La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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La anfibología inofensiva (o no)

Cuando estudiamos en la licenciatura, uno de los defectos de estilo sobre el que más nos advierten es la anfibología o ambigüedad. Esta puede manifestarse por muchas razones, la mayoría de ellas de índole sintáctica o derivadas de la práctica translatológica:

Catherine´s eyes fixed upon Claudia´s, her dog. Then she started to moan in horror.
Catherine clavó la mirada en la de Claudia, su perra. Entonces, comenzó a gemir, presa del terror.

¿Quién gime? ¿Catherine o Claudia? Una solución podría ser añadir alguna fórmula como «la primera», «esta última» y similares. De lo que no hay duda es que el grado de ambigüedad resulta palpable, incluso para un lector lego, alejado de las vicisitudes lingüísticas del día a día traductoril. Sin embargo, esto no siempre es así.

«En caso de duda, no se instale una cerradura en el cráneo y luego, si eso, consulte a su farmacéutico.»

Hace un par de días estaba viendo los informativos de Antena 3, en el que destacaron los bancos de niebla en el centro peninsular. Me llamó la atención la expresión siguiente: «La DGT nos da unos consejos para conducir más seguros». Ahí fue cuando el traductosentido de un servidor comenzó a zumbar. A simple vista, por el contexto se entiende que se trata de consejos para conducir con mayor seguridad en situaciones de poca visibilidad como esta. Sin embargo, ¿podría hablarse de una «anfibología “inofensiva”», en la que el grado de desvío entre dos posibles opciones consiste en meros matices que casi llegan a confluir en un mismo resultado semántico? Porque conducir más seguro una vez seguimos las pautas de la DGT puede conllevar conducir con mayor seguridad. No obstante, existe un margen de desvío: en un alarde de ignorancia o negligencia, podemos sentirnos seguros de las decisiones que tomamos al volante, por demenciales que sean:

—Señor, iba a ciento veinte por la autopista. Multa al canto.
—¡Pero si es la velocidad permitida!
—¿Es que no se ha dado cuenta de que la visibilidad es menor del setenta por ciento?
—¡Pero si por esta vía nunca pasa nadie!

Ahora bien, de no contar con el contexto,  uno podría pensar que la DGT, siempre interesada en que el tráfico fluya sin incidentes ni demoras, ha emprendido una campaña de asesoramiento psicológico a los conductores que no saben si deben detenerse o no en un ceda el paso.  Uno se imagina el diálogo siguiente:

—Es que es coger el volante, comenzar a circular y ¡zas!, me empiezan a asaltar dudas: ¿en qué carril me meto para coger las rotondas si voy a salir por la segunda salida? En una recta breve, ¿merece la pena meter tercera, o sigo en segunda? Y así cada dos por tres, ¡qué agonía! ¡Qué sinvivir!
El asesor de la DGT coge al paciente consultor de la mano y, con una mirada rebosante de comprensión y bondad, le responde lo que sigue:
—Tranquilo… tranquilo… Para empezar, repase el manual y vuelva dentro de tres meses.

Como vemos, la televisión nos ofrece a los traductores cotas de entretenimiento que van más allá del contenido; el continente da mucho de sí, y no me refiero a Europa. Lo que está claro es que los traductores y otros profesionales de la lengua deberíamos evitar enunciados ambiguos como el que ha servido de inspiración para esta entrada, por leve que sea el grado de desviación. La solución pasa por pensar bien antes de escribir, revisar e informarse si nos asaltan dudas de cualquier tipo.

«Sí, vale, vale; pero, ¿al final quién gemía? ¿Catherine o Claudia?»

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«… No lo consiguieron».

Un minuto de silencio…

…por los términos que creé y que no llegaron a la versión final ni de Cazador de almas —principalmente, porque la tradujo Juan Pascual Martínez; yo hice una suerte de «fantradu»— ni de Cosechador de sangre.

En efecto, esta entrada bien podría titularse «De la mano del editor o corrector en las decisiones del traductor (II)», pero creo que ya basta por una temporada de artículos a medias. No obstante, no voy a marear más la perdiz, que la pobre ya tiene lo suyo sorteando los balazos de cazadores desaprensivos que no se conforman con las latas de legumbres del súper. Hoy voy a señalar dos problemas de traducción que me exigieron algunas dosis de creatividad, pero que a la hora de la verdad, no llegaron a figurar en papel.

