ser todo un acontecimiento en el hogar de este humilde servidor vuestro, dado que era el único de mi familia que no las llevaba… Al final tuvo razón Jennifer Vela en el curso de localización que impartió en mi facultad, allá por 2008 (qué tiempos acrisísticos, aquellos):

El destino de todo traductor es llevar gafas.

Una frase ominosa que, dos años después, se hizo realidad para mí.

Como decía, parece evidente que la muy ladina (la traducción) se salió con la suya en su afán de hacer de mí un traidor.

—Que no, que es imperdonable, Sergio. Y punto.
—¡Pero es verdad! Tenía los ojos cuajadísimos.

En fin. He aquí el fragmento de marras:

TO (véase Soul Hunter: 168):

`(…). You leech strenght from other sources, because your own legion´s might is almost gone.`
Silence answered this proclamation. Talos broke it again.
`This meeting is a facet of that. You wonder how my power will benefit your failing armies.`
Abaddon might have laughed.

Tanto el primer como el último renglón sí los incluí; los he reproducido para contextualizar un poco. Podemos apreciarlo mejor en el TM que le envié a la editorial:

—(…). Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
Abaddon podría haberse reído.

El TM que vio la luz (Cazador de almas:159):

»Absorbéis fuerzas de otras fuentes porque el poder de vuestra propia legión casi ha desaparecido.
La respuesta a aquella declaración fue el silencio, un silencio que Talos interrumpió de nuevo.
—Esta reunión no es más que una muestra de todo eso. Te preguntas el modo en el que mi poder podrá ayudar a tus debilitados ejércitos.
Abaddon podría haberse reído.

Como podemos ver, tampoco es que sea información vital; no se dan datos reveladores porque el personaje se limita a parafrasear lo que acaba de decir más arriba. Sin embargo, la ética profesional es la ética profesional. Aunque haya experimentado este varapalo, lo cierto es que he aprendido:

  1. A admitir que debía ponerme gafas.
  2. A cotejar con frecuencia el TM y el TO.
  3. A revisar los documentos en PDF con Times New Roman por fuente (sencillamente, es distinto).
  4. A asegurarme de que no he omitido nada por accidente.

Es mucho lo que uno puede aprender de los errores. Y nadie nace aprendido, el método del ensayo-error alcanza todos los campos del saber. De hecho, os formularé la siguiente pregunta: ¿acaso alguna vez no habéis visto una traducción vuestra de hace tiempo y habéis pensado «anda que no he aprendido desde entonces ni nada»? Y os respondo a otra que seguramente os habréis preguntado al abrir el blog y ver de qué trataba el asunto: «¿es que no le preocupan las repercusiones de esta entrada?». Bueno, sería ilógico asegurar que ningún traductor se equivoca; del mismo modo que también lo sería declarar que no aprendemos de nuestros errores.

Como profesionales que somos, siempre nos esforzamos por ponernos al día en el uso de nuestra lengua y herramientas de trabajo porque queremos hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, creo que los traductores somos un gremio humilde que no tiene nada que temer al decir «pues mire, sí; me he equivocado, pero no va a volver a ocurrir». Que por cada veintena de propuestas acertadas haya algún error me parece lo más natural del mundo, por muy libro de autoayuda que suene. Y ahora que lo pienso, acabo de dejar patente que es difícil para mí volver a caer en esos errores.

Somos humanos. Somos falibles. Es más, estoy casi seguro de que, de haberse publicado mi versión, el editor o el corrector se habría puesto en contacto conmigo para hacérmelo saber. Es más, me pasó en Cosechador de sangre: en un pasaje hablan de un niño que va a clase (intrigante cuando uno ve el título de la novela, ¿verdad?) y claro, uno sabe que el término que se usa en este universo para «colegio» es scholam. El caso es que en el texto se usa la palabra tuition, que yo traduje por «tuición», sin percatarme de que tuition es una voz real del sistema angloparlante:

tuition
tu·i·tion

   [too-ish-uhn, tyoo-]

noun
1. the charge or fee for instruction, as at a private school or a college or university: The college will raise its tuition again next year.
2. teaching or instruction, as of pupils: a school offering private tuition in languages.
3. Archaic . guardianship or custody.

 (http://dictionary.reference.com/browse/tuition?s=t)

 Como en esta franquicia son tan dados a crear palabras a raíz de bases latinas, pensé que este sería otro caso y no le di mayor importancia, porque me esperaba que la palabra para «clase» fuera de esta naturaleza, no una palabra normalita. Además, por el contexto se sabía que se referían a ir a clase, o sea que si se hubiera quedado, no habría repercutido en el flujo narrativo. Afortunadamente, en la editorial sonaron las sirenas de alarma al verlo y lo cambiaron; claro ejemplo de una simbiosis perfecta y eficiente entre profesionales.

