La Piedra Translatofal

El blog de traducción de Sergio Núñez Cabrera

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De San Jerónimos berlineses y otros menesteres

Antes de empezar con la entrada, me gustaría felicitar a mis compañeros de profesión por su día. ¡Voy a por los cotillones!

Vamos al meollo. Algunos compañeros de Twitter y LinkedIN se habrán dado cuenta de que desde hace aproximadamente tres semanas he cambiado de profesión, por así decirlo. Ahora soy parte del equipo de los así llamados player experience agents (PX) para la oficina berlinesa de una empresa estadounidense de videojuegos de dispositivos móviles y navegadores llamada Kabam. Si hubiera que buscar una traducción adecuada para el puesto —algo que me interesa enormemente, ya que no soy muy amigo de usar anglicismos para referirme a profesiones—, esta podría ser «miembro del servicio de atención al usuario». A eso habría que añadirle un «localizador» y un «probador de videojuegos ocasional». Y, para ya rematarlo todo y ser aún más fiel a la realidad, podríamos añadir un subtítulo que rezara «todo ello al mismo tiempo, literalmente».

Mi profesión es un ménage à troi, señores.  Eso quiere decir que mientras estoy atendiendo a Lord _Goblindefuego_ del mundo Bedivere 4 porque se ha dejado las tropas defendiendo cuando él quería ocultarlas, tres de mis jefes me mandan traducir sus promociones para «cuanto antes» —hoy fue especialmente intenso a este respecto; claro, sabían que era mi día y quisieron celebrarlo conmigo— y un cuarto se acerca a mi mesa con un Samsung Galaxy SIV (o cualquier otro dispositivo) para que pruebe cierto juego siguiendo el centenar de indicaciones de un archivo en Excel. Como mis queridos lectores habrán podido averiguar, el equipo de PX no tiene mucho tiempo para aburrirse. Y a todo esto, ya llevo un mes en Berlín. ¿Cómo? ¿No lo sabían? Claro, es que el silencio de estos meses se ha debido a un cúmulo de factores:

a)      Falta de inspiración y hastío generalizado. Ya se sabe: «si no tienes nada bueno que decir, no digas nada». Estado de ánimo derivado, principalmente, de la versión laboral del «promete, promete hasta que la mete». Lo que nos lleva a al apartado siguiente.

b)      Prioridades: mejor centrarse en enviar currículos para tener algo concreto —y, si el señor Jerónimo está de mi parte, cobrar la factura—que en actualizar el blog o pasar tanto tiempo en las redes, aunque sea por motivos de trabajo. Sé que cada uno opinará lo que quiera; yo opinaba esto ante la falta de resultados del blog y las redes (muy paradójico, lo sé).

c)       Procesos de selección que requerían la máxima concentración por mi parte a fin de salir por fin del apartado a).

d)      Buscar piso en Berlín una vez conseguido los objetivos del apartado anterior.

—Buf, Sergio, qué coñazo de entrada. ¿No vas a hablar de traducción? ¡Es un blog de traducción!
Sergio hace un mohín y entorna los ojos. Acto seguido, recupera la compostura y hace una profunda y teatral reverencia.
—Por supuesto.

 Cuando el equipo del que formo parte traduce, ha de atender a que el estilo de los textos sea evocador y cumpla con el skopos del texto: a ese respecto gozamos de bastante libertad. Por otro lado, la precisión terminológica y semántica es harto importante, ya que hablamos de promociones en las que, a menudo, hay implicado un gasto de dinero por parte del usuario. Por muy perogrullada que esto pueda parecer en un principio, a veces resulta más fácil decirlo que hacerlo, pues hay ocasiones en que los glosarios no son de mucha ayuda y hay que perder un tiempo precioso preguntando la terminología pertinente a los señores que llevan cada uno de los juegos. Y ya cuando te responden «invéntatelo», pues oye, lo cierto es que entra gustirrinín de agárrate y no te menées. Otro aspecto muy importante de traducir este tipo de textos es la diferencia horaria con respecto al país que hace las veces de fuente principal de textos meta, en este caso, los EE. UU. Teniendo en cuenta que las ofertas tienen un período de vigencia muy definido, es importante no equivocarse con las fechas. Bendito seas, conversor horario.

