La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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La traducción de imágenes: todo son posibilidades

La traducción y localización de imágenes es bastante peliaguda por varias razones, entre ellas, que en muchos casos conviene dominar programas de retoque fotográfico y que a esa dificultad pueden sumarse chistes, juegos de palabras visuales y toda suerte de recursos retóricos; problemas para los cuales intentaremos aunar soluciones en una suerte de aleación translaticia lo más armoniosa posible. Así pues, repasemos las dificultades que ha de resolver el traductor:

  • Nivel técnico: dominio del software (Adobe Photoshop, Painter, entre otros) y del hardware (tabletas gráficas).
  • Nivel hermenéutico: dominio de recursos retóricos, giros, fraseología, creatividad, entre otros.

En esta entrada vamos a tratar este último aspecto y tomaremos como ejemplo una imagen de la página de Tumblr de Inés Alcolea, cuya bitácora (la que va de traducción, porque la chica viene del Renacimiento, por lo menos) podéis leer aquí mismo, si es que no lo habéis hecho aún. Esto es solo un ejemplo de una imagen aislada; los traductores de cómic se enfrentan día a día a este tipo de escollos sumados a la limitación de espacio de los bocadillos o globos. Y no solo eso, sino que además han de tener en cuenta la coherencia de todo el texto. Lo mismo pasa con los traductores literarios de cuentos infantiles. El ejemplo que os ofrezco ahora, en cambio, es mucho más sencillo.

Antes de ensuciarnos las yemas de los dedos, vamos con un poco de teoría: Paul Kusmaul en su obra Training the translator (1995), dedica un capítulo entero a la creatividad en la traducción. Existen cuatro fases: preparación, incubación, iluminación y evaluación. La primera consiste en ser conscientes de los objetivos que nuestra solución ha de cumplir y la búsqueda de las herramientas que, creemos, nos servirán de ayuda; la segunda es la búsqueda de soluciones propiamente dicha y engloba, además, las soluciones preliminares que utilizamos para guiarnos, todo ello regido por procesos conscientes e inconscientes; la tercera supone dar con una solución que en principio creemos adecuada, y la última, el análisis crítico y objetivo de la solución encontrada. Durante estas cuatro fases se puede utilizar lo que Guilford llamaba «pensamiento divergente» (1997), que supone la flexibilidad mental a la hora de traducir o, si se desea, la habilidad para parafrasear y cambiar el punto de vista de un problema, para lo que hay que estar descansado psicológicamente y conocer plenamente las dimensiones del obstáculo que se quiere resolver, así como las de las soluciones que aportamos. El pensamiento divergente atisba y contempla varias opciones que desembocan en respuestas múltiples, de las cuales todas pueden ser correctas según el prisma con el que se mire. Satisface criterios de originalidad, inventiva y flexibilidad. Equivaldría a extraer el significado de la forma lingüística utilizando encadenamientos de categorías y significados.

Pasado el tributo a la traductología y a sus divinidades (engorroso para algunos, necesario para otros), tomemos como muestra la siguiente imagen:

FANTA

Una traducción literal (pero que literal, eh) sería la que sigue: «¿Es esto la vida real, o es solo fantasía?». Lejos de detenernos ahora en las cuestiones estilísticas («¿no suena mejor “no es más que fantasía”?»), reflexionemos un poco sobre esta solución:

En el original, la voz Fantasy aparece representada solo fonéticamente mediante la combinación de Fanta y sea, `mar´. Vamos, que el muñequito histérico se pregunta si está ante un «mar de Fanta». En la traducción propuesta, al lector se le facilita el juego de palabras adulterado, mutilado y masticado. El elemento gracioso, cuyo centro de gravedad radica precisamente en el juego de palabras, se pierde, pues no puede traducirse literalmente (pero que literalmente, eh), pues «Fantamar» no es desglosable en dos palabras con pleno significado tal y como ocurre en el texto original… ¿o sí?

Vale, ya hemos identificado la dificultad principal.

Malas noticias, voy a seguir con la teoría. Tranquilos, seré breve.

Reiss y Vermeer, en su teoría del skopos (1996) señalan, a grandes rasgos, que todo encargo tiene una intencionalidad, unos objetivos que cumplir y un público al que va dirigido.