Y no es que esquive mi deber como traductor de revisar al milímetro los textos (el último encargo, en prensa, lo revisé tres veces, por ejemplo), es que si la metodología que se sigue es que exista la figura del revisor, pues por algo será. De hecho, ¿cómo nos explicamos los fallos de traducción que se ven por ahí, si esos textos han pasado por las manos del traductor, del revisor, del editor y quién sabe qué persona más? Lo dicho. Falibles. Imperfectos. Humanos.

P.D.: ahora añadiría un enlace al vídeo de White Zombie More Human Than Human, pero me abstendré por ciertas leyes sobre propiedades intelectuales.

«… No lo consiguieron».

Un minuto de silencio…

…por los términos que creé y que no llegaron a la versión final ni de Cazador de almas —principalmente, porque la tradujo Juan Pascual Martínez; yo hice una suerte de «fantradu»— ni de Cosechador de sangre.

En efecto, esta entrada bien podría titularse «De la mano del editor o corrector en las decisiones del traductor (II)», pero creo que ya basta por una temporada de artículos a medias. No obstante, no voy a marear más la perdiz, que la pobre ya tiene lo suyo sorteando los balazos de cazadores desaprensivos que no se conforman con las latas de legumbres del súper. Hoy voy a señalar dos problemas de traducción que me exigieron algunas dosis de creatividad, pero que a la hora de la verdad, no llegaron a figurar en papel.

Una de las principales características de la ciencia ficción es que todos sus universos (léase franquicias), adoptan su propia terminología; se regodean en ella, retozan en ella, se enorgullecen de ella. Y claro, los aficionados comparten dicho entusiasmo: al fin y al cabo, se trata de mecanismos que hacen de sus objetos de deseo algo especial, genuino. Sin embargo, hay ocasiones en que traducir dichos términos provoca más de un dolor de cabeza.

El primero es todo un clásico de Warhammer 40k: el término vox.

Ya comenté en una entrada anterior que en este universo no se habla inglés, sino lo que viene a ser el hijo pedante del latín y de la lengua de Shakespeare (un dato curioso y muy friki es que en una novela de la Herejía de Horus se cita a este autor, pero debido al devenir del tiempo, su nombre ha derivado en Shakespear, mezcla de «agitar» y «lanza») y que el lector lo que lee es, a todos los efectos, una traducción. Por tanto, nos encontramos voces como «exterminatus», «enginarium» (traducido como «maquinarium», por «sala de máquinas»), «Imperium», «Administratum» u otros más rimbombantes como el gremio del «Adeptus Astra Telepathica». En fin, el término «vox» engloba a todo «mensaje de voz» que llegue por radio. Un ejemplito que se me acaba de ocurrir:

“This is one warp-pissed example”, said Captain Exaemplicus over the vox.

 Claro, uno podría decir «ah, pero eso se deja así tal cual y ya está». Pues no, porque a veces te encuentras engéndridos como el que viene ahora:

“I´ll grant you a quick death”, growled the Captain with his low vox-voice.

¿«Voxvoz»? ¿«Voxtono»? No me negaréis que se las trae para que sea mínimamente musical por lo redundante que es la palabra en sí misma. Por no mencionar que la «x» es un poco pérfida en lo que al fluir armonioso de las palabras se refiere.

Así pues, la primera vez que me topé con este término me acordé de la 3ª. edición del codex de la Guardia Imperial: cuentan con una tropa que bautizaron con el nombre de «vocoperador», del término vox-operator; un operario de comunicaciones cuyo propósito es transmitir por radio información táctica en el campo de batalla. Por lo tanto, pensé «Pues ya está; formo las palabras compuestas con “voco-”, y asunto arreglado». Y así, lexías como «vox-roar», «vox-voice», «vox-link» o «vox-distortion» se transformaron en «vocorugido», «vocovoz», «vocoenlace» y «vocodistorsión», respectivamente. De esta forma, conseguí emular (gracias al traductor que ideó lo de «vocoperador» en primer lugar, eso sí) la versatilidad inglesa en la formación de palabras y, además, ayudaría a asentar un mecanismo de formación de palabras característico de la franquicia.

«Sí. Sí. ¿Está Abaddon “el Saqueador”? Que se ponga».