Una de las principales características de la ciencia ficción es que todos sus universos (léase franquicias), adoptan su propia terminología; se regodean en ella, retozan en ella, se enorgullecen de ella. Y claro, los aficionados comparten dicho entusiasmo: al fin y al cabo, se trata de mecanismos que hacen de sus objetos de deseo algo especial, genuino. Sin embargo, hay ocasiones en que traducir dichos términos provoca más de un dolor de cabeza.

El primero es todo un clásico de Warhammer 40k: el término vox.

Ya comenté en una entrada anterior que en este universo no se habla inglés, sino lo que viene a ser el hijo pedante del latín y de la lengua de Shakespeare (un dato curioso y muy friki es que en una novela de la Herejía de Horus se cita a este autor, pero debido al devenir del tiempo, su nombre ha derivado en Shakespear, mezcla de «agitar» y «lanza») y que el lector lo que lee es, a todos los efectos, una traducción. Por tanto, nos encontramos voces como «exterminatus», «enginarium» (traducido como «maquinarium», por «sala de máquinas»), «Imperium», «Administratum» u otros más rimbombantes como el gremio del «Adeptus Astra Telepathica». En fin, el término «vox» engloba a todo «mensaje de voz» que llegue por radio. Un ejemplito que se me acaba de ocurrir:

“This is one warp-pissed example”, said Captain Exaemplicus over the vox.

 Claro, uno podría decir «ah, pero eso se deja así tal cual y ya está». Pues no, porque a veces te encuentras engéndridos como el que viene ahora:

“I´ll grant you a quick death”, growled the Captain with his low vox-voice.

¿«Voxvoz»? ¿«Voxtono»? No me negaréis que se las trae para que sea mínimamente musical por lo redundante que es la palabra en sí misma. Por no mencionar que la «x» es un poco pérfida en lo que al fluir armonioso de las palabras se refiere.

Así pues, la primera vez que me topé con este término me acordé de la 3ª. edición del codex de la Guardia Imperial: cuentan con una tropa que bautizaron con el nombre de «vocoperador», del término vox-operator; un operario de comunicaciones cuyo propósito es transmitir por radio información táctica en el campo de batalla. Por lo tanto, pensé «Pues ya está; formo las palabras compuestas con “voco-”, y asunto arreglado». Y así, lexías como «vox-roar», «vox-voice», «vox-link» o «vox-distortion» se transformaron en «vocorugido», «vocovoz», «vocoenlace» y «vocodistorsión», respectivamente. De esta forma, conseguí emular (gracias al traductor que ideó lo de «vocoperador» en primer lugar, eso sí) la versatilidad inglesa en la formación de palabras y, además, ayudaría a asentar un mecanismo de formación de palabras característico de la franquicia.

«Sí. Sí. ¿Está Abaddon “el Saqueador”? Que se ponga».

Cuánto pesar sentí al verme obligado a cambiarlo debido a varias razones. La primera era que claro, la primera novela no me la dieron y cuando traduje la segunda, habría quedado raro sacarme esa terminología de la manga. La coherencia y la cohesión ante todo, mis drugos. La segunda, fue que en ninguna novela publicada hasta la fecha se ha promovido dicho mecanismo, sino que se traduce por «comunicador», «enlace de voz», etc., por lo que la intertextualidad y, otra vez, la cohesión, resultaron ser barreras infranqueables. Aún hoy me despierto por las noches en medio de sudores fríos y clamando «¡vocoenlace!» a las sombras que abrazan mi habitación.

El segundo problema que comentaré hoy no está falto de chicha. Viene dado por la siguiente muestra (vése V.O. de Blood Reaver:294):

Musing in the calm before the storm, the daemon immersed itself within its own mind, seeking any memory-scent that might lead it to Vandred.

TM:

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro mnemodorífico que pudiera llevarle hasta Vandred.

 El TM que se publicó (Cosechador de sangre):

Aprovechando la calma que precedía a la tormenta para meditar, el demonio se sumergió en su propia mente, en pos de cualquier rastro de la mente que pudiera llevarle hasta Vandred.