Buenas noticias, eso significa que las posibilidades son, prácticamente ilimitadas. Repasemos los elementos con los que podemos jugar si queremos reproducir un juego de palabras mínimamente simpático (por subjetivo que esto sea) utilizando los elementos de la imagen y dirigido a un público hispanohablante. Se me ocurre que podemos jugar con los siguientes elementos:

  • Una lata de Fanta («bebida», «refresco», «gas», «naranja», «líquido», «cítrico», «ácido», «dulce», «chorro»).
  • Un mar de Fanta («oleaje», «marea», «corriente», «embravecido», «altamar», «bajamar», «brisa marina»).
  • Un barco («embarcación», «madera», «humo», «pirata», «flotar», «viaje», «transporte», «jerga marinera»).
  • Un marinero alarmado («sorpresa», «desazón», «angustia», «manos a la cabeza», «blanco», «duda», «incertidumbre»).
  • Referencias a la vida real (ya sean directas o indirectas). Sin embargo, hay que tener en cuenta que en el original es poco menos que una excusa para que el juego de palabras tenga sentido. Por lo tanto, respetar estas referencias no será algo esencial.
  • Juegos de palabras que no tiene por qué seguir el mismo formato que el original (aunque es lo idóneo).

Así que, a continuación, una serie de soluciones que trataré de analizar lo mejor posible. Por supuesto, no voy a emplear todas las ideas de más arriba; no se trata más que de una estrategia para esquematizar los elementos que podemos utilizar. En realidad, muchas de las opciones se me han ocurrido ahora y otras las he recordado como bien he podido, pues Tumblr se ha portado mal y ha borrado los datos que introduje en la página de Inés. En fin, seguiré mi ejemplo e idearé una lista sobre la marcha. Voy a dejarlo en ocho, que si no estoy hasta mañana:

FANTAmar

1)      Se hace un doble chiste con «lata» y «altamar». Lo malo es que el chiste pierde transparencia si dividimos «Fantamar» en dos unidades léxicas independientes. Además, hemos prescindido de toda referencia a la vida real, aunque como hemos indicado más arriba, en el original no es más que una excusa para hacer el juego de palabras, así que prescindir de él con tal de simular un efecto parecido es justificable.

FANTAseando

2)      Esta es más fiel al original, pero se pierde toda referencia al mar. Además, no es desglosable en dos partes, por lo que se pierde parte de la gracia del original.

FANTAmar2

3)      Esta mezcla las dos anteriores, pero de algún modo el efecto es extraño. «Navegar por (Fanta) altamar» asociado a la antítesis existente con el elemento «vida real» puede dar a entender que «Fantamar» es un paisaje imaginario, lo que puede corresponderse con el texto inglés en cuanto a los dos elementos antagónicos real life y Fanta sea.

FANTAutor

4)      Se pierde toda referencia a la vida real y al mar. Podría alegarse que no estamos aprovechando la imagen.

FANTArtico

5)      Aquí hay referencia al mar y se juega con «antártico». Lo malo es que si lo desglosamos, «antártico» priva de autonomía a «Fanta» y el resultado es extraño.

FANTAutista

6)      Aquí ya hemos empezado a separar los elementos, tal y como ocurre en el original. La referencia es un poco rebuscada y no hay referencias ni al mar ni a la vida real, aunque la que se hace al flautista puede resultar graciosa porque el desglose «Fanta»-«autista» hacen pensar que el aludido se quedó autista tras una sobredosis de Fanta. Rebuscado, lo sé.

FANTAtop

7)      Aquí hay una referencia al mar indirecta y la palabra se puede desglosar en dos. Se pierde la referencia con la vida real, pero ya hemos dicho que es secundario.

FANTAdepalos

8)      Esta es mi favorita. Lo único que se pierde es una referencia directa al mar, pero es obvio que el personaje no puede creerse que algo tan Fanta-ástico (lo siento) esté ocurriendo. Además, al ser una frase hecha propia de nuestro idioma, queda muy natural.

Y hasta aquí, este breve repaso que, espero, haya estimulado vuestra imaginación y creatividad. Por supuesto, los elementos de cada una pueden combinarse de forma casi ilimitada. Y seguro que existen muchísimas más opciones; esto no es sino una breve lista que se me ha ocurrido, porque se podrían hacer imágenes con Fantástico, Fantasmagórico, Fanta María llena eres de gracia, ¡lo que sea! Si tenéis alguna, ya sabéis: ¡a comentar!