Por supuesto, esto de inventarse nombres de promociones no es tan sencillo como parece. Por ejemplo, el otro día fue especialmente frustrante, ya que ofertábamos las mejores promociones de regalos del mes. Hasta ahí bien, ¿no? Cuál fue mi sorpresa cuando reparé en que ni una sola de la decena de promociones se había traducido anteriormente al español. Lamentablemente, debido a la restricción de espacio no podíamos añadir notas que explicaran el contenido de las ofertas, con lo que no tuvimos más remedio que dejarlas en inglés. Lo cierto es que me lo tomé como un pequeño fracaso, porque me gusta que el destinatario entienda a qué nos referimos. Eso, sumado al factor tiempo, a la creciente cola de usuarios que debía atender y a las cinco horas de charlas por parte de los superiores de la oficina de San Francisco destruyó por completo mi capacidad creativa para encontrar soluciones. Ahora que lo pienso, lo que podríamos haber hecho habría sido emplear paráfrasis que aludieran a los contenidos de dichas ofertas, pero el número de objetos que se incluye en las promociones es tal, que tampoco creo que hubiera sido viable. Otra opción que se me ocurrió durante el finde («a buenas horas, mangas verdes») fue incluir un enlace a un mensaje del foro en el que se diera más detalles sobre los contenidos de los paquetes promocionales, aunque sería necesario coordinar el asunto con la gestora de contenidos de la versión española del portal. No cabe duda de que la próxima vez lo consultaré: a fin de cuentas, ¡nos interesa que la gente sepa qué premios puede llevarse sin tener que buscar por su cuenta!

En fin, hasta aquí esta pequeña entrada. Podría hablar del cambio personal que representa para mí este giro de 180 grados, o lo que me entristece haber tenido que hacer las maletas para salir adelante, como muchos otros. No obstante, prefiero no detenerme mucho en eso (a fin de cuentas, no creo que interese demasiado) y quedarme con lo bueno: estoy descubriendo un país y cultura nuevos y, oye, tengo trabajo en la industria de los videojuegos ni más ni menos. El plan es superar el período de prueba de seis meses (faltan cinco) y poder seguir comiendo caliente durante unos añitos más, aunque signifique trabajar de nueve a diez horas diarias en la oficina o llevarme trabajo a casa: una vez has sido autónomo, este tipo de situaciones pierde mucho (o todo) dramatismo. Y eso de comer caliente resulta aún más prioritario cuando uno se instala en Alemania.

«Vale, ¿cómo puedo traducir esto de "A stick! It´s a stick!"?»

«Vale, ¿cómo puedo traducir esto de “A stick! It´s a stick!”?»

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One Big Lovely Blog Awads: respuestas y nominaciones

Vaya, vaya ¡qué sorpresa! Elena Fernández Luna (@ElenaTrágora) me ha nominado a los premios One Big Lovely Blog. Muchas gracias, no soy digno. ¿Que en qué consisten estos premios? Citemos a Elena:

Para quien no los conozca, estas nominaciones funcionan así: si te nominan en algún blog (digo yo que te avisarán) tienes que contestar a las preguntas que plantea la persona que te nominó (mis respuestas más abajo). Luego tienes que nominar tú a 11 personas y plantear 11 preguntas más que esas personas pueden contestar en su blog (mis nominaciones y preguntas más abajo). ¡Muy divertido!

Dicho lo cual, ¡empecemos!

1. ¿Por qué ese nombre al blog?