Cuánto pesar sentí al verme obligado a cambiarlo debido a varias razones. La primera era que claro, la primera novela no me la dieron y cuando traduje la segunda, habría quedado raro sacarme esa terminología de la manga. La coherencia y la cohesión ante todo, mis drugos. La segunda, fue que en ninguna novela publicada hasta la fecha se ha promovido dicho mecanismo, sino que se traduce por «comunicador», «enlace de voz», etc., por lo que la intertextualidad y, otra vez, la cohesión, resultaron ser barreras infranqueables. Aún hoy me despierto por las noches en medio de sudores fríos y clamando «¡vocoenlace!» a las sombras que abrazan mi habitación.

El segundo problema que comentaré hoy no está falto de chicha. Viene dado por la siguiente muestra (vése V.O. de Blood Reaver:294):

Musing in the calm before the storm, the daemon immersed itself within its own mind, seeking any memory-scent that might lead it to Vandred.

TM:

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro mnemodorífico que pudiera llevarle hasta Vandred.

 El TM que se publicó (Cosechador de sangre):

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro de la mente que pudiera llevarle hasta Vandred.

Claro, uno entiende que «mnemodorífico» sea un poco críptico para el lector común y que, a veces, los traductores nos pasamos de frikis de la etimología, pero hay una razón para esta decisión. En el contexto de la novela, uno de los personajes lleva siglos poseído por un demonio, entidad con la que comparte cuerpo y mente. Sin embargo, dicha presencia es ahora la parte dominante y se limita a extraer conocimientos tácticos del «alma huésped» cada vez que es necesario. Este pasaje alude a esa usurpación cognitiva.

Encontramos un referente muy conocido en el ámbito de la literatura fantástica en la saga de la escritora británica J.K. Rowling, Harry Potter, ya que en el primer volumen de la saga, Harry Potter y la Piedra Filosofal (ed. Salamandra, 1999) se tradujo el término original Death Eater como «mortífago».

Al ser el español una lengua romance, al lector de esa cultura no le cuesta demasiado trabajo descifrar las palabras de origen griego o latino, cualidad que hace este tipo de decisiones idóneas, sobre todo si tenemos en cuenta el trasfondo lingüístico pseudoclásico del universo de Warhammer 40.000 que ya comenté antes. Sin olvidar con ello que la formación de palabras compuestas de origen griego y latino constituye una gran parte de la base de la creación de palabras del español, debido, sobre todo, a lo fácil que resulta la fusión cognitiva de elementos léxicos. En otras palabras, si el objetivo de nuestro subskopos consiste en respetar la formación de palabras compuestas mediante dos términos tan cognitivamente alejados (a priori) como «memoria» y «olor», las herramientas disponibles en español para la formación de palabras resultan insuficientes debido a lo forzado que sigue siendo «memoloroso», ejemplo que, además, podría dar lugar a ambigüedades relativamente graciosas al poderse interpretar como una crítica a las facultades intelectuales y olorosas del aludido en cuestión (encima de perro, apaleado). No obstante, el texto hace referencia a ese fenómeno que todos hemos experimentado en el que un olor nos conduce hasta un recuerdo. En este caso, el demonio intenta seguir el olor «mental» del anterior dueño de esa psique, por lo que para desambiguar el término y dar pistas de que se trata de un fenómeno mental, me pareció adecuado usar raíces griegas y latinas, pues le dan cierto carácter «científico» al poder asociarse con facilidad con el término «mnemotécnico». Además, siempre me ha parecido más natural formar palabras compuestas que separarlas con un guión o por sintagmas, aunque depende del contexto y de lo extendido que dicha práctica esté en la franquicia que traducimos (en Warhammer tienen hasta pósters de palabras compuestas inventadas, diría yo).

Sin embargo, como dije antes, entiendo el cambio a la perfección: a veces es mejor no andarse con artificios y tratar de comunicar de la forma más sencilla posible un concepto, y más si es uno tan complicado como este.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún hijo que os han arrebatado en el postoperatorio?

¡A metaforamorfosearse! (II)

Procedamos a la segunda parte de nuestro breve repaso a las dificultades de índole metafórica en la traducción. La siguiente dificultad supone un exponente clarísimo de lo mucho que apuesta la lengua inglesa por el empleo de onomatopeyas en la formación de palabras (véase V.O. de Blood Reaver: 21):

His screen had crackled, buzzed, popped and hissed before. It had never shrieked.

TM:

La pantalla había crepitado, zumbado, chisporroteado y siseado antes. Jamás había chillado.

En este caso, los verbos que hemos empleado comparten cierto carácter onomatopéyico con sus homónimos ingleses. El único término que resultó ser más lejano y que, en consecuencia, supuso una mayor dificultad fue popped, pero nos servimos de la scene que evocaba el original. Sin embargo, también nos apoyamos en los diccionarios:

popped

[pop]

pop

1    [pop] Show IPA verb, popped, pop·ping, noun, adverb, adjective

verb (used without object)

1.

to make a short, quick, explosive sound: The cork popped.