 Bibliografía:

KUSSMAUL, PAUL. 1995. Training the Translator. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins.

REISS, KATHARINA; VERMEER, HANS-JOSEPH. 1996. Fundamentos para una teoría funcional de la traducción (traducción de Celia Martín de León y Sandra García Reina). Madrid: Ediciones Akal.

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¡A metaforamorfosearse! (II)

Procedamos a la segunda parte de nuestro breve repaso a las dificultades de índole metafórica en la traducción. La siguiente dificultad supone un exponente clarísimo de lo mucho que apuesta la lengua inglesa por el empleo de onomatopeyas en la formación de palabras (véase V.O. de Blood Reaver: 21):

His screen had crackled, buzzed, popped and hissed before. It had never shrieked.

TM:

La pantalla había crepitado, zumbado, chisporroteado y siseado antes. Jamás había chillado.

En este caso, los verbos que hemos empleado comparten cierto carácter onomatopéyico con sus homónimos ingleses. El único término que resultó ser más lejano y que, en consecuencia, supuso una mayor dificultad fue popped, pero nos servimos de la scene que evocaba el original. Sin embargo, también nos apoyamos en los diccionarios:

popped

[pop]

pop

1    [pop] Show IPA verb, popped, pop·ping, noun, adverb, adjective

verb (used without object)

1.

to make a short, quick, explosive sound: The cork popped.

2.

to burst open with such a sound, as chestnuts or corn in roasting.

(http://dictionary.reference.com/browse/popped?s=t)

Según el DRAE:

chisporrotear.

1. intr. coloq. Dicho del fuego o de un cuerpo encendido: Despedir chispas reiteradamente.

Como vemos, existe cierto desfase entre el marco inglés y el marco español. Sin embargo, la escena que evoca la definición del RAE casa con la del TO, dado que podría aludirse que «chisporrotear» comparte un rasgo muy relevante con to pop, como es la cadencia constante de sonidos abruptos. Además, chisporrotear cuenta con cierto carácter onomatopéyico que, al igual que crepitar, recuerda al sonido de estática de un televisor. Esto concuerda de forma precisa con el TO.

«Hala, ya se ha vuelto a ir la señal del TDT».

Otro ejemplo de un uso similar lo vemos en el siguiente fragmento (véase V.O. de Blood Reaver: 338):

Her fingers began to hit keys, tip-tapping an override code across the small monitor.

TM:

Sus dedos comenzaron a teclear un código de anulación que corrió a lo largo del monitor de pequeño tamaño.

Aquí vemos dos factores interesantes, el primero, es el verbo que el autor ha creado en la V.O. a partir de dos onomatopeyas y que en el TM se ha fundido en un verbo estándar español; el segundo, la metáfora que puede desprenderse del TM (es decir, correr a lo largo de por tip-tapping across) y cuyo cometido es reforzar la escena que el verbo creado para el TO evoca de un modo tan, si no visual, sí auditivo: uno casi puede «palpar» la acción. Pero vayamos por partes.

El primer escollo lo representa el verbo to hit, que en nuestro idioma suele traducirse por «golpear» o «impactar», pero que no resulta demasiado preciso en el contexto que nos ocupa. Ahora bien, to hit denota intensidad, fuerza e incluso rapidez, lo que ayuda a construir la escena que pretende transmitir el autor. «Teclear» no tiene por qué evocar ni rapidez ni fuerza, pero el verbo «correr» ayuda a paliar esa carencia. El segundo lo conforma el verbo to tip-tap, que pone de manifiesto la versatilidad de la lengua inglesa a la hora de crear nuevas palabras. Tanto to hit como to tip-tap se han amalgamado en el TM en el verbo «teclear», que necesita combinarse con más elementos para establecer un marco fiel a la escena original. Como hemos dicho antes, esto se soluciona con el verbo «correr», ya que se establece una relación lógica en los procesos cognitivos del lector: «si el texto “corre” entonces es que está tecleando rápido». Podemos ver la escena que el autor trata de transmitir con este vídeo.