Sencillamente, porque supone un juego de palabras en el que intervienen dos elementos que me encantan: la narrativa fantástica y la traducción. Además, la Piedra Filosofal a la que hace referencia tenía la facultad de transformar los metales en oro ¿y qué es la traducción sino transformar un texto en otro? Siempre se toma un texto ajeno como base. Es posible que en vez de oro te salga papel platino, pero oye, que de transmutar va la cosa. Además, tanto la alquimia como la traducción son cuestiones de equilibrio: se manejan varios factores que han de combinarse en su justa proporción (siempre y cuando queramos obtener buenos resultados, si queremos volar el laboratorio y las plantas anexas del castillo, entonces hagamos traduchurros). Tengo planeada una entrada acerca de esto, por cierto. Otras opciones fueron El grimorio del translatomante (nivel de frikismo: Sheldon Cooper), El taller del lexicoturgo (que no «del léxico turco», ahí habría que preguntarle al gran Rafael Carpintero), Choque de trujamanes, Tormenta de textos, Tropecientas mil hojas de traducciones subfrikinas (dicharachero donde los haya), Yo, traductor (creo que este estaba cogido ya) y muchos más. La Piedra Translatofal es conciso, evoca con precisión aquello a lo que quiero referirme y encima me deja la ropa muy suave y esponjosa.

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

Dibujar. Si bien no queda tan bien como responder «traducir, pues respiro traducción por todos los poros», sí que tiene que ver con una cualidad que me resulta básica en este oficio: la creatividad. Ya sea para formar nuevos términos (algo que me encanta, por si no os habéis dado cuenta) o para darle la vuelta a esa frase que te ha quedado redonda, pero que tienes que acortar cual charcutero lingüístico debido a determinados factores como la restricción de caracteres en un archivo de Excel o en un subtítulo. Como dato curioso, podéis ver el último proyecto en el que me explayé como artista aquí. Ya tiene un par de años, pero bueno. Lo cierto es que ya no dispongo de demasiado tiempo para seguir practicando. La última ilustración que hice fue mi tarjeta de presentación, que además debería actualizar a fin de introducir algo sobre videojuegos y localización (quizá un mando o una consola… ¡o a lo mejor el zombi podría estar jugando a la play!). Sobre el proyecto que comentaba antes, se trata de un juego indie para el que diseñé los dos bandos que se enfrentan en él: humanos y mutantes. En un principio iba a ser una modificación del modo historia del Quake II, pero era demasiado trabajo. Eso sí, todos los nuevos enemigos y personajes que había diseñado están ahí, pululando alegres por la red.

3.  Di tres cosas de tu día a día en el trabajo que te encantan.

En restrospectiva, me encantaba levantarme a las 6.30 de la mañana y empezar a traducir. Era un momento bastante íntimo entre el texto y yo: todo a mi alrededor estaba en silencio y lo único que escuchaba era la voz del autor y de los personajes. Era como editar una película y decidir el ángulo de la cámara, de forma que describiera con la mayor precisión posible la visión del autor original. Y sonará masoquista, pero también me apasiona el trabajo duro, y traducir novelas de narrativa fantástica y ciencia ficción lo es; creo, sinceramente, que me vale para demostrarme a mí mismo que soy capaz de organizarme. Y, por supuesto, cuando sabes en tu interior que has dado en el clavo con una frase o un término, ya sea real o inventado.

4.  Ahora di una que no soportas.

Que no me da mucho tiempo para entrenar, leer, dibujar o jugar a videojuegos.

5. ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

De hecho, me cuesta, en presente de indicativo. Algo positivo que me llevo de ser traductor autónomo es que me ha servido para tener más ambición e iniciativa, cualidades que siempre había querido cultivar.

Bueno, sobre el porqué, supongo que es un cúmulo de factores: en la carrera nunca nos enseñaron a conseguir clientes ni fidelizarlos; acabas la licenciatura y la sensación que te asalta es que ¡sorpresa! eres el mensajero persa de 300 y el rey Leónidas está a punto de pegarte un patadón para tirarte al pozo. ¡Si yo quiero ser espartano! En realidad, supongo que ya soy un poco espartano, pues hay que lancear, empalar, desjarretar, cercenar y mutilar largo y tendido para abrirse camino en esto. Hay días en que el ejército persa parece que no acaba nunca; hay otros en que tienes la sensación de haber cosechado una victoria decisiva. Lo peor son los cambios de humor: no puedes evitar pensar que pasas por alto algo básico de lo que te darás cuenta dentro de unos cuantos meses, cuando ahora podrías sacar provecho de la situación. Luego te llegan noticias de otros frentes en los que la guerra va de maravilla y te dices a ti mismo «¡si ellos pueden, yo también!». Dejando de lado la referencia (imagino que cansina a estas alturas) a 300, el principal factor es que he perdido mucho tiempo en enviarles el currículo y la carta de presentación (a veces incluso la ilustración de mi tarjeta de visita, si veía que pegaba con el cliente) a editoriales, ¡no contestan ni a la de tres! Pero claro, ¿qué iba a saber yo? A fin de cuentas, tengo dos novelas publicadas, lo cual ya es algo de experiencia. Por eso he querido hacer los cursos de localización de videojuegos con Trágora, porque creo que en la localización hay más salidas (además, los videjuegos siempre me han gustado y he descubierto que localizar me entusiasma). Por no mencionar que ahora muchos juegos miman mucho la narrativa, así que siempre puedo satisfacer mis anhelos de traducción literaria. Casi todas las (pocas) empresas de localización a las que se lo he enviado me han contestado, aunque sea para decirme que me tienen en su base de datos. Echo mucho en falta una actitud así en las editoriales. Obviamente, lo ideal sería compaginar ambas actividades. Eso me haría inmensamente feliz.