2.

to burst open with such a sound, as chestnuts or corn in roasting.

(http://dictionary.reference.com/browse/popped?s=t)

Según el DRAE:

chisporrotear.

1. intr. coloq. Dicho del fuego o de un cuerpo encendido: Despedir chispas reiteradamente.

Como vemos, existe cierto desfase entre el marco inglés y el marco español. Sin embargo, la escena que evoca la definición del RAE casa con la del TO, dado que podría aludirse que «chisporrotear» comparte un rasgo muy relevante con to pop, como es la cadencia constante de sonidos abruptos. Además, chisporrotear cuenta con cierto carácter onomatopéyico que, al igual que crepitar, recuerda al sonido de estática de un televisor. Esto concuerda de forma precisa con el TO.

«Hala, ya se ha vuelto a ir la señal del TDT».

Otro ejemplo de un uso similar lo vemos en el siguiente fragmento (véase V.O. de Blood Reaver: 338):

Her fingers began to hit keys, tip-tapping an override code across the small monitor.

TM:

Sus dedos comenzaron a teclear un código de anulación que corrió a lo largo del monitor de pequeño tamaño.

Aquí vemos dos factores interesantes, el primero, es el verbo que el autor ha creado en la V.O. a partir de dos onomatopeyas y que en el TM se ha fundido en un verbo estándar español; el segundo, la metáfora que puede desprenderse del TM (es decir, correr a lo largo de por tip-tapping across) y cuyo cometido es reforzar la escena que el verbo creado para el TO evoca de un modo tan, si no visual, sí auditivo: uno casi puede «palpar» la acción. Pero vayamos por partes.

El primer escollo lo representa el verbo to hit, que en nuestro idioma suele traducirse por «golpear» o «impactar», pero que no resulta demasiado preciso en el contexto que nos ocupa. Ahora bien, to hit denota intensidad, fuerza e incluso rapidez, lo que ayuda a construir la escena que pretende transmitir el autor. «Teclear» no tiene por qué evocar ni rapidez ni fuerza, pero el verbo «correr» ayuda a paliar esa carencia. El segundo lo conforma el verbo to tip-tap, que pone de manifiesto la versatilidad de la lengua inglesa a la hora de crear nuevas palabras. Tanto to hit como to tip-tap se han amalgamado en el TM en el verbo «teclear», que necesita combinarse con más elementos para establecer un marco fiel a la escena original. Como hemos dicho antes, esto se soluciona con el verbo «correr», ya que se establece una relación lógica en los procesos cognitivos del lector: «si el texto “corre” entonces es que está tecleando rápido». Podemos ver la escena que el autor trata de transmitir con este vídeo.

Ahora bien, hay veces en que las dificultades relativas a las onomatopeyas, metáforas y derivados pasa por la creación de nuevas onomatopeyas. Recientemente, en un texto nos encontramos con la onomatopeya freeeem, que intentaba transcribir ni más ni menos que el sonido de un cañón láser acumulando energía. Claro, aquí uno tiene que echarle «bemoles» a la cosa y, a falta de una onomatopeya establecida, crear una propia. En este caso, nos limitamos a adaptarla al español: «friiiiiim». Como veis, la ciencia ficción es campo abonado para la formación de nuevas onomatopeyas, lexías y expresiones.

Y hasta aquí, esta breve muestra a las soluciones a las que puede llegar un traductor cuando se encuentra con este tipo de dificultades. Espeo que la hayáis encontrado mínimamente útil o interesante.

¡A metaforamorfosearse! (I)

La traducción de la metáfora en el mundo narrativo ha sido la fuente de ríos de tinta en el ámbito traductológico. Y no es para menos, dado que es posible que se trate del recurso estilístico más utilizado, junto con la metonimia.

En esta entrada haremos un breve recorrido por algunos problemas de índole metafórica que encontramos en Blood Reaver.  Además, veremos metonimias y onomatopeyas, pues podría alegarse que la onomatopeya no es sino una metáfora fonética que vincula una lexía al sonido al que hace referencia.

La obra Introducción a la lingüística cognitiva (Cuenca y Hilferty: 119) dedica su cuarto capítulo al análisis de la metáfora y la metonimia y hace referencia a las expresiones idiomáticas de la siguiente forma:

En el fondo, la idiomaticidad se basa en la posibilidad de sacar provecho de facetas asociativas de nuestro conocimiento del mundo con el fin de proyectar la situación que éstas representan sobre otra de índole análoga. En muchas ocasiones, estas asociaciones derivan de nuestros modelos cognitivos cuya naturaleza idealizada nos permite sacar el sentido pertinente de la expresión en cuestión.