Ahora bien, hay veces en que las dificultades relativas a las onomatopeyas, metáforas y derivados pasa por la creación de nuevas onomatopeyas. Recientemente, en un texto nos encontramos con la onomatopeya freeeem, que intentaba transcribir ni más ni menos que el sonido de un cañón láser acumulando energía. Claro, aquí uno tiene que echarle «bemoles» a la cosa y, a falta de una onomatopeya establecida, crear una propia. En este caso, nos limitamos a adaptarla al español: «friiiiiim». Como veis, la ciencia ficción es campo abonado para la formación de nuevas onomatopeyas, lexías y expresiones.

Y hasta aquí, esta breve muestra a las soluciones a las que puede llegar un traductor cuando se encuentra con este tipo de dificultades. Espeo que la hayáis encontrado mínimamente útil o interesante.

¡A metaforamorfosearse! (I)

La traducción de la metáfora en el mundo narrativo ha sido la fuente de ríos de tinta en el ámbito traductológico. Y no es para menos, dado que es posible que se trate del recurso estilístico más utilizado, junto con la metonimia.

En esta entrada haremos un breve recorrido por algunos problemas de índole metafórica que encontramos en Blood Reaver.  Además, veremos metonimias y onomatopeyas, pues podría alegarse que la onomatopeya no es sino una metáfora fonética que vincula una lexía al sonido al que hace referencia.

La obra Introducción a la lingüística cognitiva (Cuenca y Hilferty: 119) dedica su cuarto capítulo al análisis de la metáfora y la metonimia y hace referencia a las expresiones idiomáticas de la siguiente forma:

En el fondo, la idiomaticidad se basa en la posibilidad de sacar provecho de facetas asociativas de nuestro conocimiento del mundo con el fin de proyectar la situación que éstas representan sobre otra de índole análoga. En muchas ocasiones, estas asociaciones derivan de nuestros modelos cognitivos cuya naturaleza idealizada nos permite sacar el sentido pertinente de la expresión en cuestión.

Un ejemplo lo tenemos en la solución tomada para la siguiente muestra (véase V.O. de Blood Reaver: 230):

 “You have quite an imagination, brother.”

TM:

—Qué imaginación te gastas, hermano.

La estructura interna de la frase hecha podría analizarse si tomamos como punto focal el núcleo verbal gastar. Desde un punto de vista cognitivo, asociamos la idea de gastar con derrochar («hay que reducir gastos», «gastó todo lo que le quedaba», «el gasto público no se ha gestionado bien»), hecho que hemos potenciado con el uso de una locución exclamativa que, al igual que ocurre con el original, se encarga de magnificar el núcleo sintagmático imagination. En el TO, quite cumple esa misma función.

Según Cuenca y Hilferty (1999), la metáfora es un mecanismo cognitivo que nos permite entender y formular situaciones complejas mediante el empleo de conceptos más básicos y conocidos (c.f. Johnson 1987 y Lakoff 1987a) y, de hecho, resulta más frecuente en el lenguaje común de lo que podría pensarse en un principio. Sin embargo, también es conveniente distinguir entre las expresiones metafóricas y las metáforas conceptuales. Cuenca y Hilferty (ibid.) definen a las primeras como casos individuales de metáforas conceptuales que son, señalan, esquemas abstractos con los que agrupamos expresiones metafóricas. Dicho de otro modo, podemos expresar una metáfora conceptual base mediante varias expresiones metafóricas. Según Lakoff y Johnson (1980), la estructura interna de las metáforas conceptuales se rige según dos dominios: el dominio origen, que es el que presta sus conceptos, y el dominio destino, que es al que se superponen dichos conceptos. Así pues, la metáfora es un proceso mediante el cual proyectamos uno o varios conceptos del dominio origen sobre un dominio destino. Por ejemplo:

Dominio origen: el fútbol

Dominio destino: la lucha

a) Expresión metafórica:

El equipo visitante ha luchado con uñas y dientes para ganar.

b) Expresión metafórica:

El equipo X se ha vengado del equipo Y en el partido de vuelta.

Metáfora conceptual:

EL FÚTBOL ES UNA LUCHA.

Según Lakoff y Kövecses (1987; también en Lakoff 1987a) dichas proyecciones pueden pertenecer a dos tipos, de los cuales el primero lo forman las proyecciones ontológicas, en las que se establece una analogía entre las subestructuras del dominio origen y el dominio destino, tal y como ocurre en la siguiente metáfora conceptual, TRADUCIR ES NAVEGAR:

a.     la traducción corresponde a navegar.

b.     la persona que traduce un texto corresponde a aquella que navega con un barco.

c.     traducir un texto corresponde a navegar con el barco y

d.     navegar hasta llegar a puerto corresponde a traducir un texto de manera aceptable.