Claro, uno entiende que «mnemodorífico» sea un poco críptico para el lector común y que, a veces, los traductores nos pasamos de frikis de la etimología, pero hay una razón para esta decisión. En el contexto de la novela, uno de los personajes lleva siglos poseído por un demonio, entidad con la que comparte cuerpo y mente. Sin embargo, dicha presencia es ahora la parte dominante y se limita a extraer conocimientos tácticos del «alma huésped» cada vez que es necesario. Este pasaje alude a esa usurpación cognitiva.

Encontramos un referente muy conocido en el ámbito de la literatura fantástica en la saga de la escritora británica J.K. Rowling, Harry Potter, ya que en el primer volumen de la saga, Harry Potter y la Piedra Filosofal (ed. Salamandra, 1999) se tradujo el término original Death Eater como «mortífago».

Al ser el español una lengua romance, al lector de esa cultura no le cuesta demasiado trabajo descifrar las palabras de origen griego o latino, cualidad que hace este tipo de decisiones idóneas, sobre todo si tenemos en cuenta el trasfondo lingüístico pseudoclásico del universo de Warhammer 40.000 que ya comenté antes. Sin olvidar con ello que la formación de palabras compuestas de origen griego y latino constituye una gran parte de la base de la creación de palabras del español, debido, sobre todo, a lo fácil que resulta la fusión cognitiva de elementos léxicos. En otras palabras, si el objetivo de nuestro subskopos consiste en respetar la formación de palabras compuestas mediante dos términos tan cognitivamente alejados (a priori) como «memoria» y «olor», las herramientas disponibles en español para la formación de palabras resultan insuficientes debido a lo forzado que sigue siendo «memoloroso», ejemplo que, además, podría dar lugar a ambigüedades relativamente graciosas al poderse interpretar como una crítica a las facultades intelectuales y olorosas del aludido en cuestión (encima de perro, apaleado). No obstante, el texto hace referencia a ese fenómeno que todos hemos experimentado en el que un olor nos conduce hasta un recuerdo. En este caso, el demonio intenta seguir el olor «mental» del anterior dueño de esa psique, por lo que para desambiguar el término y dar pistas de que se trata de un fenómeno mental, me pareció adecuado usar raíces griegas y latinas, pues le dan cierto carácter «científico» al poder asociarse con facilidad con el término «mnemotécnico». Además, siempre me ha parecido más natural formar palabras compuestas que separarlas con un guión o por sintagmas, aunque depende del contexto y de lo extendido que dicha práctica esté en la franquicia que traducimos (en Warhammer tienen hasta pósters de palabras compuestas inventadas, diría yo).

Sin embargo, como dije antes, entiendo el cambio a la perfección: a veces es mejor no andarse con artificios y tratar de comunicar de la forma más sencilla posible un concepto, y más si es uno tan complicado como este.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún hijo que os han arrebatado en el postoperatorio?

¡A metaforamorfosearse! (II)

Procedamos a la segunda parte de nuestro breve repaso a las dificultades de índole metafórica en la traducción. La siguiente dificultad supone un exponente clarísimo de lo mucho que apuesta la lengua inglesa por el empleo de onomatopeyas en la formación de palabras (véase V.O. de Blood Reaver: 21):

His screen had crackled, buzzed, popped and hissed before. It had never shrieked.

TM:

La pantalla había crepitado, zumbado, chisporroteado y siseado antes. Jamás había chillado.

En este caso, los verbos que hemos empleado comparten cierto carácter onomatopéyico con sus homónimos ingleses. El único término que resultó ser más lejano y que, en consecuencia, supuso una mayor dificultad fue popped, pero nos servimos de la scene que evocaba el original. Sin embargo, también nos apoyamos en los diccionarios:

popped

[pop]

pop

1    [pop] Show IPA verb, popped, pop·ping, noun, adverb, adjective

verb (used without object)

1.

to make a short, quick, explosive sound: The cork popped.

2.

to burst open with such a sound, as chestnuts or corn in roasting.

(http://dictionary.reference.com/browse/popped?s=t)

Según el DRAE:

chisporrotear.

1. intr. coloq. Dicho del fuego o de un cuerpo encendido: Despedir chispas reiteradamente.

Como vemos, existe cierto desfase entre el marco inglés y el marco español. Sin embargo, la escena que evoca la definición del RAE casa con la del TO, dado que podría aludirse que «chisporrotear» comparte un rasgo muy relevante con to pop, como es la cadencia constante de sonidos abruptos. Además, chisporrotear cuenta con cierto carácter onomatopéyico que, al igual que crepitar, recuerda al sonido de estática de un televisor. Esto concuerda de forma precisa con el TO.