Un ejemplo lo tenemos en la solución tomada para la siguiente muestra (véase V.O. de Blood Reaver: 230):

 “You have quite an imagination, brother.”

TM:

—Qué imaginación te gastas, hermano.

La estructura interna de la frase hecha podría analizarse si tomamos como punto focal el núcleo verbal gastar. Desde un punto de vista cognitivo, asociamos la idea de gastar con derrochar («hay que reducir gastos», «gastó todo lo que le quedaba», «el gasto público no se ha gestionado bien»), hecho que hemos potenciado con el uso de una locución exclamativa que, al igual que ocurre con el original, se encarga de magnificar el núcleo sintagmático imagination. En el TO, quite cumple esa misma función.

Según Cuenca y Hilferty (1999), la metáfora es un mecanismo cognitivo que nos permite entender y formular situaciones complejas mediante el empleo de conceptos más básicos y conocidos (c.f. Johnson 1987 y Lakoff 1987a) y, de hecho, resulta más frecuente en el lenguaje común de lo que podría pensarse en un principio. Sin embargo, también es conveniente distinguir entre las expresiones metafóricas y las metáforas conceptuales. Cuenca y Hilferty (ibid.) definen a las primeras como casos individuales de metáforas conceptuales que son, señalan, esquemas abstractos con los que agrupamos expresiones metafóricas. Dicho de otro modo, podemos expresar una metáfora conceptual base mediante varias expresiones metafóricas. Según Lakoff y Johnson (1980), la estructura interna de las metáforas conceptuales se rige según dos dominios: el dominio origen, que es el que presta sus conceptos, y el dominio destino, que es al que se superponen dichos conceptos. Así pues, la metáfora es un proceso mediante el cual proyectamos uno o varios conceptos del dominio origen sobre un dominio destino. Por ejemplo:

Dominio origen: el fútbol

Dominio destino: la lucha

a) Expresión metafórica:

El equipo visitante ha luchado con uñas y dientes para ganar.

b) Expresión metafórica:

El equipo X se ha vengado del equipo Y en el partido de vuelta.

Metáfora conceptual:

EL FÚTBOL ES UNA LUCHA.

Según Lakoff y Kövecses (1987; también en Lakoff 1987a) dichas proyecciones pueden pertenecer a dos tipos, de los cuales el primero lo forman las proyecciones ontológicas, en las que se establece una analogía entre las subestructuras del dominio origen y el dominio destino, tal y como ocurre en la siguiente metáfora conceptual, TRADUCIR ES NAVEGAR:

a.     la traducción corresponde a navegar.

b.     la persona que traduce un texto corresponde a aquella que navega con un barco.

c.     traducir un texto corresponde a navegar con el barco y

d.     navegar hasta llegar a puerto corresponde a traducir un texto de manera aceptable.

El segundo tipo comprende las correspondencias epistémicas, que no conectan las subestructuras entre los dos dominios, sino que «representan el conocimiento que se importa del dominio origen al dominio destino» (Cuenca y Hilferty, 1999:102). Así que, si volvemos a la metáfora conceptual TRADUCIR ES NAVEGAR, en relación con actividades que en primera instancia no tienen nada en común, y nos detenemos en el rasgo que comparten ambas acciones, podremos deducir que el factor común de ambas radica en trasladar algo de un sitio a otro:

Dominio origen: mediante la traducción trasladamos un texto de una lengua original a otra.

Dominio destino: mediante la navegación trasladamos un barco de un sitio a otro.

Aparte de la metáfora conceptual, Lakoff (1987b) habla de la metáfora de imagen, que consiste en la proyección esquemática de una imagen sobre otra (véase V.O. de Blood Reaver: 214):

Tower-top weapon batteries hurled their payloads into the sky, massive mouths thundering.

TM:

Las baterías de cañones en lo alto de las torres lanzaban sus cargas explosivas al cielo con el tronar de sus inmensas fauces.

El dominio origen es el extremo de los cañones por los que salen los proyectiles (la boca del arma), mientras que el dominio destino es fauces. Así pues, la voz boca, tal y como se usa en la terminología balística, se cimenta sobre la proyección de la forma esquemática de la boca de un ser vivo sobre la imagen del extremo abierto de un arma que escupe proyectiles.

Ahora sí, ¿no?

Y hasta aquí la primera parte. En la siguiente, añadiremos las onomatopeyas a la mezcla. Espero vuestros comentarios.

Fuentes:

CUENCA, MARÍA JOSEP; HILFERTY, JOSEPH. 1999. Introducción a la lingüística cognitiva. Barcelona: Ariel.