El segundo tipo comprende las correspondencias epistémicas, que no conectan las subestructuras entre los dos dominios, sino que «representan el conocimiento que se importa del dominio origen al dominio destino» (Cuenca y Hilferty, 1999:102). Así que, si volvemos a la metáfora conceptual TRADUCIR ES NAVEGAR, en relación con actividades que en primera instancia no tienen nada en común, y nos detenemos en el rasgo que comparten ambas acciones, podremos deducir que el factor común de ambas radica en trasladar algo de un sitio a otro:

Dominio origen: mediante la traducción trasladamos un texto de una lengua original a otra.

Dominio destino: mediante la navegación trasladamos un barco de un sitio a otro.

Aparte de la metáfora conceptual, Lakoff (1987b) habla de la metáfora de imagen, que consiste en la proyección esquemática de una imagen sobre otra (véase V.O. de Blood Reaver: 214):

Tower-top weapon batteries hurled their payloads into the sky, massive mouths thundering.

TM:

Las baterías de cañones en lo alto de las torres lanzaban sus cargas explosivas al cielo con el tronar de sus inmensas fauces.

El dominio origen es el extremo de los cañones por los que salen los proyectiles (la boca del arma), mientras que el dominio destino es fauces. Así pues, la voz boca, tal y como se usa en la terminología balística, se cimenta sobre la proyección de la forma esquemática de la boca de un ser vivo sobre la imagen del extremo abierto de un arma que escupe proyectiles.

Ahora sí, ¿no?

Y hasta aquí la primera parte. En la siguiente, añadiremos las onomatopeyas a la mezcla. Espero vuestros comentarios.

Fuentes:

CUENCA, MARÍA JOSEP; HILFERTY, JOSEPH. 1999. Introducción a la lingüística cognitiva. Barcelona: Ariel.

DEMBSKI-BOWDEN, AARON. 2011. Blood Reaver. Nottinghham: Black Library Publishing. [Traducción española de Sergio Núñez Cabrera. 2012. Cosechador de sangre. Barcelona: Timun Mas].

JOHN FILLMORE, CHARLES. 1977. «Scenes-and-Frames Semantics». Linguistic Structures Processing. Amsterdam: A. Zampolli,pp. 55-82.

LAKOFF, GEORGE; JOHNSON, MARK. 1980. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

LAKOFF, GEORGE; ZOLTÁN KÖVECSES. 1987. «The cognitive model of anger inherent in American English». En D. Holland y N. Quinn (eds.), Cultural models in language and thought, pp. 195-221.

LAKOFF, GEORGE. 1987a. Women, Fire and Dangerous Things. What Categories Reveal about the Mind. Chicago: University of Chicago Press.

—1987b. «Image Metaphors». Metaphor and Symbolic Activity, pp. 219-222.

Una inauguración/Comienzo de la bitácora/El «síndrome del alumno estrella»

¿Qué te ha pasado, Sergio? Tú antes molabas.

Hace años que no escribo en un espacio de Messenger blog. Recuerdo que cuando lo hacía, las entradas eran mínimamente ingeniosas e inspiradas (por no hablar de la humildad que rezumaban). Ahora, sin embargo, concatenar más de dos oraciones seguidas sin que un autor extranjero me aporte un texto previo sobre el que trabajar me resulta un tanto novedoso, si bien renovador. Recuerdo momentos de elocuencia, de soltura en el manejo verborreico de palabras y construcciones sintácticas. Ahora, no puedo evitar preguntarme cada dos segundos «espera, ¿esto se dice así? ¿no estaré incurriendo en un solecismo sin darme cuenta?». Y es que vivía muy feliz y despreocupado cuando no era más que un estudiante de bachillerato al que todavía le faltaba mucho para dedicarse a trabajar con las palabras.

El conocimiento da seguridad sólo a ratos, parece ser.

