La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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La anfibología inofensiva (o no)

Cuando estudiamos en la licenciatura, uno de los defectos de estilo sobre el que más nos advierten es la anfibología o ambigüedad. Esta puede manifestarse por muchas razones, la mayoría de ellas de índole sintáctica o derivadas de la práctica translatológica:

Catherine´s eyes fixed upon Claudia´s, her dog. Then she started to moan in horror.
Catherine clavó la mirada en la de Claudia, su perra. Entonces, comenzó a gemir, presa del terror.

¿Quién gime? ¿Catherine o Claudia? Una solución podría ser añadir alguna fórmula como «la primera», «esta última» y similares. De lo que no hay duda es que el grado de ambigüedad resulta palpable, incluso para un lector lego, alejado de las vicisitudes lingüísticas del día a día traductoril. Sin embargo, esto no siempre es así.

«En caso de duda, no se instale una cerradura en el cráneo y luego, si eso, consulte a su farmacéutico.»

Hace un par de días estaba viendo los informativos de Antena 3, en el que destacaron los bancos de niebla en el centro peninsular. Me llamó la atención la expresión siguiente: «La DGT nos da unos consejos para conducir más seguros». Ahí fue cuando el traductosentido de un servidor comenzó a zumbar. A simple vista, por el contexto se entiende que se trata de consejos para conducir con mayor seguridad en situaciones de poca visibilidad como esta. Sin embargo, ¿podría hablarse de una «anfibología “inofensiva”», en la que el grado de desvío entre dos posibles opciones consiste en meros matices que casi llegan a confluir en un mismo resultado semántico? Porque conducir más seguro una vez seguimos las pautas de la DGT puede conllevar conducir con mayor seguridad. No obstante, existe un margen de desvío: en un alarde de ignorancia o negligencia, podemos sentirnos seguros de las decisiones que tomamos al volante, por demenciales que sean:

—Señor, iba a ciento veinte por la autopista. Multa al canto.
—¡Pero si es la velocidad permitida!
—¿Es que no se ha dado cuenta de que la visibilidad es menor del setenta por ciento?
—¡Pero si por esta vía nunca pasa nadie!

Ahora bien, de no contar con el contexto,  uno podría pensar que la DGT, siempre interesada en que el tráfico fluya sin incidentes ni demoras, ha emprendido una campaña de asesoramiento psicológico a los conductores que no saben si deben detenerse o no en un ceda el paso.  Uno se imagina el diálogo siguiente:

—Es que es coger el volante, comenzar a circular y ¡zas!, me empiezan a asaltar dudas: ¿en qué carril me meto para coger las rotondas si voy a salir por la segunda salida? En una recta breve, ¿merece la pena meter tercera, o sigo en segunda? Y así cada dos por tres, ¡qué agonía! ¡Qué sinvivir!
El asesor de la DGT coge al paciente consultor de la mano y, con una mirada rebosante de comprensión y bondad, le responde lo que sigue:
—Tranquilo… tranquilo… Para empezar, repase el manual y vuelva dentro de tres meses.

Como vemos, la televisión nos ofrece a los traductores cotas de entretenimiento que van más allá del contenido; el continente da mucho de sí, y no me refiero a Europa. Lo que está claro es que los traductores y otros profesionales de la lengua deberíamos evitar enunciados ambiguos como el que ha servido de inspiración para esta entrada, por leve que sea el grado de desviación. La solución pasa por pensar bien antes de escribir, revisar e informarse si nos asaltan dudas de cualquier tipo.

«Sí, vale, vale; pero, ¿al final quién gemía? ¿Catherine o Claudia?»

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