«Hala, ya se ha vuelto a ir la señal del TDT».

Otro ejemplo de un uso similar lo vemos en el siguiente fragmento (véase V.O. de Blood Reaver: 338):

Her fingers began to hit keys, tip-tapping an override code across the small monitor.

TM:

Sus dedos comenzaron a teclear un código de anulación que corrió a lo largo del monitor de pequeño tamaño.

Aquí vemos dos factores interesantes, el primero, es el verbo que el autor ha creado en la V.O. a partir de dos onomatopeyas y que en el TM se ha fundido en un verbo estándar español; el segundo, la metáfora que puede desprenderse del TM (es decir, correr a lo largo de por tip-tapping across) y cuyo cometido es reforzar la escena que el verbo creado para el TO evoca de un modo tan, si no visual, sí auditivo: uno casi puede «palpar» la acción. Pero vayamos por partes.

El primer escollo lo representa el verbo to hit, que en nuestro idioma suele traducirse por «golpear» o «impactar», pero que no resulta demasiado preciso en el contexto que nos ocupa. Ahora bien, to hit denota intensidad, fuerza e incluso rapidez, lo que ayuda a construir la escena que pretende transmitir el autor. «Teclear» no tiene por qué evocar ni rapidez ni fuerza, pero el verbo «correr» ayuda a paliar esa carencia. El segundo lo conforma el verbo to tip-tap, que pone de manifiesto la versatilidad de la lengua inglesa a la hora de crear nuevas palabras. Tanto to hit como to tip-tap se han amalgamado en el TM en el verbo «teclear», que necesita combinarse con más elementos para establecer un marco fiel a la escena original. Como hemos dicho antes, esto se soluciona con el verbo «correr», ya que se establece una relación lógica en los procesos cognitivos del lector: «si el texto “corre” entonces es que está tecleando rápido». Podemos ver la escena que el autor trata de transmitir con este vídeo.

Ahora bien, hay veces en que las dificultades relativas a las onomatopeyas, metáforas y derivados pasa por la creación de nuevas onomatopeyas. Recientemente, en un texto nos encontramos con la onomatopeya freeeem, que intentaba transcribir ni más ni menos que el sonido de un cañón láser acumulando energía. Claro, aquí uno tiene que echarle «bemoles» a la cosa y, a falta de una onomatopeya establecida, crear una propia. En este caso, nos limitamos a adaptarla al español: «friiiiiim». Como veis, la ciencia ficción es campo abonado para la formación de nuevas onomatopeyas, lexías y expresiones.

Y hasta aquí, esta breve muestra a las soluciones a las que puede llegar un traductor cuando se encuentra con este tipo de dificultades. Espeo que la hayáis encontrado mínimamente útil o interesante.

Una historia de violencia (I)

Avisados quedáis.

Aviso: las imágenes que contiene esta entrada pueden ser un poco desagradables.

Pensad en Star Wars, en The Walking Dead, en Juego de tronos o, como no podía ser de otra forma, en Warhammer. Todos estos trasfondos tienen en común que describen universos ficticios en los que prima el conflicto, universos en los que se agrede a los demás de formas rotundas y expeditivas (por no mencionar el derroche de imaginación que suponen). De hecho, no hay que irse a la fantasía para ver que la violencia es un tema recurrente en la narrativa, los videojuegos, el cine y la televisión. Sin embargo, es cierto que en la fantasía y la ciencia ficción los sucesos no son tanto «Paquito le propinó un puñetazo en la cara a Fernando en el patio del colegio» sino más bien «el sable de luz le rebanó el brazo a Darth Ejemplus a la altura del codo, cuyo muñón quedó cauterizado al instante». Y esto es bastante limpio, porque hay franquicias más violentas que otras, en los que la carga semántica de verbos como «destrozar», «romper» o «cortar» pasan al nivel «hermanita de la caridad», a favor de otros como «reventar», «borbotear», «cercenar», «destripar» o «abrir» (en canal, vaya). Escoger palabras insulsas para describir hechos atroces (si bien muy entretenidos) puede restar impacto a la escena que estamos describiendo. Bien es cierto que tampoco hay que pedirle peras al olmo y que hay que tener en cuenta al autor, pues puede que este no le dé tanta importancia a lo que en la frikisfera se denomina «porno bélico» y más a la evolución de los personajes, la historia, etc. Claro que sí.
¡Que no, que es broma! A ver, si te metes a autor de este tipo de narrativa, está claro que esas secuencias van a ser, la mayoría de veces, cruciales o importantes en la historia y que conforman una parte considerable de lo entretenida o no que resulta una novela de este tipo. A fin de cuentas, no se trata de cuatro páginas en la que te están describiendo lo bellos que son los almendros del patio de la fortaleza ni del exquisito acabado de las jambas en relieve de la puerta principal, sino que te está narrando cómo esos personajes con los que tanto te identificas y que quieres que progresen en la vida (¡almas de cántaro!) están rodeados, espalda contra espalda, dispuestos a vender caras sus vidas ante una horda de enemigos.