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

Que no pierda el tiempo y diversifique. Que se tome buscar clientes como un trabajo de ocho horas. Que tenga sentido común. Que siga formándose siempre que le sea posible. Que cuando se haga autónomo se dé de alta en el ROI. Que empiece a mandar currículos incluso antes de acabar y que, si no responden, vuelva a enviarlos pasados cinco o seis meses. Que se vaya haciendo visible en internet, aunque sea a través de LinkedIn. Que valore todos los días el amor que le profesan los que están a su alrededor, porque en más de una ocasión será lo que termine por sacarle de las bajonas. Que tenga iniciativa y no se conforme con poco. Que demuestre siempre lo que vale, en donde, como y cuando sea. Incluso que se busque otro trabajo que le permita sobrevivir mientras sigue encontrando clientes potenciales de traducción. En Canarias tenemos un 70% de paro juvenil, así que sé que es más fácil decirlo que hacerlo.

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

A los pocos profesionales de la traducción literaria que tengo el gusto de conocer no puedo darles ningún consejo, en todo caso, son ellos los que deberían dármelos a mí. Todos demuestran ser profesionales ejemplares; muy cercanos, dispuestos a ayudar y, sobre todo, humildes. Esta última me parece una de las cualidades más grandes de un traductor y considero que debería hacerse más hincapié en ella en la carrera: del mismo modo que a los estudiantes de medicina les dicen desde el primer día que van a ser la élite (o «elite», como gustes) de la sociedad, a los traductores deberían inculcarnos que, visto lo visto a lo largo de la historia, la traducción va por modas, así que no hay verdades absolutas; «todo cambia, nada permanece» y tal y cual. Por supuesto, estos cambios se dan a lo largo de mucho tiempo, pero en términos prácticos nos puede hacer ver que hay cabida para muchos puntos de vista. Por lo tanto, aprendamos a ser humildes en las inevitables puestas en común y no nos creamos mejor que nadie. Y como me gusta predicar con el ejemplo, no considero estar en posición de dar consejos profesionales. En lo personal no entro, porque cada cual es un mundo y en la variedad está el gusto.

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

Saben que es duro, tanto al ejercerlo como al buscarlo. Desde aquí aprovecho para darles las gracias por apoyarme.

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces? :O

Buscar trabajo, a todas horas. Diría «leer», pero, por mucho que me duela admitirlo, sería faltar a la verdad: tengo La chica mecánica aparcado desde hace meses principalmente por falta de tiempo, pero quiero acabarlo porque la traducción es de Manuel de los Reyes y estoy tomando notas; otra manera de aprender. También diría «dibujar», pero sería otro tanto de lo mismo. Lo que sí que intento hacer por todos los medios es entrenar: es necesario para no acabar con espina bífida al estar tantas horas sentado. Eso sí, me gustaría entrenar CrossFit con mis hermanos más a menudo. Por último, los fines de semana paso tiempo con mi novia, quien tiene la paciencia de una santa y me ayuda a desconectar.

10. ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

Buena pregunta. Me gusta pensar que miraré atrás y recordaré estos tiempos con la sonrisa que reporta un mínimo sentimiento de seguridad. Y también que habré disfrutado de la vida de una vez, pues me he privado de muchísimas cosas por pagarme la carrera, el máster y demás obligaciones, entre las que se cuenta perseguir mi sueño de ganarme la vida con la traducción. Espero haber viajado a los sitios que me gustaría visitar, haberme realizado profesionalmente, aportar algo de valor al gremio y, sencillamente, ser feliz.

11. Para quien esté pensando en crear su propio blog, ¿qué le dirías?

Si es traductor y el blog es profesional, que hable de traducción y que al menos intente darle su toque personal. Parece algo de perogrullo, pero no lo es.

Bueno, pues hasta aquí mis respuestas. Ahora es cuando toca nominar. He intentado buscar gente a la que admiro, que me cae estupendamente, que aún no ha sido nominada o que cumpla todos esos requisitos a la vez. Hay otros profesionales, como Juan Pascual Martínez, a los que me gustaría enviarle estas preguntas, pero que supongo que quedan descartados al no tener blog.

http://reyesytruenos.blogspot.com.es/ de Manuel de los Reyes.

http://rafaelcarpinterotraductor.wordpress.com/ de Rafael Carpintero.

http://frikilinguismo.blogspot.com.es/ de Inés Alcolea Llopis.

http://squallido.wordpress.com/ de David Tejera Expósito (¡pío, pío!).

http://donlocalizoteytradupanza.blogspot.com.es/ de Jeffrey Collado.

http://paratraduccion.com/rmendez/ de Ramón Méndez.

http://www.lavadoradetextos.com/author/lavadora-de-textos/ de Ramón Alemán.

http://elfindeladiversion.blogspot.com.es/ de Javier Pérez Alarcón.

http://bernawang.wordpress.com/ de Berna Wang.

http://raulgarciacampos.blogspot.com.es/ de Raúl García Campos.

http://construyendotraducciones.wordpress.com/ de Ana Ayala.

Y mis preguntas:

1. ¿Por qué ese nombre para el blog?

2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?

3.  Di tres cosas que te encantan de tu día a día en el trabajo.

4.  Ahora di una que no soportas.

5.  ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?

6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

7. ¿Y a un profesional de tu sector?

8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?

9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces?

10. ¿Visible o invisible?

11. ¿Qué cambiarías del mundo de la traducción?

De nuevo le doy las gracias a Elena por pensar en mí. ¡Si es que te mereces todo lo mejor!

Mi presentación en las V JOL de la ULPGC

La semana pasada tuve el placer de participar en las V Jornadas de Orientación Laboral de la ULPGC. Lo cierto es que me sorprendió sobremanera que contaran conmigo, porque considero que hay ponentes mucho mejor preparados que yo. A decir verdad, abordé la tarea con sentimientos enfrentados, pues, por un lado, es todo un halago y un honor que cuenten con uno para este tipo de certámenes y, por otro, me siento demasiado «poquita cosa» como para plantarme delante de un grupo de alumnos y ponerme a darles consejos como si fuera un Manuel de los Reyes o una Curri Barceló. ¡Si yo acabo de llegar, como quien dice! Además, soy consciente de que el Eneti 2013 aún está muy presente en la memoria de los asistentes, así que esta entrada no es tanto un «¡Oye, oye, que yo también molo!» sino un «Eh, mirad lo que he hecho» muy humilde.

Al final me remití al famoso adagio que reza algo parecido a que las mejores ideas son las más sencillas, por lo que me limité a ser humilde y a contentarme con relatarle al público mi experiencia. Como iba a participar en la mesa redonda dedicada a los posgrados y había sido el equipo de profesores del Máster en Traducción Profesional y Mediación Intercultural de la ULPGC el que me había invitado, consideré más que oportuno incluir mi experiencia en dicho posgrado. Por último, dedicaría una pequeña parte de la ponencia a compartir con los asistentes mi escaso saber sobre esto de ser un vástago de Hermes 2.0 (2.0 el vástago, no la divinidad; por ser pomposo me ha salido un nombre que bien podría ser el de una herramienta CAT).