DEMBSKI-BOWDEN, AARON. 2011. Blood Reaver. Nottinghham: Black Library Publishing. [Traducción española de Sergio Núñez Cabrera. 2012. Cosechador de sangre. Barcelona: Timun Mas].

JOHN FILLMORE, CHARLES. 1977. «Scenes-and-Frames Semantics». Linguistic Structures Processing. Amsterdam: A. Zampolli,pp. 55-82.

LAKOFF, GEORGE; JOHNSON, MARK. 1980. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

LAKOFF, GEORGE; ZOLTÁN KÖVECSES. 1987. «The cognitive model of anger inherent in American English». En D. Holland y N. Quinn (eds.), Cultural models in language and thought, pp. 195-221.

LAKOFF, GEORGE. 1987a. Women, Fire and Dangerous Things. What Categories Reveal about the Mind. Chicago: University of Chicago Press.

—1987b. «Image Metaphors». Metaphor and Symbolic Activity, pp. 219-222.

Una historia de violencia (I)

Avisados quedáis.

Aviso: las imágenes que contiene esta entrada pueden ser un poco desagradables.

Pensad en Star Wars, en The Walking Dead, en Juego de tronos o, como no podía ser de otra forma, en Warhammer. Todos estos trasfondos tienen en común que describen universos ficticios en los que prima el conflicto, universos en los que se agrede a los demás de formas rotundas y expeditivas (por no mencionar el derroche de imaginación que suponen). De hecho, no hay que irse a la fantasía para ver que la violencia es un tema recurrente en la narrativa, los videojuegos, el cine y la televisión. Sin embargo, es cierto que en la fantasía y la ciencia ficción los sucesos no son tanto «Paquito le propinó un puñetazo en la cara a Fernando en el patio del colegio» sino más bien «el sable de luz le rebanó el brazo a Darth Ejemplus a la altura del codo, cuyo muñón quedó cauterizado al instante». Y esto es bastante limpio, porque hay franquicias más violentas que otras, en los que la carga semántica de verbos como «destrozar», «romper» o «cortar» pasan al nivel «hermanita de la caridad», a favor de otros como «reventar», «borbotear», «cercenar», «destripar» o «abrir» (en canal, vaya). Escoger palabras insulsas para describir hechos atroces (si bien muy entretenidos) puede restar impacto a la escena que estamos describiendo. Bien es cierto que tampoco hay que pedirle peras al olmo y que hay que tener en cuenta al autor, pues puede que este no le dé tanta importancia a lo que en la frikisfera se denomina «porno bélico» y más a la evolución de los personajes, la historia, etc. Claro que sí.
¡Que no, que es broma! A ver, si te metes a autor de este tipo de narrativa, está claro que esas secuencias van a ser, la mayoría de veces, cruciales o importantes en la historia y que conforman una parte considerable de lo entretenida o no que resulta una novela de este tipo. A fin de cuentas, no se trata de cuatro páginas en la que te están describiendo lo bellos que son los almendros del patio de la fortaleza ni del exquisito acabado de las jambas en relieve de la puerta principal, sino que te está narrando cómo esos personajes con los que tanto te identificas y que quieres que progresen en la vida (¡almas de cántaro!) están rodeados, espalda contra espalda, dispuestos a vender caras sus vidas ante una horda de enemigos.

El cásting de «Mira quién baila» lo ha petado este año.

En serio, resulta descorazonador que te estés leyendo una novela (de esta índole, se entiende) y pienses «pero qué pelea más aburrida; ¿sabes qué te digo? Que a ver si matan al prota y le dan vidilla a esto». Creo que esto puede suceder por varios motivos, de los que ahora mismo se me ocurren tres:

1)      el autor no ha logrado que te preocupes por los personajes.

2)      el autor no crea peleas novedosas; has leído esto un millón de veces antes, lo único que cambian son los nombres y apellidos de los contendientes.

3)      las palabras empleadas en la traducción no transmiten el impacto necesario, o bien, son imprecisas.

Es este último caso el que podemos remediar, como traductores que somos. No se trata de inventarse nada ni de serle «infiel» al autor. Se trata de que si a alguien le cortan la pierna a la altura de la corva o jarreta (a la que el común de los mortales se refiere como «la parte trasera de la rodilla») no escribas «y le cortó la parte trasera de la rodilla», sino «y lo desjarretó». En realidad, el autor es el que marca el compás, pero siempre hay ocasiones en las que el traductor puede dejar su impronta, pues puede que haya vacíos léxicos en la lengua original o la descripción sea imposible de ser trasladada tal cual a la lengua meta.