Encima, a ese ataque a nuestra zona de comodidad hay que sumarle el hecho de que tener un blog de traducción se ha convertido en una herramienta esencial —muchos dicen que obligatoria—, para conseguir encargos; lo mismo sucede con las redes sociales. Por un lado, esto implica que los traductores advenedizos (adjetivo que no tiene por qué restar profesionalidad ni rigor) contemos con algunas bazas para destacar entre nuestros compañeros, pues si gestionamos bien nuestras entradas y demostramos que sabemos de lo nuestro, aún es posible que un empleador o gestor de proyectos se apiade de nuestras cuentas corrientes. Por otro, y al igual que pasa con las redes sociales, ser el autor de un blog tiene el inconveniente de que si no se sabe gestionar o se comete algún error (ya sea ortográfico, estilístico o incluso idiosincrásico) quedará igualmente reflejado en nuestra rúbrica internetera: la atención que cosechemos será un arma de doble filo que deberemos blandir con presteza, con cuidado de no estornudar y clavárnosla en un pie. A beber zumo de naranja todo el mundo.

«Como habrá visto, he retuiteado su entrada sobre el debate entre Bohr y Einstein. He de decir que lo he encontrado sublime».

Se me ocurre que algo muy parecido a esto ocurre en el universo ficticio de Warhammer 40.000 con los navegantes y astrópatas. Se trata de personas cuyas almas están psíquicamente conectadas a la disformidad (léase «el mundo espiritual»). Esto tiene muchos usos, desde enviar mensajes a otros planetas o sistemas, hasta guiar naves espaciales de un punto a otro por agujeros de gusano, a través de lo que, a todos los efectos, es el Infierno. Es precisamente esa sintonía con ese reino espectral lo que les otorga a estas personas sus capacidades y lo que hace que destaquen en él como un faro entre todas las demás almas. Esto tiene el inconveniente de que con ello también atraen a los demonios que moran en esa dimensión paralela, a los que les encanta poseer y devorar ánimas desprevenidas según les dé (a los demonios, claro está) y estén estas o no de temporada. Afortunadamente, de lo máximo que debemos preocuparnos nosotros es que nuestra imagen quede un poco por los suelos hasta que nos redimamos, ¿verdad? ¿verdad?

«Sí, mira, que me preguntan que dónde has colocado el papel higiénico. ¿Cómo? ¿En la bodega, dices? Es que con tanto infierno psíquico y tanta leche no te oigo».

Volvamos al tema y alejémonos de las frikadas. 

La proliferación de blogs de traducción a lo largo de estos dos últimos años ha provocado que en el entorno haya cierta sensación de hartazgo al respecto. Desde este humilde espacio nos abstendremos de entrar en polémicas y señalaremos que lo verdaderamente importante desde nuestro punto de vista es aportar entradas útiles o mínimamente novedosas, por encima incluso de la frecuencia con que se publiquen (aunque no cabe duda de que es un factor que hay que cuidar en la medida de lo posible). En caso de que no se aporte originalidad, al menos habría que tratar de dar a la entrada un giro de tuerca lo bastante decente como para no caer en el pleonasmo blogosférico. Por esa razón, voy a mojarme (en el buen sentido) e intentar que una buena parte de este espacio tenga como principal objeto resolver problemas de traducción curiosos en los que aportaré soluciones que argumentaré con teorías de la traducción. Se trata de algo que no he visto demasiado en otros blogs, a pesar de que a los traductores sentimos un gran regocijo cuando comentamos nuestras soluciones con los demás, sean colegas de profesión o no. Por supuesto, intentaré por todos los medios de no padecer de lo que a mí me gusta denominar «síndrome del alumno estrella», espécimen muy extendido en el hábitat de las aulas de traducción y aficionado a pisar, con carnívora vehemencia, las propuestas de sus semejantes inferiores (siempre, siempre inferiores) a favor de la propia. Sobre este ser deleznable cabe destacar que su falta de humildad compite con el tamaño de sus dientes cuando ve amenazados sus argumentos, retoños a los que ha mimado con esmero en su cubil. Sin embargo, hasta este predador voraz (de atención por parte del profesor, se entiende) da a luz crías raquíticas de vez en cuando, a las que suele llamar «Porquemesuenabien» y «Porquemesuenamal». Esa prole es justo la que intentaremos no promover en este espacio, por ello, cada razonamiento, solución, propuesta u opción vendrá acompañada de humildad, ganas de compartir otros puntos de vista y aprender.

Con esto doy por inaugurado este blog, a la espera de vuestros comentarios.

Un saludo a todos,

Sergio Núñez Cabrera.

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