Como a un servidor le hacía ilusión exponer en el mismo sitio que acogió hace tantos años a Xosé Castro (fue una charla suya la que me terminó por convencer de que lo mío era traducir, inspiración por la que siempre le estaré agradecido), decidí poner toda la carne en el asador y preparar mi presentación no con Power Point, sino con Prezi, pues había visto los resultados y quería imbuirle un poco de estilo a mi intervención. Así pues, comencé a trastear con el programa y, tras una curva de aprendizaje un poco empinada (la culpa la tengo yo, que conste; una vez practicas un par de conceptos básicos es coser y cantar), creé la presentación, que podéis ver más abajo:

Cuando acabé, descubrí que mis amigos y mi chica me habían sacado fotos e improvisado un vídeo con un Samsung Galaxy Mini, por lo que ahí van una serie de advertencias:

  1. No se pongan los cascos. De vez en cuando, el público y la cámara (hablo de la agente, no del objeto) se ríen y producen una onda acústica revientatímpanos. Lo mismo sucede con los breves aplausos del final.
  2. Como he dicho antes, el vídeo es una improvisación: se suponía que los únicos documentos gráficos serían las fotos. No se asusten por el pulso tipo Monstruoso (nunca me gustó que tradujeran Cloverfield así, pero sobre gustos…) de la cámara (sí, la agente) ni por la calidad. Además, el vídeo termina de forma abrupta. Habrá que esperarse al DVD (duvedé) con los extras y las escenas eliminadas.
  3. He subtitulado el vídeo. Por supuesto, me he permitido el lujo de adornar mi discurso para que se entienda mejor y como aliciente para que no se pongan los cascos. Si no aparecen los subtítulos, actívenlos en el botoncito con las dos «c», en la esquina inferior derecha del reproductor.
  4. Sólo tenía alrededor de diez minutos para exponer, por lo tanto, tuve que tocar los conceptos muy por encima.

Sin más dilación, la peli de miedo:

Esto me ha servido para darme cuenta de debilidades que tengo que mejorar en cuanto a mis dotes como orador.

  1. Hago muchas pausas. Con razón había gente en la carrera que me decía que le transmitía tranquilidad, ¡no me extraña! Parece que voy en primera (marcha, no clase).
  2. Por extraño que parezca, paso del «ustedes» al «vosotros» a mitad de presentación. Con razón hay quien me pregunta si soy peninsular o alemán o inglés o francés o «ciudadano europeo» (true story).
  3. Uso muletillas y carezco de fluidez.

Sin embargo, no todo va a ser malo. Creo que estos han sido mis puntos fuertes:

  1. A mitad de vídeo me solté y dejé caer un par de chascarrillos. El público lo agradeció.
  2. No usé el infame on line para referirme a los cursos en línea.
  3. Con el tiempo del que dispuse y la falta de práctica, creo que toqué varios temas útiles para los asistentes.
  4. No es lo mismo presentar en un salón de actos que en una clase. Sin embargo, creo que copé bastante bien con ello; nunca me he puesto nervioso cuando he tenido que exponer.

Lo cierto es que tanto el público como el profesorado me felicitó por la minicharla y parece que hubo gente que «se quedó con mi nombre». Por lo que me contaron, los alumnos salieron inspirados y, en realidad, yo mismo salí con las pilas cargadas. Fue muy terapéutico.

De todos modos, prefiero pecar de ser demasiado crítico conmigo mismo. Seguro que la siguiente sale mejor.

En cuanto me pasen las fotos las colgaré. Mi amigo me ha dicho que tiene que retocarlas.

Espero que me ponga muchos abdominales.

Dieta para cerebros hambrientos

¡DAME DE COMERRRRR!