El bueno de Darth Maul ha tenido los reflejos suficientes como para parar dos sablazos directos al lado oscuro de sus bajos.

Me vienen a la cabeza tres estadios en los que podemos detenernos. El primero consiste en las técnicas de combate; el segundo, en los efectos, y, el tercero, en las consecuencias. Las técnicas de combate son los movimientos o acciones que efectúan los personajes para acabar con sus adversarios. Lo incluyo porque los movimientos pueden transmitir violencia, aunque no surtan efecto ni lleguen a su destino. Por ejemplo, una serie de expresiones recurrentes de las que me acuerdo ahora son:

ACCIÓN TM DESCRIPCIÓN
.Trazar un arco (descendente o no).

.Efectuar un mandoble (si es con las dos manos).

.Asestar una cuchillada o un tajo.
.Acometer con un espadazo.

To swing (a sword, a hammer, a flail) or to slung. Son siempre verbos que describen movimientos circulares y amplios. Trazar un arco puede ser más elegante; los mandobles y espadazos suelen ser más pesados o brutales, y asestar cuchilladas alude a la rapidez y virulencia de los ataques.
.Propinar un tajo, puñetazo, guantazo o golpe de revés. To backswing. Muy autodescriptivo.
.Empalar.
.Incrustar.
.Asestar una estocada.

.Perforar.

.Atravesar.
.Apuñalar (si es con un puñal o una espada muy corta y por la espalda).

To ram or nail. Todos describen la misma idea, pero la carga semántica difiere en cada caso. Por ejemplo, «empalar» tiene connotaciones más crueles que «atravesar».
.Alzar el arma.

.Llevarse el arma al hombro.

.Enarbolar el arma (en caso de que sea de filo y sea por encima de la cabeza)

To rise a gun or weapon. Dependiendo del contexto, a veces es más descriptiva la segunda forma (la escuadra investiga una estancia con posibles enemigos).
.Efectuar un barrido con el arma (normalmente al hombro).
.Recorrer (la zona) con el arma.
To scan with a gun. Típico de las tácticas bélicas contemporáneas.
.Llevarse el arma al hombro con pesadez.
.Enarbolar el arma o trazar arcos (con pesadez).
To sling the weapon over one´s shoulder.
To sling the weapon.
Da idea del peso del arma.
.Retorcer (si se lleva un arma) o incluso hurgar.

.Dislocar.

.Luxar.

.Arrancar.

.Retorcer hasta arrancar (un miembro, por ejemplo).

To wrench. Siempre denota inquina por parte del agente.
.Constreñir.

.Apretar.

.Estrangular.

.Aplastar.

.Espachurrar.

.Reventar.

To squeeze or to press. Depende del agente, de cuánto se prolongue la acción y del registro, así como de la zona afectada.

Pues yo no veo ningún piojo, no. Espera, que tiro un poco para verlo más de cerca.

Por su parte, los efectos se refieren a lo que sucede cuando las técnicas de combate han dado en el blanco, han chocado contra alguna coraza o escudo o no han acertado su objetivo:

EFECTO TM DESCRIPCIÓN
.Destripar.

.Sacar las tripas o entrañas.

.Despanzurrar.

.Eviscerar.

To disembowel or to gut. ¿Hace falta decir algo más? Sí, que dependen del registro.
.Cercenar.

.Seccionar.

.Decapitar.

.Desjarretar.

.Despernar.

.Mutilar.
.Rebanar.

.Segar.

.Amputar.

.Sesgar.

.Escindir.

.Cizallar.

.Cortar.

To cut X off.

 

 

 

 

 

¡Hay tanto donde elegir! Ahora bien, algunas denotan mayor «pulcritud» que otras. Dependerá de la destreza marcial del agente y del contexto, claro.
.Hacer estallar.

.Detonar.

.Reventar.

.Explosionar.

.Desgajar.
.Volar (algo).

To blow X off. Hay matices: por ejemplo, «reventar» denota mayor «humedad» que «explosionar», que seguramente no dará lugar a restos orgánicos.
.Disparar.

.Abrir fuego.

.Fusilar.

.Ametrallar.

.Descargar.

To shoot (against). «Fusilar» es más restrictivo que «disparar», que es el término no marcado. «Ametrallar» denota una acción prolongada. «Abrir fuego» se refiere sólo al comienzo del tiroteo.
.Rebotar.

.Chocar.

.Impactar.

.Estrellarse.

.Alcanzar.

Bounce from or to hit against. A veces, no hace falta aludir a la idea de «rebotar» pues, según el contexto, la fuerza empleada y las superficies que choquen entre sí, se sobreentenderá que el objeto rebota.
.Matar.