El cásting de «Mira quién baila» lo ha petado este año.

En serio, resulta descorazonador que te estés leyendo una novela (de esta índole, se entiende) y pienses «pero qué pelea más aburrida; ¿sabes qué te digo? Que a ver si matan al prota y le dan vidilla a esto». Creo que esto puede suceder por varios motivos, de los que ahora mismo se me ocurren tres:

1)      el autor no ha logrado que te preocupes por los personajes.

2)      el autor no crea peleas novedosas; has leído esto un millón de veces antes, lo único que cambian son los nombres y apellidos de los contendientes.

3)      las palabras empleadas en la traducción no transmiten el impacto necesario, o bien, son imprecisas.

Es este último caso el que podemos remediar, como traductores que somos. No se trata de inventarse nada ni de serle «infiel» al autor. Se trata de que si a alguien le cortan la pierna a la altura de la corva o jarreta (a la que el común de los mortales se refiere como «la parte trasera de la rodilla») no escribas «y le cortó la parte trasera de la rodilla», sino «y lo desjarretó». En realidad, el autor es el que marca el compás, pero siempre hay ocasiones en las que el traductor puede dejar su impronta, pues puede que haya vacíos léxicos en la lengua original o la descripción sea imposible de ser trasladada tal cual a la lengua meta.

El bueno de Darth Maul ha tenido los reflejos suficientes como para parar dos sablazos directos al lado oscuro de sus bajos.

Me vienen a la cabeza tres estadios en los que podemos detenernos. El primero consiste en las técnicas de combate; el segundo, en los efectos, y, el tercero, en las consecuencias. Las técnicas de combate son los movimientos o acciones que efectúan los personajes para acabar con sus adversarios. Lo incluyo porque los movimientos pueden transmitir violencia, aunque no surtan efecto ni lleguen a su destino. Por ejemplo, una serie de expresiones recurrentes de las que me acuerdo ahora son:

ACCIÓN TM DESCRIPCIÓN
.Trazar un arco (descendente o no).

.Efectuar un mandoble (si es con las dos manos).

.Asestar una cuchillada o un tajo.
.Acometer con un espadazo.

To swing (a sword, a hammer, a flail) or to slung. Son siempre verbos que describen movimientos circulares y amplios. Trazar un arco puede ser más elegante; los mandobles y espadazos suelen ser más pesados o brutales, y asestar cuchilladas alude a la rapidez y virulencia de los ataques.
.Propinar un tajo, puñetazo, guantazo o golpe de revés. To backswing. Muy autodescriptivo.
.Empalar.
.Incrustar.
.Asestar una estocada.

.Perforar.

.Atravesar.
.Apuñalar (si es con un puñal o una espada muy corta y por la espalda).

To ram or nail. Todos describen la misma idea, pero la carga semántica difiere en cada caso. Por ejemplo, «empalar» tiene connotaciones más crueles que «atravesar».
.Alzar el arma.

.Llevarse el arma al hombro.

.Enarbolar el arma (en caso de que sea de filo y sea por encima de la cabeza)

To rise a gun or weapon. Dependiendo del contexto, a veces es más descriptiva la segunda forma (la escuadra investiga una estancia con posibles enemigos).
.Efectuar un barrido con el arma (normalmente al hombro).
.Recorrer (la zona) con el arma.
To scan with a gun. Típico de las tácticas bélicas contemporáneas.
.Llevarse el arma al hombro con pesadez.
.Enarbolar el arma o trazar arcos (con pesadez).
To sling the weapon over one´s shoulder.
To sling the weapon.
Da idea del peso del arma.
.Retorcer (si se lleva un arma) o incluso hurgar.