-Audrey, planta carnívora sobredimensionada

Me encanta «La pequeña tienda de los horrores»; era una de mis películas favoritas de pequeño. A veces me siento identificado con el protagonista de «Sigue soñando», que vio tanta televisión de niño que cada vez que le ocurría algo lo relacionaba con una escena o frase célebre de un programa de televisión o film. Pues aquí pasa lo mismo. Mi cerebro, cuando tiene hambre, adopta la voz de Miguel Ángel Jenner, el actor que dobla a Samuel L. Jackson, y me grita la frasecita de más arriba. Y contesto «Sí, mi Khan» (otra referencia) y procedo a satisfacer los deseos del insaciable dios que mora dentro de esa maraca que tengo por cavidad craneal. Pero hay ocasiones en las que ese dios que provee está más hambriento que nunca y nos exige un sacrificio para que lo aplaquemos:

Te acaban de dar un encargo muy voluminoso a la par que enjundioso que tienes que entregar, a lo sumo, dentro de un par de meses (con sus revisiones previas y pertinentes, claro está) y decides remangarte y «ponerte al tajo, digooo al trabajo», como John Hammond. Necesitas estar al cien por cien. Necesitas nutrirte como es debido. He aquí unos pocos consejos:

El desayuno: la comida más importante del día, la llaman, y no sin razón; son las primeras reservas energéticas que suministramos al cuerpo y, teniendo en cuenta que la nuestra es una actividad que exige mucho rendimiento por parte del cerebro, debería ser lo más nutritivo posible. Ahora bien, ¿cómo enfocarlo?

En mi caso, desayunaba dos veces; el primer turno nada más levantarme, a eso de las 6.30, y el segundo, a media mañana, sobre las 10.00 o las 11.00. Sin embargo, como me di cuenta que conforme pasaba la semana había días en los que no rendía tanto por el agotamiento, invertía las cantidades de cada turno: los días que estaba «fresco», el primer turno lo hacía más ligero que el segundo. Y los días en que me levantaba como si me hubieran pegado una paliza, invertía el aporte nutricional. Un ejemplo:

Es lunes. Me levanto de un salto de la cama, dándole vueltas a cómo puedo transformar esa palabra compuesta en una sola lo bastante creativa y descriptiva, al tiempo que me dirijo a la cocina. Abro la nevera y cojo dos piezas de fruta de entre una selección de plátanos, manzanas y naranjas y a estas les sumo un yogur natural que voy a aderezar con miel y muesli (que ni fundéu ni el DRAE recogen en sus bases de datos). Desglosemos:

El plátano es rico en hidratos de carbono, esos troncos de madera que echamos a la caldera que es el metabolismo y sin los cuales no podríamos funcionar, pese a que muchos productos esgriman el argumento falaz de «bajo en hidratos de carbono = no engorda». Lo que engorda es no quemar esa energía que le damos al organismo. Lo mejor de todo es que el plátano, aparte de estimular la mente debido a su contenido en fósforo y vitamina C, debido a su riqueza en potasio ayuda contra la retención de líquidos al contrarrestar los niveles de sodio (necesario en cantidades normales, por otro lado), lo que a todos los efectos lo convierte en un complemento ideal para las dietas de adelgazamiento. Por si fuera poco, mejora la circulación, algo que como animales un tanto sedentarios que somos, se agradece bastante.

Por su parte, la naranja también tiene niveles más que aceptables de fósforo (bueno), potasio (bueh, es necesario) y sodio (necesario también, aunque lo hemos contrarrestado con el plátano). Su mayor baza nutricional es su alto contenido en vitamina C y A. Además, sólo tiene un 5% de azúcar.

La manzana tiene muchas propiedades, entre las que destacan su capacidad diurética, su alto contenido en fibra, vitamina A y pectina (combate la diabetes). Además, ayuda a quemar grasa.

El yogur natural contiene más proteína y calcio que un vaso de leche y encima tiene menos índices de sodio, aunque suele depender de la marca que compremos, claro está. Contiene índices bajos de grasas saturadas, colesterol y lactosa, lo que a los intolerantes a este hidrato de carbono les beneficia al poder aportar a sus organismos los beneficios de la leche sin tener que robarle a Cleopatra nada de la piscina. También es un alimento probiótico, que, para que nos hagamos una idea, hace de él una nave de desembarco en la que unos pequeños «soldadocilos» se despliegan en el intestino y se atrincheran en la flora intestinal para resistir el asedio del E. coli y otras bacterias no tan afables.