.Liquidar.

.Acabar con.

.Eliminar.

.Asesinar.

To kill. Así damos variedad al texto. Podría decirse que «asesinar» funciona mejor con personajes específicos e importantes y que «liquidar» denota mayor crueldad.
.Cubrirse.

.Protegerse.

.Desviar (depende del contexto).

.Bloquear.

.Rechazar.

To parry. ¡Viva! Nos hemos cubierto a tiempo y el hacha ha impactado contra el escudo.
.Lanzar.

.Arrojar.

.Proyectar.

To hurl or throw. «Arrojar» suele referirse a tirar a alguien de algún punto elevado y «lanzar» se emplea más bien en sentido ascendente.
.Comer.

.Devorar.

.Darse un festín.

.Carcomer (armas con filo de motosierra).

.Roer (armas con filo de motosierra).

To eat. Depende del contexto y de lo mucho que el autor haya empleado la misma escena, pues un arma también puede devorar; sería una metáfora.
.Arrancar la piel (a tiras).

.Despellejar.

.Desollar.

.Excoriar.

To flail. ¡Ras! En el primer ejemplo, depende del contexto. El último, del registro y de lo que se repitan los anteriores.
.Soltar o proferir un alarido.

.Pegar un grito.
.Bramar.
.Gritar.

.Aullar.

.Chillar.

To scream or to yell. La violencia también puede ser acústica. Dependiendo de quién emita el sonido (si el atacante o la víctima) o del físico o de la naturaleza del personaje, nos decantaremos por unos u otros. Un elfo nunca bramaría; un orco sí.

 

El joven Timothy se entusiasmó sobremanera con el proceso de fabricación de Heinz Ketchup.

Por último, las consecuencias aluden a lo que sucede después de que las técnicas y efectos hayan tenido lugar.

CONSECUENCIA TM DESCRIPCIÓN
.Partir por la mitad.

.Separar a alguien de sus piernas.

.Cortar en dos.

.Seccionar por la mitad.

To cut in half. El problema va a ser siempre si es de forma horizontal o vertical. Dependemos del autor para que dé más datos. O bien, siempre podemos decantarnos por la primera opción, que seguro que no nos equivocamos.
.Sanguinolento.

.Desangrarse.

.Bañado en sangre.

.Ensangrentado.

.Empapado de sangre.

Bleeding. Depende del contexto. En muchos sentidos.
.Surtidor de sangre.

.La sangre mana con efusividad.

.Lluvia de sangre.

To Spray (blood). Al más puro estilo anime japonés.
.La sangre mana de forma profusa o con profusión.

.Cae un torrente de sangre.

.Cae una cascada de sangre.

.La sangre inunda X (el suelo, por ejemplo).

.La sangre cae en regueros.

To flood (blood). Lo hemos visto muchas veces en las películas cuando a alguien le atraviesan el estómago y se pasa a un primer plano de su rostro. Hay que transmitir la crudeza de la escena lo mejor posible.
.Destrozar.

.Desgajar.

.Fracturar.

.Desquebrajar.

.Aplastar.

.Defenestrar.

.Machacar.

.Romperse con un crujido.

.Crujir.

.Reventar.
.Abrir.

To crush. ¡Ay! Mis pobres huesitos de pollo. Hay que tomar más vitamina D.
.(Quedar hecho) una masa informe de restos sanguinolentos.

.(Quedar hecho) un puré (o una papilla) de restos orgánicos.

To become a bloody paste. No queda mucho reconocible de la víctima. Siempre denota viscosidad o espesor.
.Agonizar.

.Sufrir estertores.

.Morir entre jadeos.

.Sufrir convulsiones.

To agonize. No hay mucho que comentar.
.Morir abrasado.

.Morir incinerado.

.Arder hasta la muerte.

.Sufrir quemaduras fatales.

To burn. Cada una activa imágenes distintas. Hay que evitar el uso de «calcinar» en la medida de lo posible.
.Derretirse.

.Deshacerse.

.Formar un charco en el suelo.

.Licuarse.

To melt. «Deshacerse» es más higiénico que «derretirse», la verdad.

 

«¿Ve lo que le digo, doctor? Estas almorranas me matan».

A todas estas listas se pueden añadir «potenciadores», como «de golpe», «con rapidez», «de repente», «súbito», «con fuerza», etc. Ayudan a precisar más en las imágenes que queremos describir, según el caso.

Lo cierto es que este tema podría servir como base para una tesis doctoral. De hecho, creo que me dejo mucho en el tintero, así que es probable que añada más reflexiones con respecto al tema en el futuro. Espero que esta entrada os haya parecido útil o interesante.

Un saludo,

Sergio

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