.Dislocar.

.Luxar.

.Arrancar.

.Retorcer hasta arrancar (un miembro, por ejemplo).

To wrench. Siempre denota inquina por parte del agente.
.Constreñir.

.Apretar.

.Estrangular.

.Aplastar.

.Espachurrar.

.Reventar.

To squeeze or to press. Depende del agente, de cuánto se prolongue la acción y del registro, así como de la zona afectada.

Pues yo no veo ningún piojo, no. Espera, que tiro un poco para verlo más de cerca.

Por su parte, los efectos se refieren a lo que sucede cuando las técnicas de combate han dado en el blanco, han chocado contra alguna coraza o escudo o no han acertado su objetivo:

EFECTO TM DESCRIPCIÓN
.Destripar.

.Sacar las tripas o entrañas.

.Despanzurrar.

.Eviscerar.

To disembowel or to gut. ¿Hace falta decir algo más? Sí, que dependen del registro.
.Cercenar.

.Seccionar.

.Decapitar.

.Desjarretar.

.Despernar.

.Mutilar.
.Rebanar.

.Segar.

.Amputar.

.Sesgar.

.Escindir.

.Cizallar.

.Cortar.

To cut X off.

 

 

 

 

 

¡Hay tanto donde elegir! Ahora bien, algunas denotan mayor «pulcritud» que otras. Dependerá de la destreza marcial del agente y del contexto, claro.
.Hacer estallar.

.Detonar.

.Reventar.

.Explosionar.

.Desgajar.
.Volar (algo).

To blow X off. Hay matices: por ejemplo, «reventar» denota mayor «humedad» que «explosionar», que seguramente no dará lugar a restos orgánicos.
.Disparar.

.Abrir fuego.

.Fusilar.

.Ametrallar.

.Descargar.

To shoot (against). «Fusilar» es más restrictivo que «disparar», que es el término no marcado. «Ametrallar» denota una acción prolongada. «Abrir fuego» se refiere sólo al comienzo del tiroteo.
.Rebotar.

.Chocar.

.Impactar.

.Estrellarse.

.Alcanzar.

Bounce from or to hit against. A veces, no hace falta aludir a la idea de «rebotar» pues, según el contexto, la fuerza empleada y las superficies que choquen entre sí, se sobreentenderá que el objeto rebota.
.Matar.

.Liquidar.

.Acabar con.

.Eliminar.

.Asesinar.

To kill. Así damos variedad al texto. Podría decirse que «asesinar» funciona mejor con personajes específicos e importantes y que «liquidar» denota mayor crueldad.
.Cubrirse.

.Protegerse.

.Desviar (depende del contexto).

.Bloquear.

.Rechazar.

To parry. ¡Viva! Nos hemos cubierto a tiempo y el hacha ha impactado contra el escudo.
.Lanzar.

.Arrojar.

.Proyectar.

To hurl or throw. «Arrojar» suele referirse a tirar a alguien de algún punto elevado y «lanzar» se emplea más bien en sentido ascendente.
.Comer.

.Devorar.

.Darse un festín.

.Carcomer (armas con filo de motosierra).

.Roer (armas con filo de motosierra).

To eat. Depende del contexto y de lo mucho que el autor haya empleado la misma escena, pues un arma también puede devorar; sería una metáfora.
.Arrancar la piel (a tiras).

.Despellejar.

.Desollar.

.Excoriar.

To flail. ¡Ras! En el primer ejemplo, depende del contexto. El último, del registro y de lo que se repitan los anteriores.
.Soltar o proferir un alarido.

.Pegar un grito.
.Bramar.
.Gritar.

.Aullar.

.Chillar.

To scream or to yell. La violencia también puede ser acústica. Dependiendo de quién emita el sonido (si el atacante o la víctima) o del físico o de la naturaleza del personaje, nos decantaremos por unos u otros. Un elfo nunca bramaría; un orco sí.

 

El joven Timothy se entusiasmó sobremanera con el proceso de fabricación de Heinz Ketchup.