La miel es el tipo de azúcar más saludable que puede tomarse, ya que posee muchas vitaminas y supone un chute energético que va directo al cerebro. El muesli también es rico en vitaminas, del grupo B (ideal contra migrañas y beneficiosas para los ojos), sobre todo, pero además aporta cantidades ingentes de proteínas, hierro y fibra.
Lo dicho, un primer desayuno ligero, pero extremadamente nutritivo.

El segundo, a eso de las 11.00, es un poco más contundente: consiste en un vaso (más bien tazón) de leche con cacao, cereales y un sándwich integral de mantequilla de cacahuete (maní) y mermelada, que por asqueroso que suene, está bien rico y aporta una cantidad de nutrientes ideal para reponer todo lo que hemos gastado por la mañana.

¿Cómo? ¿Me dices que tú no traduces, sino que interpretas? Bueno, pues si combinas cualquiera de estos dos desayunos con un puñado de frutos secos (avellanas, nueces y almendras, todas ellas naturales, sin sal) justo antes de la interpretación, le darás unas reservas de energía a tu cerebro que te durarán bastante. De hecho, puedes llevarte una bolsita e ir comiendo de ahí durante los descansos (recomiendo que también lleves agua, claro, porque secan la boca bastante). Verás que el bajón energético no es tan acusado. Esto se explica debido a su altísimo contenido en vitaminas del grupo B, que ayudan a paliar la fatiga, el estrés y el síndrome premenstrual («y ya si los comes con chocolate ni te cuento», pensaréis) y por muchas otras cualidades sobre las que puedes leer aquí. Cabe destacar que ácido Omega 3 ayuda en las funciones cognitivas del cerebro, tanto en la memoria como en el rendimiento y, como colofón, reduce los triglicéridos (grasas malas).

Todo un aliado de nuestra profesión.

Ahora bien, a mitad de semana suelo sufrir un bajón. Esto lo suelo contrarrestar invirtiendo el orden de los desayunos; necesito más energía de entrada que luego puedo reponer con el desayuno más ligero. Suele funcionar.

El almuerzo: he notado que lo que me despierta de verdad es una «macroensalada» con tomate, escarola, lechuga, zanahoria, maíz dulce («millo», por estos lares), atún, piña y aceite de oliva. El aguacate también contiene mucho Omega 3, así que conviene tenerlo presente, aunque por aquí está tan caro que lo suelo reservar para esos días bobos en los que no doy pie con bola.

Ahora bien, una ensalada en invierno como que no apetece tanto. Si queremos aportar carbohidratos y recuperar energía, nada como un buen potaje, ya sea de lentejas, judías, verduras, berros… Con una comida así nunca te vas a equivocar, porque las legumbres aportan cantidades enormes de proteínas, carbohidratos (recordemos que son necesarios), vitaminas, minerales, fibra y, encima, apenas contienen azúcares.

Tampoco podemos olvidarnos de la carne, gran fuente de proteínas.

Las sardinas regulan el colesterol y contienen ácidos grasos insaturados, cuyos beneficios ya hemos repasado.

Con la pasta hay que tener algo de cuidado. Es cierto que aporta muchos hidratos que van directos al cerebro, pero también es verdad que el bajón que da luego si no la gastamos en seguida puede ser contraproducente. Lo mejor es comerla con moderación o combinada en una ensalada.

La merienda: podemos probar con una pieza de fruta, un yogur o una compota (si les añadimos miel y frutos secos, mejor todavía). El té viene muy bien para ponernos las pilas y seguir trabajando.

La cena: aquí depende de nuestros hábitos. Si trabajamos mejor de noche o la fecha de entrega se cierne inexorablemente sobre nosotros y tenemos que entregar el encargo cuanto antes, entonces a lo mejor sí nos conviene cenar un poco más fuerte de lo habitual. Yo suelo cenar lo que desayuno; hay gente que cena «comida de plato». Sin embargo, lo cierto es que la cena debería ser la comida más ligera; quizá podrían combinarse dos tentempiés.

Para no extenderme demasiado, voy a dejarlo aquí. Lo cierto es que hay miles de combinaciones posibles y que me he dejado mucho en el tintero, pero tampoco quiero aburrir ni escribir la Biblia. Espero que hayáis aprendido algo y que os sirva de ayuda.

¡Buen provecho!

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