Por último, las consecuencias aluden a lo que sucede después de que las técnicas y efectos hayan tenido lugar.

CONSECUENCIA TM DESCRIPCIÓN
.Partir por la mitad.

.Separar a alguien de sus piernas.

.Cortar en dos.

.Seccionar por la mitad.

To cut in half. El problema va a ser siempre si es de forma horizontal o vertical. Dependemos del autor para que dé más datos. O bien, siempre podemos decantarnos por la primera opción, que seguro que no nos equivocamos.
.Sanguinolento.

.Desangrarse.

.Bañado en sangre.

.Ensangrentado.

.Empapado de sangre.

Bleeding. Depende del contexto. En muchos sentidos.
.Surtidor de sangre.

.La sangre mana con efusividad.

.Lluvia de sangre.

To Spray (blood). Al más puro estilo anime japonés.
.La sangre mana de forma profusa o con profusión.

.Cae un torrente de sangre.

.Cae una cascada de sangre.

.La sangre inunda X (el suelo, por ejemplo).

.La sangre cae en regueros.

To flood (blood). Lo hemos visto muchas veces en las películas cuando a alguien le atraviesan el estómago y se pasa a un primer plano de su rostro. Hay que transmitir la crudeza de la escena lo mejor posible.
.Destrozar.

.Desgajar.

.Fracturar.

.Desquebrajar.

.Aplastar.

.Defenestrar.

.Machacar.

.Romperse con un crujido.

.Crujir.

.Reventar.
.Abrir.

To crush. ¡Ay! Mis pobres huesitos de pollo. Hay que tomar más vitamina D.
.(Quedar hecho) una masa informe de restos sanguinolentos.

.(Quedar hecho) un puré (o una papilla) de restos orgánicos.

To become a bloody paste. No queda mucho reconocible de la víctima. Siempre denota viscosidad o espesor.
.Agonizar.

.Sufrir estertores.

.Morir entre jadeos.

.Sufrir convulsiones.

To agonize. No hay mucho que comentar.
.Morir abrasado.

.Morir incinerado.

.Arder hasta la muerte.

.Sufrir quemaduras fatales.

To burn. Cada una activa imágenes distintas. Hay que evitar el uso de «calcinar» en la medida de lo posible.
.Derretirse.

.Deshacerse.

.Formar un charco en el suelo.

.Licuarse.

To melt. «Deshacerse» es más higiénico que «derretirse», la verdad.

 

«¿Ve lo que le digo, doctor? Estas almorranas me matan».

A todas estas listas se pueden añadir «potenciadores», como «de golpe», «con rapidez», «de repente», «súbito», «con fuerza», etc. Ayudan a precisar más en las imágenes que queremos describir, según el caso.

Lo cierto es que este tema podría servir como base para una tesis doctoral. De hecho, creo que me dejo mucho en el tintero, así que es probable que añada más reflexiones con respecto al tema en el futuro. Espero que esta entrada os haya parecido útil o interesante.

Un saludo,

Sergio

Una inauguración/Comienzo de la bitácora/El «síndrome del alumno estrella»

¿Qué te ha pasado, Sergio? Tú antes molabas.

Hace años que no escribo en un espacio de Messenger blog. Recuerdo que cuando lo hacía, las entradas eran mínimamente ingeniosas e inspiradas (por no hablar de la humildad que rezumaban). Ahora, sin embargo, concatenar más de dos oraciones seguidas sin que un autor extranjero me aporte un texto previo sobre el que trabajar me resulta un tanto novedoso, si bien renovador. Recuerdo momentos de elocuencia, de soltura en el manejo verborreico de palabras y construcciones sintácticas. Ahora, no puedo evitar preguntarme cada dos segundos «espera, ¿esto se dice así? ¿no estaré incurriendo en un solecismo sin darme cuenta?». Y es que vivía muy feliz y despreocupado cuando no era más que un estudiante de bachillerato al que todavía le faltaba mucho para dedicarse a trabajar con las palabras.

El conocimiento da seguridad sólo a ratos, parece ser.

Encima, a ese ataque a nuestra zona de comodidad hay que sumarle el hecho de que tener un blog de traducción se ha convertido en una herramienta esencial —muchos dicen que obligatoria—, para conseguir encargos; lo mismo sucede con las redes sociales. Por un lado, esto implica que los traductores advenedizos (adjetivo que no tiene por qué restar profesionalidad ni rigor) contemos con algunas bazas para destacar entre nuestros compañeros, pues si gestionamos bien nuestras entradas y demostramos que sabemos de lo nuestro, aún es posible que un empleador o gestor de proyectos se apiade de nuestras cuentas corrientes. Por otro, y al igual que pasa con las redes sociales, ser el autor de un blog tiene el inconveniente de que si no se sabe gestionar o se comete algún error (ya sea ortográfico, estilístico o incluso idiosincrásico) quedará igualmente reflejado en nuestra rúbrica internetera: la atención que cosechemos será un arma de doble filo que deberemos blandir con presteza, con cuidado de no estornudar y clavárnosla en un pie. A beber zumo de naranja todo el mundo.

«Como habrá visto, he retuiteado su entrada sobre el debate entre Bohr y Einstein. He de decir que lo he encontrado sublime».

Se me ocurre que algo muy parecido a esto ocurre en el universo ficticio de Warhammer 40.000 con los navegantes y astrópatas. Se trata de personas cuyas almas están psíquicamente conectadas a la disformidad (léase «el mundo espiritual»). Esto tiene muchos usos, desde enviar mensajes a otros planetas o sistemas, hasta guiar naves espaciales de un punto a otro por agujeros de gusano, a través de lo que, a todos los efectos, es el Infierno. Es precisamente esa sintonía con ese reino espectral lo que les otorga a estas personas sus capacidades y lo que hace que destaquen en él como un faro entre todas las demás almas. Esto tiene el inconveniente de que con ello también atraen a los demonios que moran en esa dimensión paralela, a los que les encanta poseer y devorar ánimas desprevenidas según les dé (a los demonios, claro está) y estén estas o no de temporada. Afortunadamente, de lo máximo que debemos preocuparnos nosotros es que nuestra imagen quede un poco por los suelos hasta que nos redimamos, ¿verdad? ¿verdad?

«Sí, mira, que me preguntan que dónde has colocado el papel higiénico. ¿Cómo? ¿En la bodega, dices? Es que con tanto infierno psíquico y tanta leche no te oigo».

Volvamos al tema y alejémonos de las frikadas. 

La proliferación de blogs de traducción a lo largo de estos dos últimos años ha provocado que en el entorno haya cierta sensación de hartazgo al respecto. Desde este humilde espacio nos abstendremos de entrar en polémicas y señalaremos que lo verdaderamente importante desde nuestro punto de vista es aportar entradas útiles o mínimamente novedosas, por encima incluso de la frecuencia con que se publiquen (aunque no cabe duda de que es un factor que hay que cuidar en la medida de lo posible). En caso de que no se aporte originalidad, al menos habría que tratar de dar a la entrada un giro de tuerca lo bastante decente como para no caer en el pleonasmo blogosférico. Por esa razón, voy a mojarme (en el buen sentido) e intentar que una buena parte de este espacio tenga como principal objeto resolver problemas de traducción curiosos en los que aportaré soluciones que argumentaré con teorías de la traducción. Se trata de algo que no he visto demasiado en otros blogs, a pesar de que a los traductores sentimos un gran regocijo cuando comentamos nuestras soluciones con los demás, sean colegas de profesión o no. Por supuesto, intentaré por todos los medios de no padecer de lo que a mí me gusta denominar «síndrome del alumno estrella», espécimen muy extendido en el hábitat de las aulas de traducción y aficionado a pisar, con carnívora vehemencia, las propuestas de sus semejantes inferiores (siempre, siempre inferiores) a favor de la propia. Sobre este ser deleznable cabe destacar que su falta de humildad compite con el tamaño de sus dientes cuando ve amenazados sus argumentos, retoños a los que ha mimado con esmero en su cubil. Sin embargo, hasta este predador voraz (de atención por parte del profesor, se entiende) da a luz crías raquíticas de vez en cuando, a las que suele llamar «Porquemesuenabien» y «Porquemesuenamal». Esa prole es justo la que intentaremos no promover en este espacio, por ello, cada razonamiento, solución, propuesta u opción vendrá acompañada de humildad, ganas de compartir otros puntos de vista y aprender.

Con esto doy por inaugurado este blog, a la espera de vuestros comentarios.

Un saludo a todos,

Sergio Núñez Cabrera.

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